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De chile, de dulce y de manteca

ENTRETIEMPO

Al igual que mi madre, las estaciones intermedias me provocan nostalgia, tristeza.

Si me preguntan la razón, no podría contestar con certidumbre. Esa madeja de sentimientos tal vez sea causada porque “los días de entretiempo” signifiquen una pequeña pérdida, algo que se deja atrás, al menos por una temporada. Un común denominador de esos períodos son los ventarrones vespertinos: señal inequívoca de que el verano (calor) termina, e inicia el tiempo bueno (nunca frío, solo ausencia de calor); pero también (allá por el mes de marzo), de que el invierno llega a su término, y que los eternos días cálidos están por empezar.

En ésta temporada, resulta una delicia salir por las mañanas y sentir de inmediato que está más fresco afuera que dentro de la casa, que el sol ya no “pega” tan fuerte y que tarda más en salir. Por la tarde, las ventiscas características de la primavera/otoño, son elementos de esa añoranza que mencionaba al principio y que al sentirlas en la piel, despiertan sentimientos encontrados de tristeza y alegría al mismo tiempo, emociones agridulces que ponen el ánimo a tono con la transición, con una especie de cambio de piel que lo deja a uno listo para vivir a plenitud el cambalache en el tiempo que la vida nos ofrece.

Más de uno pensará que estoy loco: sal al medio día y verás que el calor, como el dinosaurio de Monterroso, aún está aquí. Sin duda estará en lo correcto. Visto desde esa perspectiva, en la ciudad solo existirían dos estaciones: el verano y la del ferrocarril, y como ésta última desapareció, solo nos quedaría la canícula.

Los invito sin embargo a no ser tan acertadamente drásticos. Dense la oportunidad de sentir que el tiempo ha cambiado de manera sutil,

 

discreta. Si quieren, tórnense objetivos y consulten el termómetro y tengan en su mano el dato duro que hará patente lo que les digo pero que por la inercia veraniega no alcanzamos a percibir.

No se queden con las ganas, una tardecita de éstas, salgan a experimentar “el entretiempo”. Vayan a caminar sin prisas ni presiones, tómense un café, una cerveza, o una copa de vino con su pareja o un(@) buen(@) amig@, incluso, siéntense en la banqueta y disfruten de un buen atardecer. No dura mucho: octubre y parte de noviembre, porque si “el frio” llega pronto, nuestro otoño no pasa de durar tan solo unas 5-7 semanas. Disfrútenlo.

Salud y paz Plutarco.