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El Zancudo

Urge politizar el tema de la seguridad pública

 

Siempre me ha resultado de lo más cómica esa recurrencia obsesiva de la clase política a renegar de sí misma y de lo que hace.

 

Frente a temas de lo más diverso, y como una fórmula que suponen genial para eludir la gravedad de los hechos, las verdaderas causas de los mismos, o como un recurso para prolongar indefinidamente el debate mientras buscan la manera de eludir responsabilidades, suelen aparecer frases como “están politizando el tema”. O llamado a “no politizar el tema”.

 

Uno supondría entonces que ‘politizar’ es sinónimo de trivializar, de satanizar; una manera de aludir a prácticas deshonestas y oportunistas para desprestigiar, desacreditar, hacer leña de árboles caídos; acción y efecto de maniobrar mañosamente para capitalizar errores, omisiones o incapacidades del adversario político, para llevar agua al molino propio.

 

Uno supondría entonces que la política es todo eso: maniobras mañosas y oportunismo vil. Y quizá tal suposición no esté tan errada, pero lo que resulta cómico, si no fuera porque las consecuencias son trágicas, es que esas acusaciones sobre la ‘politización’ de ciertos temas, vengan precisamente de la clase política.

 

Es decir, si un político acusa a otro de ‘politizar’ un tema, endosándole al término un sentido peyorativo (que transmite una connotación negativa de desprecio o poco respeto), pues entonces la cosa está grave, porque parecería que los políticos aluden a la política (y la consecuente politización de los temas relacionados con esa actividad) como una actividad despreciable.

 

No es de hoy. Hace poco más de dos décadas que en la cobertura de la fuente política, el término ‘politizar’ tiene esa connotación peyorativa. Y siempre, viene de los propios políticos. Como si la política fuera una actividad vergonzante, y la politización más.

 

Pero la política, hasta donde mis limitados alcances me permiten comprender, es el arte de los acuerdos surgidos a partir del escrutinio de la opinión pública, de la interpretación y la lectura correcta del sentir social, y la toma de decisiones en consecuencia.

 

Si un político acusa a otro de ‘politizar’ un tema, es como si La Cassandra acusara a la Yovanna de puta. Perdón por el ejemplo.

 

En realidad, lo que hace falta es reivindicar la política como ciencia, como vocación de hombres y mujeres de Estado. No de improvisados y diletantes, sino de gente que le entienda al asunto.

 

Valga esta no tan breve digresión para aludir a lo que sucede en Sonora con el tema de la seguridad pública.

 

El caso del enfermero Martín Pacheco, asesinado a machetazos en Hermosillo, después de que había sufrido una agresión días antes (también con machete) desató la indignación de la sociedad y disparó todos los temores, pues el infortunado joven ya había denunciado amenazas y había apelado a la protección de las autoridades. Este domingo apareció muerto en una banqueta cerca de su casa. Asesinado con machete.

 

Coincidió con un fin de semana negro en Hermosillo, donde se registraron varios hechos violentos donde salieron a relucir armas de fuego. Hubo enfrentamientos de presuntos criminales con policías; un presunto sicario muerto a tiros en el barrio de El Coloso, un agente estatal lesionado con arma de fuego; dos municipales fracturados en acción. También hubo hechos violentos en colonias del norte de la ciudad.

 

Obviamente, la refriega fue un manjar para los panistas, cuyos dirigentes, sin más temas en su agenda, sin propuesta alguna, acorralados en su inmediato pasado de corrupción y desgobierno, se fueron con todo y exhibieron sus rezos para que sigan matando gente en la ciudad, pues esto les permite mantenerse activos en la agenda cotidiana.

 

Sin embargo, quedarse en esta parte de la discusión es muy pobre. Realmente hay una situación crítica en materia de seguridad, que debe atenderse por las autoridades, más allá de la respuesta reactiva en redes sociales argumentando que en el gobierno panista de Guillermo Padrés también se registraban casos iguales o peores. 

 

La lista puede ser tan larga como ociosa, en términos de ese debate sobre la politización del tema, pero conviene recordar, nomás como ejemplo, el caso de Priscila Carolina Hernández Guerra, una joven de 21 años asesinada con brutal ferocidad por su novio, un hindú de nombre Singh Siddarth, en unos apartamentos de Bahía Kino. 

 

Ese crimen también conmovió a la sociedad hermosillense, y aunque el tipo fue ubicado, arrestado y encarcelado, nada puede aliviar el dolor de los familiares de la víctima. 

 

Hay oficiosos, de buena y de mala fe en redes sociales, que tratan de contrarrestar los hechos de violencia en la capital, argumentando que en municipio panistas como Guaymas, Nogales o San Luis Río Colorado, también hay hechos violentos. 

 

El sábado ‘levantaron’ a dos en el poblado La Misa, municipio de Guaymas, donde asesinaron a otro después de haberlo torturado. En San Luis, una mujer fue asesinada a balazos.  ¿Eso aminora la percepción de inseguridad en Hermosillo? Creo que no. Al contrario, la expande a todo el estado.

 

Y los principales propagandistas de esto, son los dirigentes panistas que, vaya locura, magnifican los hechos en Hermosillo, pero callan sobre hechos en municipios gobernados por ellos. 

 

Esto, señores, es ‘politización’ del tema. En el sentido más peyorativo del término. 

 

El gobierno debe tener mucha cautela, y un sentido más crítico para diferenciar lo que está ocurriendo. Si la apuesta es caer en esa provocación de ‘politizar’ las cosas, estamos jodidos.

 

Si alguno de sus carísimos y en varios casos inútiles asesores, da por casualidad con la fórmula para diferenciar entre la ‘politización’ y la política buena, esa que resuelve a partir de un trabajo efectivo en tierra, el tema de la seguridad, vamos de gane.

 

Porque siendo francos, ese tema es crítico en Hermosillo, pero también en el estado y el país. Y aquí se están haciendo esfuerzos importantes, aunque insuficientes. Pero no hay que olvidar que el anterior alcalde, Alejandro López Caballero, dejó sólo 28 vehículos en buenas condiciones para patrullar una ciudad con casi un millón de habitantes.

 

En el tiroteo de El Coloso, se reventó un tiradero de droga. Se abatió a un presunto delincuente, armado con un ‘cuerno de chivo’. Se aseguraron armas; una pistola calibre .45; otra calibra .9 mm de uso exclusivo del ejército y una escopeta. Se detuvo a cuatro personas asegurándoles 145 dosis de droga, armas de fuego, otras hechizas  y un vehículo con reporte de robo. 

 

En otros hechos, por el norte de la ciudad, se detuvo a dos sujetos con armas y droga. Ojo: la droga era ‘crystal’. Los sujetos dispararon contra los agentes de policía. 

 

Los panistas, tan activos en redes sociales, tienen una parte de razón como ciudadanos, pero los pierde su pasado reciente, cuando dejaron crecer el problema. Con otro agregado: Javier Gándara y Alejandro López Caballero, como alcaldes de Hermosillo, tuvieron a su disposición mil 500 millones de pesos del presupuesto federal, para aplicarlos en estas labores. El Maloro no los tiene y como me la pongan (no es albur) la falta de presupuesto se traduce en esto.

 

Y regresando al punto: si van a politizar el tema, háganlo, pero reivindicando a la política como eso. Como el arte de buscar acuerdos, de trabajar juntos y buscar soluciones que resuelvan las demandas de la gente, no la de los nuevos funcionarios, o las expectativas de los que salieron de la nómina, generalmente prófugos de la pala, y que quieren regresar a la ubre jugosa del presupuesto, porque en su puta vida han servido para nada.

 

Y ya me voy.

 

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