¡Poetizarnos, antes que politizarnos!.- ¿Por qué no pensar para Cajeme una academia de música, un coro de poesía, talleres de literatura, teatro, pintura, danza?.- ¿Por qué no poner en las manos de adolescentes y jóvenes una guitarra, para que detesten las armas y fluyan los cantos a la vida, como decía Bartolomé Delgado de León, en los años 70?
Bernardo Elenes Habas
Bien nos decía el periodista y poeta cajemense (llegó niño al Valle del Yaqui desde su natal Jalisco), Bartolomé Delgado de León, a un puñado de jóvenes de los años 70, que deberíamos buscar, primero, en nuestra formación humana y social, poetizarnos antes que politizarnos…
Después de abandonar en los últimos semestres la carrera de medicina, fue maestro en la escuela secundaria José Rafael Campoy. Luego incursionó en el periodismo desde la redacción de Diario del Yaqui, con Jesús Corral Ruiz como guía. En ese espacio generador de opinión y transmisor de información, encontró su vocación por su hechura literaria y manejo de la palabra escrita.
Posteriormente, aceptó la dirección del periódico Heraldo del Yaqui, fundado por Manuel J. Zavala, vespertino en el que libró, durante 1958, la gran batalla política conocida como “El Contrerismo”, cuando un fuerte segmento del PRI se rebeló contra la imposición de candidato a la presidencia municipal de Cajeme en la persona de Gabriel Gallegos Campoy, mientras que la CTM, pilar de dicho partido, mantenía la postulación de Rafael Contreras Monteón, El Buqui.
Se trataba de una lucha de PRI contra PRI, historia que se repitió muchas veces en el devenir de ese instituto político, hasta la fecha. Durante esos enconos, luego de algunos acuerdos internos entre las partes en conflicto, se desechó al primeramente escogido Gallegos Campoy, cambiándose por Gilberto Oroz Valenzuela, con aparente conformidad de los “contreristas”.
Pero no fue así. Porque las bases cetemistas se encapricharon, desconocieron el trato y mantuvieron la candidatura del Buqui, generándose una confrontación política de odio que dividió, como nunca, a las familias cajemenses.
Esas historias nos las narraba a Jesús Antonio Salgado y a mí, Bartolomé, quien sostenía el principio filosófico de que los jóvenes deberían, primero poetizarse, para consolidar su sensibilidad estética y humana, su vocación de solidaridad, su hechura de ciudadanos del mundo sin ataduras y oscuros atavismos, los que suele engendrar la política…
Por ello, en mucho, la apuesta del gobierno estatal y municipios, ante el grave peligro de la delincuencia organizada, su acechanza y contaminación violenta entre adolescentes y jóvenes principalmente, debería enfocarse hacia esos segmentos vulnerables el arte, y por supuesto el deporte, abriéndoles la oportunidad para un encuentro feliz con sus vocaciones.
¿Acaso, no es mejor que un muchacho tenga entre sus manos una guitarra u otro instrumento musical, y en su alma y en su boca una canción que se convierta en camino luminoso hacia la vida?
¿No es mejor abrir las alternativas de talleres literarios, de teatro, pintura, danza, para que se conjuguen talentos creativos y no se pierdan entre el humo de las drogas…de la delincuencia…asaltos…asesinatos…?
¿No se vuelve imprescindible que Cajeme tenga una Academia de Música, como aquella que fundó don Cirilo Magdaleno Cárdenas, en 1971, con el respaldo del entonces presidente municipal Carlos López Arias, de donde surgió la primera Banda Juvenil Municipal de Música, que amenizaba en los actos cívicos y ofrecía audiciones públicas, incluso trasladándose a Hermosillo?
¿No es posible la creación de un coro municipal de poesía, para que el pan de los versos llegue a las colonias populares, donde se refleje la participación de las nuevas generaciones ocupadas en el bien decir y el buen actuar?
Sin duda, comprendimos y nos bebimos los consejos de Bartolomé en los años 70. Y el puñado de jóvenes rebeldes que éramos, nos poetizamos, no obstante las persecuciones de Miguel Nazar Haro y el CISEN, porque soñábamos, leíamos, escribíamos, compartíamos y queríamos un país libre, socialmente justo…
Le saludo, lector.