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El Zancudo

Congreso: un flashback a los ‘90

En el Congreso del Estado, flashback a los 90. El fantasma de Gilberto Otero Valenzuela parece rondar luciendo aquella socarrona sonrisa con la que solía aparecer cada vez que la aplanadora priista le pasaba por encima a una bancada azul diezmada y dividida: “Ya nos volvieron a minoritear”, ironizaba.

 

 

La diferencia es que en aquellos años, había panistas con autoridad moral y la voz completa para ganar los debates, aunque perdieran las votaciones. 

 

Después del padrecismo rampante al que invariablemente pertenecieron todos los diputados blanquiazules de la actual legislatura, la sombra de su caudillo les pesa demasiado; su condición de reo los desarma, el tropel de ex funcionarios huyendo de la justicia los descalifica.

 

El discurso sobre honestidad, transparencia, máxima publicidad, rendición de cuentas, ciudadanización de las políticas públicas está en boga. Vende, cosecharía aplausos y uno que otro grito desde las gradas. Pero si es Javier Dañino quien lo emite, todo se convierte en un mal chiste. En intercambios de miradas escépticas, sonrisas irónicas y francas carcajadas.

 

Finalmente llegó el día en que los diputados habrían de votar sobre el tema que estuvo en la agenda pública durante toda la semana: los nuevos titulares de la Fiscalía Especial Anticorrupción y la de Delitos Electorales. 

 

Había muchos otros puntos en el orden del día, pero la atención estaba centrada en esos dictámenes, aprobados en la víspera por las comisiones Unidas Anticorrupción y de Vigilancia del ISAF, de donde se levantaron los panistas exigiendo que se repusiera el procedimiento, pues no estuvieron de acuerdo con las ternas propuestas por el Comité Ciudadano (que ellos mismos eligieron, y en el que aparecen no pocos correligionarios suyos).

 

Los panistas llegaron a la sesión arrastrando la cobija. Diezmados, ya ni siquiera pueden aspirar a romper el quórum para reventar la sesión, pues ellos mismos aprobaron hace poco un acuerdo para que la legislatura pudiera sesionar con el 50 por ciento más uno de sus integrantes. 

 

Al iniciar la legislatura, los blanquiazules llegaron con 13 diputados, suficientes para impedir la mayoría calificada que se requería para instalar la sesión. Pero apenas iniciada su gestión, en diciembre de 2015 rompieron lanzas con cuatro de los suyos, que aprobaron el paquete presupuestal del gobierno del estado. A ellos, 3 mujeres y un varón, el diputado Dañino los llamó “las llantas ponchadas”. Se quedaron sólo con nueve. 

 

En el camino, ‘perdonaron’ a dos de ellas: Sandra Hernández y Lissette López. Pero ayer la primera votó junto a los priistas y sus aliados en esta coyuntura. Además, en la sesión tuvieron otra baja: el ex coordinador parlamentario, Moisés Gómez Reyna no asistió. Justificó su ausencia por un problema de salud de unas de sus hijas.

 

En esas condiciones, con sólo nueve votos para sí, y con la presión desde su dirigencia partidista, la bancada del PAN no tenía nada qué hacer, salvo radicalizar un discurso que ponderaba la honestidad, la transparencia, la democracia, la tolerancia, la consulta popular y todas esas categorías conceptuales que en el pasado muy reciente les sirvieron como papel sanitario.

 

Si Javier Dañino pasó a tribuna a leer un posicionamiento en el que intercaló todos esos conceptos, el presidente de la Comisión Anticorrupción, David Palafox le reviró con un rápido recuento: venta de niños, atraco en la transformación educativa y los uniformes escolares; hieleras con millones de pesos en efectivo, desfalco al Isssteson, las presas y los ranchos de Guillermo Padrés hoy en la cárcel por delincuencia organizada y lavado de dinero; decenas de ex funcionarios forrados de amparos y otros tantos huyendo de la ley, con sendas órdenes de aprehensión encima.

 

La posición de los padrecistas, irreductible: no querían que Odracir Espinoza siga al frente de la Fiscalía Anticorrupción, ni que Pedro Pablo Chirinos se haga cargo de la Fiscalía de Delitos Electorales.

 

Es natural. Odracir es el hombre que más conocimiento tiene de los expedientes que involucran a todos los indiciados del padrecismo en actos de corrupción, y Chirinos… bueno Chirinos era uno de los suyos y les conoce de arriba abajo todas las malas mañas mapacheriles. Con el agregado de que en esa rueda de la fortuna que es la política, lo bajaron de fea manera, y ahora está arriba.

 

Célida López también tomó la tribuna para defender su causa. Un discurso mejor articulado y que sería hasta convincente, si no fuera porque lo dijo ella. 

 

Se defendió bien. Habló de que el pasado no son sólo los seis años anteriores. Dijo que si tenían que ofrecer disculpas por conductas indebidas de los funcionarios del padrecismo, lo hacían. Pero recordó que el pasado es el de generaciones enteras que vivieron bajo gobiernos priistas, caracterizados también por la opacidad, la corrupción, la no rendición de cuentas, la persecución política…

 

Y no le falta razón a la diputada, pero de nuevo en cada paso se pisa su propia cola.

 

Finalmente se procedió a la votación y pasó lo que tenía que pasar. Se eligió a Odracir Espinoza y a Pedro Pablo Chirinos como fiscales especiales Anticorrupción y de Delitos Electorales, respectivamente. 

 

Vale precisar que el procedimiento de las ternas del Comité Ciudadano fue sólo por esta vez, pero queda abierta la posibilidad de que el Fiscal General, Rodolfo Montes de Oca Mena pueda removerlos de sus cargos y nombrar a otros. Esto fue un acuerdo tomado por unanimidad desde noviembre del año pasado.

 

En su argumentación para votar en contra de los nuevos fiscales, los padrecistas se apoyaron en solicitudes de la AC Sonora Ciudadana, Coparmex y Observatorio Ciudadano, que habían hecho pública su inconformidad, solicitando la reposición del procedimiento. 

 

La respuesta fue que el Comité Ciudadano que propuso las ternas está compuesto por 28 organismos y miembros de la sociedad civil cuya representatividad fue validada en su momento por quienes ahora desconocían en los hechos, sus propuestas.

 

En la sesión también se nombró a Jesús Ramón Moya Grijalva como nuevo titular del Instituto Superior de Auditoría Fiscal, y también los padrecistas votaron en contra. 

 

Antes rindieron protesta ante el pleno, como magistradas de la Nueva Sala Especializada  del Tribunal de Justicia Administrativa, a propuesta de la titular del Ejecutivo, las ciudadanas Rosa Mireya Félix López, Marisol Cota Cajigas y el ciudadano Ricardo García Sánchez.

 

En el Congreso, pues, flashback a los 90, con la aplanadora tricolor pasando por encima de los blanquiazules. Con el agregado de que esta vez, la oposición panista ya no es aquella que tenía la autoridad moral y la voz completa para ganar los debates, aunque perdiera las votaciones. Ahora pierde debates y votaciones al mismo tiempo.

 

Ahora ese panismo trae encima la pesada lápida del padrecismo; la experiencia de haber sido gobierno y, en lugar de aprovechar la oportunidad histórica de probar que la alternancia era el mejor antídoto contra los 80 años de corrupción priista, se esmeraron en comprimir esas ocho décadas en un solo sexenio, corrigiendo y mejorando las peores prácticas de gobierno que los tienen ahora así, diezmados, divididos, enfrentados y con un discurso que son sólo escupitajos al cielo que caen sobre sus propias caras. Lástima… 

 

Y para darles la puntilla, quién lo dijera, llega Gilberto Gutiérrez Sánchez, dirigente estatal del PRI y entre otras cosas les dice que reconoce las altas calificaciones éticas de militantes de otros partidos y su gran valor ciudadano, en alusión a los integrantes del Comité Ciudadano que elaboró las ternas.

 

“No necesitamos ir a Veracruz, Quintana Roo o Chihuahua para ver los efectos de la corrupción, la impunidad y la ilegalidad como conducta. Lo vivimos seis años con Guillermo Padrés y su gobierno. Se trata de que no vuelva a suceder”.

 

Lo anterior en un posicionamiento donde establece que al descalificar el proceso para nombrar fiscales, los panistas parecen pretender que la ley no se aplique, lo que los pone una vez más, del lado de la impunidad.

 

Duro y a la cabeza.

 

 

Colofón

 

Y como telón de fondo, la renuncia de Ernesto Munró Palacio, acaso uno de los más representativos pilares del panismo sonorense, increpado y tildado de loco por un yuppie neopanista de nombre Greco David Duarte, a saber, secretario de Fortalecimiento del PAN estatal, que se quiso pasar de rosca con el rocaportense, que desde luego no está manco y rápidamente le reviró diciéndole que sostuviera sus afirmaciones frente a frente, y no con las indirectitas mamonas que abundan en redes sociales. (no le dijo así, literalmente, pero así lo interpreté yo).

 

Desde luego, al joven Greco (que se llama como el perro de mi casa) le llovieron mandarriazos y de volada pegó la reculada. Cosas que vemos en estos días, cuando renuncias como la de Neto Munro abrirá otro boquete al PAN…

 

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