En prácticamente cualquier colonia del país —desde barrios populares hasta zonas rurales— hay algo seguro: si alguien ve un perro callejero, tarde o temprano alguien lo llamará “¡ven acá, Firulais!”. La palabra se volvió tan común que parece nombre propio oficial de los canes sin dueño. Pero en realidad no nació en México… ni siquiera nació en español.
El término “Firulais” tiene un origen fronterizo y migratorio, y está directamente relacionado con la historia de la relación México–Estados Unidos, particularmente en la frontera norte a inicios del siglo XX.
La teoría más aceptada: “Free of lice”
La explicación histórica más sólida señala que la palabra proviene del inglés “free of lice”, que significa libre de piojos.
A finales del siglo XIX y principios del XX, cuando trabajadores mexicanos cruzaban hacia Estados Unidos —sobre todo a Texas— las autoridades sanitarias estadounidenses revisaban a las personas… y también a sus mascotas.
Si el perro estaba limpio, sin pulgas ni parásitos, los inspectores colocaban una marca sanitaria y decían:
“This dog is free of lice.”
Los mexicanos, poco familiarizados con el idioma inglés, comenzaron a repetir fonéticamente lo que escuchaban.
“Free of lice” terminó deformándose en:
frí-of-láis → fríoláis → firulais
Con el tiempo la palabra dejó de significar “perro limpio” y pasó a significar simplemente perro, especialmente uno callejero.
Cómo se popularizó en todo México
Lo interesante es que la palabra nació en la frontera norte, pero se expandió por todo el país gracias a:
migración interna de trabajadores ferrocarriles cuarteles militares mercados y plazas públicas
Para mediados del siglo XX ya aparecía en conversaciones cotidianas y décadas después se convirtió en parte del lenguaje popular mexicano.
No es un nombre… es un concepto cultural
“Firulais” no es exactamente un apodo individual; es casi una categoría social. En la cultura popular mexicana describe:
al perro mestizo al perro de la calle al perro noble pero sin dueño al guardián del barrio
Por eso rara vez alguien llama Firulais a un husky o a un pastor alemán de pedigree; el nombre está reservado para el clásico perro criollo que vive afuera de la tienda, de la tortillería o de la casa del vecino.
Una palabra que ya es identidad
Hoy “Firulais” forma parte del español mexicano tanto como “chamaco”, “lonche” o “banqueta”. Incluso se usa metafóricamente:
cuando alguien anda despeinado o desarreglado, se dice que anda “como Firulais”.
Lo curioso es que millones de mexicanos han usado la palabra durante generaciones… sin saber que en realidad estaban pronunciando inglés del siglo XIX.
Así, cada vez que alguien grita en la calle:
“¡Quítate, Firulais!”,
sin darse cuenta está repitiendo una expresión de inspectores sanitarios estadounidenses de hace más de cien años.