
Cajeme, rumbo al Centenario.- Será hasta dentro de dos administraciones, cuando se llegue a fecha tan significativa.- Este 2023, Javier Lamarque presidirá los 96 años del Municipio, y si logra la reelección estará al frente de los jubileos 97, 98 y 99, o bien, quien lo releve en la Alcaldía.- Los 100 años de Cajeme los presidirá el hombre o mujer que dirija la Administración 2027-2030.
Bernardo Elenes Habas
(Entra Cajeme a la ruta de su Centenario como Municipio, categoría lograda cuando fue decretada la Ley Número 16 por el Congreso del Estado y dada a conocer por el entonces gobernador Fausto Topete Almada, el 29 de noviembre de 1927, y publicada al día siguiente en el Boletín Oficial, mediante la cual se declara Municipio libre la hasta entonces Comisaría de Cajeme.
Este año, dentro de la Administración constitucional que preside Javier Lamarque Cano, se procederá a la celebración de los 96 años del Municipio, y si el Alcalde logra la reelección, encabezará los jubileos por los años 97, 98 y 99, o bien, lo hará quien lo releve en el cargo.
Será, pues, hasta la Administración 2027-2030, cuando se realice la significativa celebración de los 100 años del Municipio de Cajeme, correspondiéndole el honor al alcalde o a la alcaldesa que esté al frente de la comunidad, presidir tan histórica fecha.
Actualmente, el Ayuntamiento y sus dependencias preparan la celebración de los 96 años del Municipio, con una serie de actividades enmarcadas en el Festival Tetabiakte y el lanzamiento de la convocatoria para elegir a la Ciudadana y al Ciudadano Distinguido 2023.
Me propongo dar continuidad día con día durante noviembre, a una serie de crónicas que se constituyen en actas de identidad sobre las raíces de este asentamiento asombroso, donde se conjugaron esfuerzos de sus fundadores hasta convertirlo en un pueblo esforzado y visionario).
Así nació este pueblo

Un viejo camino de herradura, por donde transitaban agricultores y trabajadores del campo, desde Cócorit con rumbo al Valle del Yaqui, en los albores de 1900 y antes, fue el horizonte primario lleno de sol y soledades, de lo que sería, alguna vez, Cajeme.
Quizás, algunos de quienes diariamente utilizaban ese rústico sendero, llegaron a imaginar que las extensas llanuras que inundaban sus ojos de cielo y con el perfil de la sierra al oriente, sería, alguna vez, asentamiento humano.
En los años 1906, 1907, asomaron las vías del tren, provenientes de ramales del norte, creando Estación Corral y Estación Esperanza, porque sobre rieles, en furgones movilizados por los poderosos motores de vapor del ferrocarril, llegaba el progreso, como decían los antiguos pobladores de la sierra.
Mi abuelo materno Nacho, quien había nacido en 1900, llenaba mi imaginación infantil con extensas narraciones, diciéndome que a los siete años de edad, al pasar con sus padres a lomo de caballo o en carreta tirada por mulas, desde Cócorit a trabajar las tierras al Valle, veía a los obreros de la empresa Sud Pacífico extendiendo la “punta de fierro” hacia el sur. Excavando un pozo para abastecer al tren a su paso. Construyendo una casa de madera. Generando un motivo novedoso de distracción en la soledad del monte.
Este 2023, cuando deberá celebrarse con júbilo los 96 años de Cajeme como Municipio, vislumbro que su verdadera raíz, se extiende más de 20 años atrás del momento solemne en que el entonces gobernador de Sonora, Fausto Topete Almada, decretase la Ley Número 16 (29 de noviembre de 1927), que lo transformó de Comisaría en Municipio, cuando aún la comunidad tenía aroma rural y por su cielo límpido cruzaban miles de aves que se convertían en espectáculo natural de sus moradores.
Los viejos fundadores lo recuerdan. En sus apuntes solariegos, historiadores y cronistas como Claudio Dabdoub Sicre, Oscar Sánchez Márquez, Miguel Mexía Alvarado, Rogelio Arenas Castro, Mayo Murrieta, José Escobar Zavala, dejan testimonio de que fue en 1907, cuando debido a los planes de extensión de los ramales del Ferrocarril Sud Pacífico, se propició el nacimiento de Estación Corral y de Esperanza, perfilando diez kilómetros hacia el sur de esta última población, un pozo que abastecería de agua a las máquinas del tren, donde se construyó también una casita de madera que cumplía como oficinas del Jefe de la Estación de Bandera, denominada Cajeme.
Cinco años después, personajes como Federico Seaman, Rodolfo Scott Tobie, y Pablo Kuraica, construyeron los cimientos de la comunidad, al abrir un embarcadero para ganado, comercios mínimos, una hospedería, y un expendio de bebidas y venta de implementos de labranza, en torno a la Estación de Bandera, donde los habitantes de Cócorit, que era entonces cabecera municipal, al cruzar por la brecha de herradura hacia el Valle, se detenían para forjar sus sueños
visionarios en los nacientes comercios, como me lo platicaba mi abuelo Nacho, quien ya adulto, fue mayordomo en la Hacienda La Realidad, frente al Campo 3, cuando era propiedad del norteamericano Jimmy Ryan.
Así, con el transcurrir de los años, de 1907 a 1912 y 1917, comenzaron a erigirse pequeñas casas, surgiendo los trazos de las primeras calles frente a la Estación, propiciando que estos parajes antes inhóspitos, por donde años atrás cruzaban, levantando polvaredas con sus caballos, partidas de yaquis rebeldes y soldados federales en franca guerra, se convirtió en Congregación.
El crecimiento del naciente núcleo de población –establece en su libro Historia de El Valle del Yaqui, Claudio Dabdoub–, fue vertiginoso, de tal manera que en 1925 ya contaba con 450 habitantes, y se forjaban nuevos negocios como un molino para arroz, instalado por los agricultores H. F. Brunk, Jimmy y W. A. Ryan, bajo la razón social de “Yaqui Valley Rice Associattion”, que se convertiría posteriormente en Cía. Molinera del Río Yaqui.
Ese mismo año, como resultado del crecimiento inusitado que registraba la Congregación, se le dio nivel de Comisaría, en la que fungió como su autoridad principal Ignacio Ruiz Armenta, quien, de comisario, pasaría a encabezar el Primer Ayuntamiento Constitucional de Cajeme, por decreto de la Ley No, 16 emitida el 29 de noviembre de 1927 por el gobernador Fausto Topete Almada, llevando
como regidores a Joaquín R. Ibarra, Ignacio Mondaca H., Carlos H. Mízquez, Eduardo C. Gaxiola, Francisco J. Rodríguez y Alejandro Méndez Limón (padre, éste último, del ex diputado local y ex agente fiscal del Estado y hoy funcionario de
Oomapas, Fructuoso Méndez Valenzuela, El Tocho), quienes rindieron protesta ante el diputado local Alberto J. Moreno, el 1 de enero de 1928, comisionado para tan solemne e histórica ceremonia, por Topete Almada.
Así nació, como semilla de sol en mitad del llano, mi pueblo…
Le saludo, lector.















































