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De chile, de dulce y de manteca

APRENDER SIN QUE TE ENSEÑEN

El día a ayer, una querida amiga compartió con algunos, una nota publicada en Chilango, donde se ponía a consideración del respetable, una rica cantera de librerías electrónicas gratuitas. El vínculo es el siguiente:

 

http://www.chilango.com/cultura/nota/2014/07/30/librerias-virtuales-gratuitas-en-mexico

 

Hoy, en otro envío, complementó su regalo con una bella presentación en Power Point, donde con pinturas alusivas a la lectura y música de fondo a cargo de André Rieu, se ponía en perspectiva sentencias cuyo propósito central tenía que ver con el libro o la lectura, a cargo de autores como Lope de Vega, Honoré de Balzac y Jorge Luis Borges, entre varios.

 

De ellas, hubo una que de entrada me hizo cosquillas, autoría de Alberto Manguel:

 

El amor por la lectura es algo que se aprende, pero no se enseña

 

La leía y releía y no terminaba de convencerme, por lo que le comenté en los términos que ahora comparto con Ustedes:

 

“Muchas gracias por el correo de ayer donde nos regalas los vínculos para acceder a ricas canteras de lectura. La presentación en PP de hoy, bella y llena de sabiduría. Solo una de las sentencias (de Alberto Manguel), te confieso, me hace ruido y no termino de pasarla por completo.

 

Me queda claro que hay muchas cosas de la vida que caen en ésta categoría: aprender sin que nadie te enseñe; sin embargo, también me queda igual de claro que esas cosas que se aprenden así, se aprenden igual o mejor cuando son enseñadas por un preceptor generoso. Luego entonces, todo lo que se aprende puede ser enseñado; más aún, todo lo que se aprende, debería ser enseñado.

 

Abundo al respecto con algunos ejemplos. El amor por la cocina (y cocinar), a mí nadie me lo enseñó. Lo aprendí solo. Mi madre nunca tuvo ése propósito explícito y menos mi padre. Nunca he tomado ningún curso formal al respecto. Todo lo que se, lo aprendí leyendo libros y revistas, viendo programas televisivos, comentando con otros y viendo a otros hacer. Ese aprendizaje informal y un tanto cuanto abigarrado, pudo sin duda ser mejor, más fácil y más corto de haber ocurrido a través de un proceso formal, planeado y supervisado.  Algo similar puede decirse cuando en una familia se da en algunos o en todos sus miembros, el amor por la música. Lo aprendieron aunque nunca nadie se los haya enseñado (formalmente).

 

¿Cómo se aprenden esas cosas que “nadie te enseña”? ¿Solo por azar? Sería muy trágico que ésta hipótesis tuviera plausibilidad. Las aprendemos porque escuchamos o vimos a otros. Así es como creemos que aprendimos a besar y todo lo que tiene que ver con las artes amatorias. Y llegamos a aprender tanto por ésta vía, que hasta podemos volvernos presumidos y asumirnos como expertos. Y es la contrastación con nuestros pares lo que viene a ser la prueba de fuego para estas modalidades de aprendizaje. O nos cubrimos de gloria, o mordemos el polvo y nos batimos en lodo.

 

Pero incluso esos aprendizajes tan delicados y underground, tienen su vía formal. ¿Pero cómo se te ocurre diría más de uno?  Baste saber que el Kama sutra, ese texto hindú tantas veces citado y mucho menos veces leído y estudiado, tuvo como objetivo central, un propósito docente. ¿Y qué decir de las Geishas japonesas o las cortesanas venecianas? Eran lo que fueron a través de aprendizajes formales donde nada se dejaba al azar. Recuerdo en estos momentos aquella escena del film de Luc Besson (La femme Nikita), donde Jeanne Moreau le dice a la protagonista (la preciosa Anne Parillaud): todo puede ser enseñado.

 

El amor a los libros (y a la lectura) como a la música, incluso al género humano, puede aprenderse y por desgracia, se aprende, a través de procesos descuidados, fortuitos y accidentales. Pero incluso atrás de ellos, siempre está un elemento que opera como fermento y que al final le da ese indispensable elemento actitudinal a lo que se aprende: el ejemplo de otros. Hasta los malandros aprenden así.

 

Es así mi querida amiga, que no termino de deglutir la frase de Manguel sin hacer gestos, por lo que me permitiré modificarla: El amor por la lectura es algo que se aprende, pero no se enseña; pero que cuando se enseña, se aprende mejor”.

 

Concluí la misiva con el envío adjunto de dos escritos de Alejandra Schmidt, editora chilena quien ha dedicado sus menesteres a la tarea de enseñar a los niños el amor por la lectura y que espero tengan Ustedes oportunidad de consultar.

 

http://literaturainfantil.about.com/bio/Alejandra-Schmidt-103180.htm

 

 

Un abrazo fraterno a todos.

 

Salud y paz

Plutarco.