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El Hermosillo de bulevares iluminados y estructuras de acero que se alzan imponentes apuntando al cielo de una ciudad en crecimiento, tiene su correlato en los cinturones de pobreza, en colonias de calles terregosas y casitas levantadas con lo que sea: maderos, láminas, lonas como techo, cartones por paredes.

Barrios  oscuros con niños de pies de tierra, jóvenes mujeres con dos o tres crías y otra en el vientre; muchachos con la esperanza cortada con el filo de la falta de oportunidades cuando no del alcohol y las drogas; ancianos en el límite de la indigencia y el desamparo.

Territorio sombrío a donde casi no llega la mirada de los gobiernos. Donde no se ha podido terminar de articular programas que vayan a la raíz de los problemas, resolviendo esas necesidades básicas, inimaginables desde la comodidad de los sueños de aire acondicionado en la que muchos solemos quejarnos por cosas que son nada, frente a la realidad que se vive bajo los techos de cartón y sobre el ardiente piso de tierra donde se carece a veces de los servicios públicos más elementales.

Las Peredas tiene ese paisaje. En el sur de la ciudad se erigió ese asentamiento urbano bajo el gastado esquema de la invasión de terrenos. Miles de familias han levantado desde entonces allí sus viviendas, paupérrimas en su mayoría.

No es casualidad que en esa colonia haya comenzado el programa EnCausa, acaso el primero que, desde el Ayuntamiento y certificado por organismos internacionales, plantea un esquema que va más allá de paternalismo gubernamental, buscando integrar a la vida productiva y la generación de ingresos propios a cientos de personas, a partir de la educación, la capacitación para el trabajo y el impulso al primer empleo, la primera empresa familiar.

No es casual tampoco, que el gobierno estatal haya puesto la mira en ese sector para llevar allá uno de los programas más nobles de la actual administración: los “Cuartos rosa” y acciones para ampliar y construir viviendas dignas a bajo costo. No son un regalo del gobierno, sino una puerta para acceder a oportunidades que de otro modo estarían clausuradas para esas familias de bajísimos ingresos.

Es posible que en el mundo de la guerrilla de teclado, donde las quejas y lamentaciones tienen que ver con las fallas en servicios de cable o internet; lo caro de la gasolina (y la negativa a usar transporte alternativo); el bache en su calle de concreto hidráulico o una lámpara led apagada, no aparezca ni de chiste el rostro de la abuela estrenando un cuarto de material, abandonando el tejabán oscuro donde se hacinaban tres o cuatro integrantes más de su familia.

Es posible que las alegrías de la clase media y alta no tengan nada que ver con la felicidad en aquellas franjas de pobreza donde acciones como esta representan la diferencia entre una larga vida entre tablajones y láminas, sobre el piso de tierra, expuestos a toda clase de males, y la posibilidad de condiciones dignas para seguir viviendo.

Nada más en Hermosillo, se han entregado mil 510 “Cuartos rosa”, con una inversión de 80 millones de pesos, subsidiados entre los gobiernos federal, estatal y municipales, y con un costo mínimo para las beneficiarias. Porque todos han sido entregados a mujeres, madres de familia y personas de la tercera edad o en situación vulnerable.

Se entiende entonces el recibimiento que tuvo ayer en Las Peredas la gobernadora Claudia Pavlovich, y la operadora principal de este programa, Elly Sallard; el director de Infonavit, Roberto Sánchez Cerezo; el secretario de Desarrollo Social, Rogelio Díaz Brown y el resto de la comitiva que estuvieron por aquellos rumbos para entregar, además de esos “Cuartos rosa”; implementos para el mejoramiento y acondicionamiento de viviendas.

También se anunció la construcción de otras 77 unidades básicas de vivienda en Hermosillo (que son casas de dos recámaras, sala-comedor, cocina y baño), así como otras acciones para la zona rural y municipios de la sierra y el Río Sonora.

Nomás como apunte, Las Peredas es una invasión promovida por lideresas del PAN, y donde este partido tenía un importante semillero de votos, a pesar de que por años mantuvieron la colonia en condiciones de precariedad terribles.

II

Y en temas más alegres, nos reportan al dirigente estatal del PRI, Gilberto Gutiérrez Sánchez dando brincos de contento por todo el Parque Madero, feliz por el sonido de la caja registradora que se ha dejado oír por estos días, producto de la romería de funcionarios de gobierno, diputados y militantes con aspiraciones político-electorales para 2018, que forman largas filas frente a la ventanilla de la secretaría de Finanzas, para actualizar el pago de sus cuotas al partido.

Y es que, como bien saben todos ellos (y ellas), uno  de los requisitos para registrarse por alguna candidatura es tener cubiertos todos sus pagos, de manera que ahorita ya no hallan qué hacer en el edificio de Kennedy y Colosio para atender a tantos y tantas que llegan como si fueran a la carrera de El Relámpago y El Moro, con cheques, billetes y pesos para ponerse al corriente.

Eso es lo que nos reportan.

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