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Amparo Álvarez Arreola y Carmen Sánchez Corral.-

Primeras Regidoras en el Ayuntamiento de Cajeme durante la administración de don René Gándara Romo (1955-1958).- La comunidad merece ya un museo, donde su raigambre no se extinga y se recuerde a muchos personajes como la doctora Álvarez Arreola y la profesora Sánchez Corral.- Un poema para quienes le dan vida, voz y presencia a Sonora…

Bernardo Elenes Habas

Las actas de Cabildo en Cajeme, dictan la voz de la historia:

La apertura para la mujer en política se marcó durante la administración priísta de don René Gándara Romo (1955-1958), precisamente cuando brotó una fuerte escisión al interior de dicho partido, debido a la insurgencia del “Contrerismo”, propiciado por la CTM, parte del mismo tricolor. Es decir, PRI contra PRI.

Pero no fue solamente una mujer la que entró a la historia del Cabildo de Cajeme, con la atinada visión de justicia propiciada por Gándara Romo, sino dos: Es decir, en su planilla, que fue la triunfadora durante la campaña electoral de 1955, se incluía como regidora propietaria a la doctora Amparo Álvarez Arreola, y llevando de suplente a la recordada profesora Carmen Sánchez Corral, de profunda trayectoria en el campo de la educación regional.

Hoy, en el Día Internacional de la Mujer, cuando la lucha femenina por sus derechos y el respeto a su alta dignidad alcanza niveles heroicos, se convierte en un acto de justicia recordar a las iniciadoras de la inclusión política y social en Cajeme, como es el caso de la doctora Álvarez Arreola y de la profesora Sánchez Corral, pero no solamente para que sus nombres se mencionen en discursos conmemorativos, sino para pensar que algún día posean como otros tantos cajemenses que construyeron este pueblo, un lugar imperecedero para que su trayecto y su legado no se extinga, en lo que debería ser un museo que recoja la raigambre de la comunidad, y por supuesto abrirle paso a un memorial que atesore los nombres y fotografías de las dos primeras regidoras en el Cabildo de don René, junto al trazado humano y social de tantas féminas que en forma anónima algunas y otras con nombre y apellido, han marcado huella luminosa desde los inicios de este pueblo, con los relevos generacionales suscitados hasta la fecha…

Hoy es 8 de marzo, pues, día para abrir las puertas de la historia a las mujeres en sus pueblos, sus ciudades, sus entidades y países…

Rememoro un poema que escribí hace tiempo, recorriendo la geografía del terruño, donde, en cada comunidad de sierra, desierto, pradera, bahía, late el corazón de una mujer que ha contribuido a darle dimensión y luz a Sonora.

I

Mujer de Cananea y Nacozari. Mujer de Caborca y Tubutama. Soñadora de luz, labrando tu huella en el desierto. Abriendo caminos en Altar, en Sáric, en Cajeme, en Huatabampo.

Muchacha del Sonora constelado por espigas de sol y de futuro, deja que desborde mis palabras, mis versos, piedras vivas, lavadas con el agua del río Yaqui, vibrando con relámpagos de agosto, brotando de tus manos, de tus ojos, de tu oleaje marino en que zozobro y me llena de cantos infinitos, y me bautiza hijo:

Tu hijo de la sierra y de los valles. Tu hijo de las costas y praderas. Tu hijo nacido del silencio, del parto sensitivo de los tiempos…

II

Mujer de Sahuaripa y de Hermosillo, amada de los ojos expresivos, los que alumbran la historia de mi pueblo, los que marcan la ruta del amor en el verano y llueven sobre mí aves silvestres, y me dan su calor en el invierno, cuando el tiempo se pierde en los caminos y se hace viejo con sahuaros y mezquites, como viento cargando sus guitarras, llorando cuando baja de la sierra, besando las cruces de los muertos…

III

Mujer de Navojoa y Bacabachi, de Álamos, Quiriego y Tesopaco, muchacha de Cócorit y Vícam, de resolanas metidas en la sangre:

Tú eres la luz que alumbras extensiones. La que forjó familias. La que llenó de vida los pueblos y ciudades. La que le puso nombre y voluntad al horizonte, motivando la siembra en la parcela; buscando la veta en las entrañas de la sierra; esperando en los muelles el regreso de las barcas; desgranando las cuentas del Rosario para que la lluvia hiciera el milagro en los potreros; cantando arrullos de Dios ante la cuna, pidiendo que el sol le diera a tus poblados, el soplo de la vida cada día…

¿Cómo no despertar cada mañana, mirando las espigas en mis manos; sintiendo que corren por mis venas arroyos de pasión y de esperanza; sabiendo que puedo compartir mis horizontes, que puedo escriturar a los niños del futuro la visión plural que me enseñaste?

¿Cómo no sentir el beso de tu amor por la llanura, por los desiertos, los valles y montañas, sin alambradas, sin cercas, sin fronteras, tan solo como el viento que galopa, que se reparte y se derrama en el alma encendida de tus hijos?

Hoy sólo vengo aquí, con mi canción comprometida, con mi bagaje rural y sensitivo, después de luchar contra vicios y egoísmos, después de mirarme en los ojos limpios de los niños de mi pueblo, a recoger tu voz, tu sentimiento, a desgranar la oración que me enseñaste, el juramento de luz por mis raíces, a recordar Abuela, Madre, Esposa, Hija… ¡la sencillez bendita de tu nombre…!

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