
Aunque representa apenas alrededor del 4 % de la población mundial, Estados Unidos continúa concentrando una parte desproporcionada del poder económico, financiero y estratégico del planeta. Diversos indicadores muestran por qué la economía estadounidense sigue siendo el principal eje del sistema económico global.
En el ámbito financiero, el dólar estadounidense mantiene un papel dominante: se utiliza en cerca del 90 % de las transacciones comerciales internacionales, lo que lo consolida como la principal moneda de referencia para el comercio, las reservas y los mercados financieros. A ello se suma que el mercado de bonos de Estados Unidos alcanza un valor estimado de 58 billones de dólares, lo que equivale aproximadamente al 40 % del mercado mundial de deuda, convirtiéndolo en el más grande y líquido del mundo.
El liderazgo también es evidente en los mercados bursátiles. La mayor parte del valor del mercado accionario global se concentra en empresas estadounidenses, impulsadas por sectores como tecnología, servicios financieros, energía y consumo. Este dinamismo se refleja en la creación de riqueza: 4 de cada 10 millonarios del mundo son ciudadanos de Estados Unidos, y se estima que más de 24 millones de estadounidenses cuentan con un patrimonio superior al millón de dólares.
En términos de respaldo financiero y estabilidad, Estados Unidos posee además alrededor de 8,000 toneladas métricas de oro, la mayor reserva oficial a nivel mundial, lo que refuerza la confianza en su sistema económico y monetario.
A la fortaleza económica se suma el componente estratégico. El país cuenta con el mayor presupuesto de defensa del mundo, cercano al billón de dólares anuales, lo que no solo garantiza su capacidad militar, sino que también influye en la geopolítica, la seguridad de rutas comerciales y la estabilidad de mercados internacionales.
Estos factores explican por qué, a pesar de los cambios en el equilibrio global y el ascenso de nuevas economías, Estados Unidos sigue siendo el principal polo económico del mundo. Su influencia va más allá de su tamaño poblacional: se refleja en el comercio, las finanzas, la generación de riqueza y la toma de decisiones que impactan directamente en la economía global.


























































