El héroe del Lago Náinari.- José Manuel Castillo Velázquez, ofrendó su vida intentando salvar a una mujer que se ahogaba.- Otro caso de heroísmo es el del joven Francisco Javier Armenta Cota, quien hace 25 años, en el incendio de la Plaza Tutuli, salvó a once personas de morir quemadas.- Un museo con un memorial para que la historia de Cajeme no se extinga.
Bernardo Elenes Habas
La capacidad de enfrentar el peligro para salvar vidas, son valores humanos que existen.
A pesar de lo convulso de los tiempos, cuando abundan seres que por unas cuantas monedas le arrancan la vida a una persona en el tejido social de la degradación humana que actualmente se vive, se puede decir, gritar con emoción desde Cajeme, Valle del Yaqui, que el heroísmo, la valentía, la buena voluntad prevalece.
¿Acaso no fue un acto de heroísmo el realizado por José Manuel Castillo Velázquez, joven de 28 años de edad, quien al ver que una mujer se ahogaba en la laguna del Náinari, ayer, martes 12 de julio de 2022, no midió el peligro, se despojó de egoísmos, y se arrojó al agua con la única intención de salvarla?
Y aunque no logró su cometido de ponerla a salvo porque algo sucedió en su intento, se cansó y se hundió dramáticamente, ¿no se constituye esa decisión en una muestra limpia de amor al prójimo que deberían de tomar como ejemplo quienes envenenan con drogas a la niñez y a la juventud y se enfrentan entre bandas defendiendo “plazas” y asesinando con impunidad, donde también hay “daños colaterales” de gente inocente, incluso pequeñitos, que mueren abatidos por balas asesinas disparadas por el odio, la barbarie, la ambición ciega?
El cuerpo sin vida de José Manuel, el héroe del lago Náinari, fue rescatado ayer mismo por elementos del Cuerpo de Bomberos, alrededor de las 20:00 horas. Y la mujer fue recuperada con vida por miembros de la Unidad de Protección Civil de Cajeme, siendo trasladada al área de urgencias del IMSS, de acuerdo a la narrativa extraoficial de Ramón Ávila Álvarez, testigo de los hechos.
Otro caso visible de heroísmo en Cajeme, de entre muchos que se pierden en el anonimato, es el de Francisco Javier Armenta Cota, de 23 años, quien salvó la vida a once personas durante el fatídico incendio del centro comercial VH, inmerso en la estructura de la Plaza Tutuli de Ciudad Obregón, el 11 de agosto de 1997.
Francisco Javier, joven abogado por la Universidad de Sonora, quien habiendo ya salido del establecimiento comercial incendiado, decidió penetrar nuevamente, para buscar a su hermana Martha, a quien sacó y repitió sus acciones hasta lograr poner a salvo a once personas más.
A los diez días, como consecuencia de graves quemaduras y haber inhalado humo letal, falleció el joven Héroe de Cajeme.
Sin duda, fue un acto de amor el demostrado por Francisco Javier, porque pudo haberse salvado junto a su hermana, pero decidió regresar al interior, enfrentar las llamas antes de que llegaran los Bomberos, con el objetivo fijo de darles seguridad a las personas que sus fuerzas le permitieran, como lo hizo.
Los hechos del incendio de Plaza Tutuli, se suscitaron a escasos días que concluyera la administración de Raúl Ayala Candelas (1994-1997).
Fue hasta el periodo de Manolo Barro Borgaro (2009-2012), cuando, durante reunión de Cabildo de 10 de septiembre de 2012, se tomó el acuerdo 511 del Acta 77, para que fuese incluida la fecha del acto de heroísmo de Francisco Javier Armenta en el Calendario Cívico del Ayuntamiento de Cajeme, y que la calle del Parque Lineal de la Laguna del Náinari llevara el nombre del joven héroe.
Se trata de un hecho ejemplar que debería convertirse en parte consistente de la memoria histórica de Cajeme, porque reúne cualidades inéditas que merecen ser resaltadas en los contenidos cívicos y de educación básica, para que se sepa por siempre que en Cajeme hubo un muchacho, un héroe que surgió de las llamas, para salvar vidas sin importarle la propia, cuya acción eleva el referente del amor al prójimo, valor sumamente desgastado en estos tiempos.
La Dirección de Acción Cívica Municipal, tendrá que revalorar el Calendario de la dependencia, y encontrar las formas de resaltar fechas de hechos tan importantes y no solamente eventos triviales de política, para que no queden envueltas en la niebla del olvido y sí sean grabadas en la conciencia de las actuales y nuevas generaciones, no únicamente con la imposición de una placa, sino como actos imborrables de amor al prójimo, de amor a la humanidad.
Comenté hace tiempo que bien podría pensarse en un museo que rescate la historia prodigiosa de Cajeme, con fotografías, utensilios de labranza y domésticos, donde las nuevas generaciones encontrarían fotos, nombres de mujeres y hombres que aportaron esfuerzo, talento, capacidades para darle rumbo y luz al municipio. Por supuesto incluyendo a ciudadanos héroes que fueron capaces de actos memorables.
Tiene profundidad este anhelo, ya que la Administración municipal que se decida a forjar y entregar este legado a la comunidad, estará rescatando las manos anónimas que trazaron calles, edificaron escuelas, iglesias, estadios, le dieron ritmo y música con sus instrumentos a las familias, hicieron literatura, periodismo, fotografía, pintura, labraron la tierra, se distinguieron como locutores, mecánicos, guardianes del orden, bomberos, entre muchos oficios y artesanías que dignifican la capacidad creativa y responsable de la gente del pueblo.
Actualmente no hay un referente que defienda y rescate ese trazo de memoria olvidada.
No existe un monumento colectivo de brazos y manos emergiendo desde la tierra misma de la ciudad y del Valle, que simbolice en el bronce, a aquellos que construyeron esta comunidad asombrosa que ha crecido con alas propias.
Es preciso recordar que si en Cajeme no hubieran existido soñadores como Manuel J. Zavala, Jesús Corral Ruiz, Miguel Mexía Alvarado, Bartolomé Delgado de León, Claudio Dabdob Sicre, Oscar Sánchez Márquez, Rogelio Arenas Castro, Ramón Iñiguez Franco, no estarían vivas, realizadas, las obras que fortalecen el alma de la ciudad, del Municipio.
Le saludo, lector.
