Plutarco Riesgo Vásquez
05 de marzo de 2026.
Estaba en la Ciudad de México por motivos que generan alegría y felicidad, porque como dijo Benedetti, a la alegría hay que defenderla como una bandera, como un destino. Pablo, el hijo de Lupita mi vecina, mi amiga entrañable, mi casi hermana,me llama por teléfono y me dice que su mamá tiene un fuerte dolor de cabeza, que ya le dio unas tabletas de paracetamol, pero no mejora. Ella es hipertensa. Las cifras tensionales que detecta distan de ser críticas. Le indico que tome otro analgésico de familia farmacológica diferente y que en una hora le devolvería la llamada para ver como seguía.
Ese día, miércoles, hube de dar la clase que me tocaba en la universidad a través de una plataforma virtual. El tema correspondiente a ese día, era revisar y reflexionar con el grupo, los valores centrales del quehacer clínico, teniendo como referente, para no ser tildado de zafado, prófugo del paradigma biologista, la postura al respecto del Federated Council for Internal Medicine de nuestros vecinos del norte.
Dicho posicionamiento hace patente que el quehacer clínico debería fundamentarse en los siguientes tres pilares: humanismo, profesionalismo y ética. Sin esta cimentación la estructura queda endeble. En la exposición a mis alumnos, les puse como introducción un espléndido cover de una de las canciones más fundamentales de Silvio Rodríguez: La Maza.
Elegí esta interpretación, porque si la casi totalidad del grupo probablemente no tuviera la menor idea de quien es Mercedes Sosa (y también quien sea Silvio Rodríguez), de inmediato reconocerían a su acompañante: Shakira(1). La idea era conseguir que el mensaje fuera captado con facilidad. Como la mayoría de las veces, la clase concluyó y al final, no hubo preguntas, dudas ni comentarios. Quiero pensar que el mensaje fue captado al menos por unos cuantos. La mascota de la universidad es un búho y suelo decirles a l@s muchach@s que son sus dignos representantes: no dicen nada, pero abren muy bien los ojos. No deja de llamarme la atención que ya en los pasillos, se transforman en pericos.
Concluida la clase, procedí a devolverle la llamada a Pablo. Su madre no mejoraba. En un intento de bajarse de la cama se cayó y estaba vomitando. Le sugerí entonces que se fuera al hospital a que la viera un médico no virtual. La atención a través de un teléfono tiene serias limitaciones. Le sugerí a un colega y le pedí que me mantuviera informado. En un lapso de dos horas a lo sumo, basados en los datos clínicos y los hallazgos de una tomografía craneal sin contraste, el diagnóstico se hizo patente: una hemorragia cerebral parenquimatosa. Como diagnóstico diferencial, un probable tumor que sangró.
En vista de la complejidad del caso, la paciente requeriría cuidados intensivos y la valoración urgente por parte de un servicio de neurocirugía. En países como México, en los procesos de salud/enfermedad, los determinantes económicos suelen inclinar la balanza hacia uno u otro lado entre las modalidades asistenciales públicas y privadas. El producto de la ecuación fuecontundente: habría que llevarla al IMSS, institución de la que era derechohabiente. Así se hizo y así también empezó su via crusis.
Súbela a la ambulancia…, deberías irte al servicio de “admisión continua” en el Hospital de Especialidades Nº2 porque es ahí donde están los recursos que tu mamá requiere, pero te va dar para atrás. Esa puerta tiene candado. En cuanto llegues a urgencias en el Hospital General Regional Nº1,muestrales la tomografía y la hoja de traslado del hospital particular donde la atendieron de inicio. Te van a atender rapidísimo y verás que de inmediatola van a pasar al hospital de especialidades.
No voy a entrar en detalles, que aunque resulta indispensable analizarlos punto por punto, la resultante es la que en este caso importa. El servicio de Medicina Crítica, la valoró seis horas después de su llegada a urgencias para rechazarla. Era necesario que primero la viera neurocirugía y pusiera nota. Se sabe que neurocirugía “la valoró”, pero de lejos; NUNCA fue a verla. Vieron sí sus estudios (porque se los llevaron), pero no la vieron a ella. Veinticuatro horas después, los intensivistas regresaron a verla de nuevo, y de nuevo la rechazaron. Sin nota de neurocirugía, la banda industrial no podía avanzar. En la segunda noche en urgencias, gracias a la buena voluntad de colegas quienes como el salmón, nadan contracorriente, se optó por subirla a piso con el propósito de atenderla en un mejor contexto y facilitar el día siguiente el avance “del protocolo”. Esa noche, la familia me lo dijo: “en piso volvimos a ser personas”. Sin embargo, la hemorragia se extendió y en la madrugada, la Lupe falleció.
Dice Silvio en su canción: ¿Qué cosa fuera? ¿Qué cosa fuera corazón, la maza sin cantera?… y se responde en la segunda parte: Un amasijo hecho de cuerdas y tendones, un revoltijo de carne con madera, un instrumento sin mejores resplandores que lucecitas montadas para escena…
Que ella no tenía 20 años, que era muy probable que incluso en la Clínica Mayo en Rochester, el Hospital Israelita Albert Einstein en Sao Paulo, o el Hospital Universitario Karolinska en Estocolmo el resultado hubiera sido similar; puede ser. Pero de lo que también estoy completamente seguro, es que en esos sitios la atención hubiera sido diferente… muy diferente.
Alguien podría citarme al Piporro y recordarme aquello de que with the money dancing the dog, y que en estos menesteres es un determinante vital. Eso no se puede negar, aunque duela. Lo que preocupa en este y muchos otros casos, es como hemos olvidado cada día más, esos valores centrales del quehacer clínico a los que hacía referencia renglones arriba. Como dice la canción, De quien fue la culpa, no quiero saberlo, no si de alguien o fue de la suerte… Pero lo que nadie me quita de la cabeza que si a alguien habría que reclamarle, es a la maza sin cantera.
Una semana después, ya frente al grupo en el campus universitario, revisando otro tema, se abrióen la discusión un vaso comunicante con la temática de la semana pasada y les pregunto a l@smuchach@s su opinión. Nadie me responde… se quedan como búhos. Han de haber pensado: ¿Cuáles son esos pilares fundamentales que sostienen al ejercicio clínico? Además de solo abrir los ojos, levantaron los hombros. Ante las apretadas cargas académicas, su única preocupación son los próximos exámenes parciales a los que en estos días se verán sometidos.
Algo estamos haciendo mal. ¿En el loco afán de enseñarles medicina, dejamos de enseñarles a ser médicos? Pero a Dios gracias, las noches obscuras del alma, no son como en el polo norte. Pronto sale la luz, y el mismo Silvio, nos lo recuerda: …Si no creyera en la balanza, en la razón del equilibrio, si no creyera en el delirio, si no creyera en la esperanza… Si no creyera, si no creyera corazón, estaría chupándome el dedo y comiendo caca, o a lo mejor, haciendo cola en la cruz del norte.
Lupe, nos veremos luego, aunque como le dijo Juba a Maximus Decimus Meridius cuando enterraba en la arena del circo romano las figuras de madera de su esposa y su hijo… aún no.
(1) https://www.youtube.com/watch?v=E_ZVP91RbOw