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Se viven tiempos de barbarie.-

Bernardo Elenes

Se viven tiempos de barbarie.- Un joven repartidor de comida es asesinado con un balazo en la cabeza, sólo para despojarlo de su motocicleta.- Grave la descomposición social que alcanza niveles intolerables.- ¿Y la organización de la sociedad, cuándo?

Bernardo Elenes Habas

Indigna. Causa azoro, la desbordada criminalidad en Cajeme.

No sólo se trata de la sangre que derrama el crimen organizado, sino acciones cotidianas de la delincuencia común, en las que, con frialdad, se ejecutan asaltos en las calles, despojando a las víctimas de vehículos, celulares y otras pertenencias. Casos que, en su mayoría, no son denunciados, porque desafortunadamente la ciudadanía no cree en sus autoridades.

Esto es grave. Se trata de la forma en que se sufre la descomposición social que está alcanzando niveles incontrolables en la comunidad.

Estremece el caso del joven que se ganaba la vida limpia y honestamente repartiendo comida a domicilio, como parte de los servicios que empresas restauranteras ofrecen. ¡Le arrancaron la vida con un balazo en la cabeza sólo para robarle su vehículo de trabajo, la motocicleta; quedó tendido en las calles de la colonia Privada del Campanario, en Ciudad Obregón, ayer, desamparado, ante los ojos indiferentes de instituciones que han perdido capacidad de asombro, porque se han acostumbrado a estos hechos detestables!

No es visible la organización de la sociedad, sus sectores, para repudiar casos como éste, que abundan. No se definen estrategias al lado de las autoridades para enfrentar en la acción hechos tan graves, y poner en marcha la forma y el fondo encaminados a restituir un tejido social seriamente lastimado, peligrosamente abandonado, el que, en el corto tiempo, podría hacer extremos impredecibles.

Se vuelve necesaria una gran cruzada social, donde las familias, escuelas, iglesias, organizaciones culturales y deportivas, clubes de servicio, medios de comunicación, magisterio, sindicatos, cámaras empresariales, trabajadores, estudiantes, profesionistas, sumen su cuota de esfuerzo y amor por Cajeme a las autoridades, fijando rumbo y compromiso para construir los cimientos y la estructura de la gran causa que conduzca a la paz social compartida. A retomar la fortaleza de la confianza perdida. A sanar el alma herida de una comunidad que no merece tanto castigo.

¿Acaso, no es posible una acción concertada, de resultados comprobables y medibles, y no una mesa efímera encaminada a procurar la paz social, de las que únicamente han servido para la fotografía y la nota, que luego se pierden entre la bruma de las ambiciones políticas…?

Ni el gobierno del estado ni los municipios, podrán enfrentar la marea roja de la violencia, con filosofías ingenuas como “abrazos y no balazos”, porque los abrazos los ponen las víctimas con su sangre; mientras que el plomo seguirá siendo brutalmente vomitado por la delincuencia. Lo demuestran los hechos.

Es tiempo de organizar a la sociedad, para que se sume a una causa que también le pertenece. A ampliar la visión de los programas sociales encaminados a rescatar de la desigualdad social a las familias, porque el abandono de los hijos en el seno del hogar por padres o madres solteras que trabajan, es poner en la calle, como aprendices de delincuentes, a niños y adolescentes.

Es tiempo de unificar a la sociedad para bien común. No dividirla perversamente en liberales y conservadores con propósitos políticos, sino bajo una sola bandera y un credo transparente y humanista: paz y justicia.

Le saludo, lector.

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