
No voy a evitar la lluvia del silencio cayendo en el fuego de mi sangre que sólo tiene un tiempo y un sonido, para contar las cosas de mis sueños o para decir mi extraña biografía. Simplemente, con transparente voz, con derramada quietud sobre los espasmos de este ambiente, con un grito como flecha, arrojado hasta el cosmos para reventarse en el centro de esta hora, con ese sentimiento diré mi canción, mi nombre y el nombre fuerte de mis padres, no mi biografía. Élla, María, hija de la tierra, del arado, del canto, con el alma limpia predispuesta a la labranza. Él, Juan, marinero, hijo del dolor, jornalero del deber, asalariado de los sueños, que tenía por patria el mar cuando lo besaba el tiempo…
Bernardo Elenes Habas
Poeta, no encarceles tu voz,
Deja que tu palabra
vuele libre en el tiempo.
Que grite su verdad
en manojos de estrofas
que contagien amor,
auroras, horizontes,
que acaricien los días
de sol y sombra leve,
que gocen con la lluvia
germinando semillas,
definiendo el misterio
del fruto y sus delicias…
Poeta, deja que el verbo claro,
ardiente en las llanuras,
reviente sus corolas,
que se vuelvan guitarras
en las manos del viento,
que canten la esperanza
del valle, de la sierra,
del mar, de los desiertos.
Deja que tu palabra
cuando sea preciso,
no por capricho y luces
que te insuflen de gloria,
defienda la esperanza,
se vuelva aguda y firme
-machete campesino-,
cortando malas yerbas,
combatiendo ambiciones,
fulminando injusticias…
No escribas lleno de odios,
de envidias, de rencores,
versos secos, sin luz,
como mala simiente
que apunta contra ti,
volviendo tu alma estéril,
porque desde ese día
dejas de ser poeta…
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