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De chile, de dulce y de manteca

CAMPOAMOR TENÍA RAZÓN

Casi terminando el año pasado, un buen camarada me hizo llegar un artículo publicado el día 13 de octubre por Benito Taibo en la revista virtual Sin Embargo[1]. Provocador como pocos, ignoro si su envío llevaba dedicatoria, pero para mis circunstancias muy particulares, resultaba una especie de gancho al hígado para alguien que como yo, ahora tenía que comer para vivir, cuando antes, vivía para comer. 

 

 

La respuesta inmediata a su lectura, fue recurrir a dos ideas reflexionadas días atrás que me permitieran la redacción del actual escrito. Puesto que no dejaba de darle mucho de razón a lo que Taibo decía (sobre todo cuando se tiene por cierto lo dicho por Campoamor: nada es verdad, nada es mentira; todo depende del color del cristal con que se mira), confrontarlo era casi una necesidad existencial. 

 

De los dos pensamientos a los que hago referencia, el primero gravita sobre un fenómeno muy humano con profundas raíces en lo inconsciente, incluso, en lo moral y hasta religioso. El segundo, implica estar bastante “despierto” y por ello, estar en posibilidad de optar por un sentido de vida que lo lleve a uno a la certidumbre de que la estancia en el planeta tierra dista de ser una condena, luego de interiorizar de manera operativa el concepto de “salud”. 

 

Fui dejando para después sentarme a organizar estas ideas para poderlas escribir; muy claras para mí, pero probablemente no tanto para otros. Pero otro escrito, publicado en La Jornada, autoría de Octavio Rodríguez [2], resultó el detonante que rompió la inercia. Y aquí estamos. 

 

Todos tenemos un talón de Aquiles. Un amigo mío gusta de referirse a él como “la pasión dominante”. Me explico.

 

Nunca me llamó la atención visitar Las Vegas. Hace pocos años, tuve la oportunidad de conocer “la ciudad del pecado” a propósito de un viaje por motivos académicos, que dicho sea de paso, no representó para mí desembolsar ni un cinco en lo que a gastos de alimentos y aposento se refiere. Disfruté mucho la estancia ahí, porque cada noche pude gozar de TODOS los shows que ahí tenía la corporación Circus Solei. Salvo uno de ellos, los demás si tuve que costeármelos. Pero les platico lo anterior, porque durante mi estadía en aquella ciudad, NUNCA me llamó la atención “jugar” a nada… Hubo alguien que me regalo un dólar en monedas de 25 centavos para que los usara en una maquinita cuando estábamos en el aeropuerto ya para regresar. Tuve que hacerlo debido a su insistencia. El no podía creer que yo hubiera estado en Las Vegas y no hubiese jugado. Obvio, la máquina se los trago, el quedó satisfecho y yo también, porque dejó de molestar. 

 

No he vuelto a regresar a Las Vegas desde entonces. Sin City vale la pena ser visitada porque resulta un espectáculo sociológico único. No jugué nunca, PERO comí lindo y bonito y le di vuelo a mis pulsiones de fisgón. Si te gusta “ver”, en Las Vegas hay mucho donde entretenerte. Y una de las cosas dignas de ver, es mirar a otros enloquecer luego de perder (o ganar) jugando y observarlos por encima del hombro, incluso hasta sintiendo lástima por ellos. Me cuentan que para disfrutar de tan morboso placer, no necesito viajar a Las Vegas. Basta y sobra que me meta a cualquier casino de los muchos que abundan en nuestro país y acceder al espectáculo que brindan a cualquier hora del día los ludópatas que han hecho de ellos, su segundo domicilio. No costará trabajo concluir que de los tres casinos que existen en Ciudad Obregón, NUNCA he puesto un pié en ninguno de ellos. 

 

Me considero inmune a esos juegos de azar; estos no representan para mí ningún peligro. Pero pregúntenme de tragadurías y sitios sibaritas donde se puede disfrutar del buen comer…

 

Puedo equivocarme, pero tengo la impresión que ni Benito Taibo ni Octavio Rodríguez han tocado fondo. Yo, hasta hace unos meses pensaba y sobre todo, actuaba en su misma tesitura. Un día todo cambió. Vi muy cerquita a la huesuda. Ya no pienso tan igual que ellos. 

 

El tocar fondo cambia tus prioridades. He dejado de pensar así, pero no de SENTIR como antes. Soy tragón… que le vamos a hacer. Esa será en el futuro mi lucha si quiero seguir aquí más tiempo y en condiciones óptimas. Gabriela Ángela Zadra[3] pone en perspectiva de manera magistral la primera de las ideas que les mencioné al principio. Su lectura, luego de ojear los escritos de Taibo y Rodríguez resulta esclarecedora, incluso, considero que es un eje para entender como nos transformamos en el país con más obesos en el mundo. No tendría más que decir al respecto.

 

Esta línea de pensamiento, resulta un puente para la segunda idea, la que solo es posible asumir “estando despierto”. Cuando reviso mi vida en retrospectiva, veo que “estuve despierto” la mitad de los años que tengo de existir. Entré luego y de manera gradual en un sueño profundo los siguientes años hasta que me vi obligado a “despertar bruscamente”.

 

Y aquí estoy, disfrutando el re-encuentro conmigo mismo gracias a la oportunidad que Abbá (אבע) me ha dado. Estos son algunos de los ladrillos que constituyen el piso que me sostienen en la actualidad, anotados de acuerdo a la importancia que en la actualidad representan:

 

a) El estilo de vida mediterraneo[4] 

b) Las evidencias extraídas de la medicina integrativa[5]

c) El uso de la perspectiva trans-disciplinaria[6,7]:

 

Los mantendré informados con el paso del tiempo del resultado de esta actitud. Sin embargo, dejo a mi favor una postura que desde hace años asumí para el ejercicio de mi profesión y de la cual es su portavoz Henry Louis Mencken: La higiene es la corrupción de la medicina por el moralismo. Es imposible encontrar a un higienista que no degrade su teoría de la salud con una teoría de la virtud. De hecho, toda la ciencia de la higiene se resuelve en una mera exhortación ética, lo que va totalmente en contra de la medicina propiamente dicha. El verdadero objetivo de la medicina no es volver virtuosos a los hombres, sino protegerlos y rescatarlos de las consecuencias de sus vicios. La función de un médico verdadero no es sermonearnos para que nos arrepintamos, sino llana y expeditamente concretarse a absolvernos.

 

Salud y paz

Plutarco. 

 

Bibliografía:

1)http://www.sinembargo.mx/opinion/13-10-2013/18183

2)http://www.jornada.unam.mx/2013/10/31/opinion/021a1pol

3)http://www.palermo.edu/cienciassociales/publicaciones/pdf/Psico5/5Psico%2007.pdf

4)http://dietamediterranea.com/

 

5)http://www.drweil.com/

6)http://elhuertogeneroso.wordpress.com/2012/01/13/alimentacion-natural-consciente-y-sostenible/

 

7)http://www.lavanguardia.com/salud/20120228/54261290872/montsebradford-lo-que-pensamos-genera-emociones-pero-tambien-lo-que-comemos.html