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De chile, de dulce y de manteca

PECADO CARNAL

El catecismo de la Iglesia Católica incluye en su definición de pecado, los siguientes conceptos: “…una falta contra la razón, la verdad, la conciencia… Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana…”.  Si uno se da a la tarea de revisar éstas ideas en esa fuente, se puede encontrar ahí también que el pecado es un acto personal, pero que tenemos responsabilidad en los pecados cometidos por otros cuando cooperamos a ellos. 

 

Hace unos días, el domingo 11 de éste mes para ser precisos, tuve que hacer un viaje relámpago a la capital del estado. Fue obligado hacer una estación en una conocida franquicia donde se requiere ser socio y presentar un carnet al momento de pagar lo que se haya comprado. Si se trata de alimentos, las presentaciones ahí suelen ser de gran tamaño. Sentado en la cafetería del local, luego de hacer las compras mientras me zampaba una ensalada, reparé también en el gran tamaño de la mayoría de los clientes del lugar.  Las temperaturas cálidas que ya nos agobian, tienen como efecto secundario que nos exhibamos con escasez de ropas por lo que la abundancia de carnes se torna patente. 

Traigo a colación la anterior remembranza, porque hace menos de una semana escucho una noticia preocupante: Debido a los altos niveles de sobrepeso y obesidad en el país, se han incrementado los cánceres de colon, estómago y mama. Actualmente en México se registran 150 mil nuevos casos de cáncer cada año y se estima que cada dos horas muere una mujer por cáncer de seno.

Y si le clavamos el diente a las evidencias, la obesidad y el sobrepeso son el principal problema de salud pública en México, pues nuestro país es el primer lugar mundial en niños con obesidad y sobrepeso, y segundo en adultos. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012 (ENSANUT), sumando las prevalencias de sobrepeso y obesidad, 73.0% de las mujeres mayores de 20 años de edad y 69.4% de los hombres en la misma edad, presentan alguna de estas dos condiciones. 

 

Lo anterior trae consecuencias que nos deben obligar a reflexionar:

 

⋆25% de las incapacidades laborales son por padecimientos relacionados con la obesidad

⋆Tres de cada cuatro camas de hospital las ocupan también pacientes con enfermedades relacionadas con la obesidad

⋆Gastos de entre 22% y 34% superiores en el ingreso familiar

⋆Mortalidad 12 veces mayor en jóvenes de 25 a 35 años

 

Si focalizamos los datos a nuestro estado:

 

⋆Sonora es el estado fronterizo con más alta incidencia de sobrepeso.

⋆1 de cada 3 niños sonorenses menores de 12 años tienen sobrepeso y obesidad.

 

En la ENSANUT de 2006, Sonora ocupaba el 2do lugar nacional en obesidad abdominal. Seis años después, ocupamos, en la ENSANUT de 2012, el 5to lugar. Pasamos de una prevalencia del 81.4%, a una del 78.3%. ¿Dato para echar las campanas al vuelo? … De ninguna manera. 

Según la ENSANUT del 2012, redujimos el porcentaje de obesidad en mujeres en relación al 2006 (del 46.9% al 41.6%), pero incrementamos el de sobrepeso (del 30.7% al 35.3%). En ese mismo período, la prevalencia de obesidad en hombres se incrementó en un 12%. Y si bien se observa una reducción del 11.3% en la prevalencia de obesidad femenina en dicho lapso, si analizamos los datos en un sentido relativo, en el grupo etareo correspondiente a las edades entre los 20 y 49 años, el 70% de los obesos, son mujeres. No olvidar que la obesidad prevalente en nuestro estado es abdominal. Dicho en lenguaje coloquial, somos gordos panzones. 

Expresado en cifras que alarmen, de cada 1000 mujeres sonorenses, 769 tienen peso excesivo de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud. Para los hombres, la situación dista de ser tranquilizante: de cada 1000, 706 pesan más de lo que deben. Y si dejamos al último a los niños, hoy, el 14.1% de los niños menores de 5 años, tienen peso excesivo. En los que se encuentran en edad escolar, el porcentaje aumenta a 36.9%, para quedar en 35.2% al llegar a la adolescencia. Ha partir de ahí, como decía el célebre ex-presidente, la tendencia tiene una característica: arriba y adelante. 

Al inicio de la semana santa (que de santa solo le queda el nombre), tuve la oportunidad de conocer Arizpe, ciudad prócer; una rica experiencia de la que espero poder compartirles más en otra ocasión. Fue entre muchas cosas, un re-encuentro con muchas de nuestras raíces, y de entre ellas, las culinarias.  Mientras platicaba con la madre de un colega, una ilustre octogenaria plena de sabiduría, y me ofrecía café de talega con pan de vieja, natas y unos bizcochuelos de antología, luego de haber desayunado un pozole de milpa capaz de levantar un difunto, no me costó trabajo comprender que la lucha contra la obesidad en nuestro estado dista mucho de ser considerada cuichita. 

Comentando del asunto, me hacía patente que ella, como los de su camada, se habían criado, desayunando, comiendo y cenando carne. Les mencioné que una prestigiada revista médica (el American Journal of Epidemiology), había publicado en su número de octubre pasado, una revisión sistemática donde se hacían patentes los riesgos de ingerir carne roja: Red Meat and Processed Meat Consumption and All-Cause Mortality: A Meta-Analysis. 

 

En ella, se ponía de manifiesto la evidencia acumulada que indicaba que un alto consumo de carne roja y procesada, elevaría el riesgo de enfermedades crónicas, como diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de procesos tumorales. De igual forma, proporcionaba datos provenientes de estudios prospectivos recientes donde se ha encontrado que la ingesta de carne roja -especialmente la carne procesada- estaría asociada con el incremento de mortalidad por todas las causas. En dicho estudio, los investigadores (suecos) hallaron un incremento del 23% en el riesgo de mortalidad para los que consumían más carne procesada, y un aumento del peligro del 29% para los que consumen todo tipo carne roja, en comparación con aquellos que ingirieron menos de este alimento. 

Desde una perspectiva científica, no resulta válido contrastar lo que un trabajo como el anterior pone de manifiesto, con lo que la sabia mujer acotaba. Más de uno me diría que su comentario no pasaría de ser anecdótico. Y seguramente tendría razón. Tal vez ella es la excepción a la regla. ¿Y si no?... Materia para otra futura colaboración.

Hoy por hoy, parece ser que los sonorenses somos víctimas cada vez con más contundencia, de esa sin razón que hiere la naturaleza humana, de ese “pecado” que parece que no estamos dispuestos a dejar en absoluto (baste darse una vuelta por cualquier taquería, más próxima que lejana a nuestro domicilio). Nos encanta la carne roja, es un orgullo regional y no parece que estemos dispuestos a cumplir con la recomendación de la World Cancer Research Foundation en el sentido de no ingerir más de 500 gramos por semana de carne cocinada de vaca, cerdo, cordero y evitar la carne procesada como el jamón, tocino, salami, chorizos y salchichas... Habremos pues de pagar las consecuencias, de nuestro pecado carnal. 

 

Salud y paz

Plutarco. 

 

Bibliografia:

1.http://ensanut.insp.mx/informes/Sonora-OCT.pdf

2.http://www.scielosp.org/pdf/spm/v55s2/v55s2a12.pdf

3.http://aje.oxfordjournals.org/content/179/3/282.abstract

4.http://www.dietandcancerreport.org/cancer_resource_center/downloads/summary/english.pdf