Poema de domingo.- Salgo en la noche incierta acechando recuerdos, convocando las voces dormidas de los muertos. Salgo y tu nombre triste pegado como sombra –viejo dolor que el tiempo ha vuelto necesario-, me persigue incesante. Las guitarras del pueblo quiebran su tono agudo, arrojan sus canciones contra las injusticias, siembran sus anchos gritos en una piedra herida…
Salgo y el viento frío me deshace inclemente, sopla dagas de acero donde nace mi sangre, desvanece mi tierra, mi polvo estremecido, convirtiéndome en nada, dejando sólo en mí, sequía, soledad, yermo camino gris perdido en el paisaje de un sueño agonizante…
Salgo a cantar tu nombre, pero el canto enmudece…
Bernardo Elenes Habas
Vuelvo al río de mi infancia,
bautizo mi esperanza, mi voz,
el temblor de mis sueños
con sus aguas benditas,
con su sabor a sol…
Me sumerjo en el tiempo,
bebo su plenitud,
dejo que el viento gire,
murmure sus canciones,
coloque entre mis manos
oraciones de tierra,
metáforas silvestres,
hojarasca sencilla
de los viejos caminos
con olor a distancia
impregnados de ayeres…
Vuelvo al río de mi infancia,
antiguos remolinos
me envuelven en los llanos,
escucho los tambores,
la flauta solitaria
con su lamento triste,
buscando entre la sierra
el alma transparente
del Dios de mis mayores…
Vuelvo al río de mi infancia,
mojo mis pies, mis sueños,
recojo mis palabras,
mis poemas dormidos,
les pongo alas de viento,
corazón de guitarra,
les digo que te busquen
dejándolos que vuelen…
Vuelvo al río de mi infancia,
me bautizo yoreme,
hijo del horizonte…
Me diluyo en su luz…
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