Nuevo estudio descubre que los cultivos regados con aguas residuales acumulan fármacos principalmente en las hojas

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nvestigadores descubren que tomates y zanahorias irrigados con aguas residuales almacenan hasta 200 veces más fármacos en hojas que en frutos.

  • Escasez creciente de agua dulce en agricultura.
  • Uso cada vez mayor de aguas residuales tratadas para riego.
  • Fármacos presentes en el agua: antidepresivos, anticonvulsivos.
  • Las hojas concentran la mayor parte de los compuestos absorbidos por la planta.
  • Frutos y raíces con concentraciones mucho menores.
  • Diferencias importantes entre medicamentos en su comportamiento dentro de la planta.
  • Necesidad de entender mejor el ciclo de estos compuestos en la agricultura moderna.

Cultivos irrigados con aguas residuales almacenan fármacos en sus hojas

En muchas regiones áridas del planeta —desde zonas del Mediterráneo hasta amplias áreas de Oriente Medio, California o el norte de África— el agua dulce disponible para la agricultura disminuye año tras año. Sequías más frecuentes, acuíferos sobreexplotados y una demanda alimentaria creciente están empujando a los agricultores hacia una alternativa que hace unas décadas generaba bastante recelo: el uso de aguas residuales urbanas tratadas para regar cultivos.

No es una práctica marginal. En países como España, Israel o Australia, la reutilización de agua depurada ya forma parte de las estrategias oficiales de gestión hídrica. Sin embargo, incluso tras los procesos de tratamiento, estas aguas pueden contener trazas diminutas de compuestos farmacéuticos procedentes del consumo humano.

Aquí surge la pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando esas moléculas llegan a los cultivos?

Una investigación reciente de la Universidad Johns Hopkins aporta una pista interesante y bastante tranquilizadora.

Uso de aguas residuales para irrigar cultivos

El estudio se centra en comprender cómo absorben las plantas los compuestos farmacéuticos presentes en el agua de riego. La cuestión no es trivial. Los tratamientos de depuración eliminan gran parte de los contaminantes, pero algunos compuestos persistentes pueden sobrevivir al proceso en concentraciones muy bajas.

Los investigadores cultivaron tomates, zanahorias y lechugas en condiciones controladas y expusieron las plantas a soluciones que contenían pequeñas cantidades de medicamentos detectados habitualmente en aguas residuales tratadas.

Entre ellos se encontraban carbamazepina, lamotrigina, amitriptilina y fluoxetina, fármacos utilizados para tratar epilepsia, trastorno bipolar o depresión. Durante 45 días se analizaron hojas, raíces y frutos para observar dónde terminaban realmente estas moléculas dentro de la planta.

El resultado fue bastante claro: la mayor parte de los compuestos se acumulaba en las hojas.

Las hojas actúan como depósito

Las hojas funcionaron, en la práctica, como un sumidero químico.

Las hojas de tomate mostraron concentraciones más de 200 veces superiores a las detectadas en los propios tomates. En el caso de las zanahorias, las hojas contenían aproximadamente siete veces más fármaco que la raíz comestible.

Esto tiene una explicación sencilla relacionada con la fisiología vegetal. El agua absorbida por las raíces asciende a través de los tejidos de la planta hasta llegar a las hojas, impulsada por la transpiración. En ese flujo viajan nutrientes… y cualquier sustancia disuelta en el agua.

Cuando el agua se evapora a través de los estomas, los compuestos químicos no pueden escapar con la misma facilidad. Poco a poco quedan atrapados en los tejidos de la hoja, donde la planta intenta almacenarlos en vacuolas o integrarlos en estructuras celulares.

No es que la planta los “quiera”. Simplemente no tiene un sistema eficaz para expulsarlos.

No todos los fármacos se comportan igual

Otro aspecto interesante del estudio es que no todos los medicamentos mostraron el mismo comportamiento.

La lamotrigina, por ejemplo, apareció en concentraciones muy bajas en casi todos los tejidos analizados. En cambio, la carbamazepina mostró una mayor tendencia a acumularse, incluso en partes comestibles como raíces o frutos.

Esto no significa necesariamente que exista un riesgo sanitario inmediato. Las concentraciones detectadas son extremadamente bajas. Pero sí señala algo importante: algunos compuestos tienen más facilidad para viajar por el interior de las plantas.

Y eso puede orientar futuras evaluaciones de seguridad alimentaria.

El futuro del riego con aguas reutilizadas

La reutilización de aguas depuradas se perfila como una pieza clave en la adaptación agrícola al cambio climático. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura lleva años advirtiendo que la agricultura consume alrededor del 70 % del agua dulce mundial, una presión difícil de sostener en regiones con sequías recurrentes.

En Europa, por ejemplo, el Reglamento de reutilización del agua aprobado en 2020 establece criterios comunes para usar aguas regeneradas en agricultura con garantías sanitarias.

Sin embargo, la ciencia aún está afinando detalles importantes: qué compuestos deben monitorizarse, cómo se comportan dentro de las plantas y qué niveles podrían ser relevantes a largo plazo.

Este tipo de estudios no busca alarmar. Más bien todo lo contrario: aportar datos concretos para diseñar regulaciones más precisas y realistas.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

El uso de agua reutilizada en agricultura tiene implicaciones ambientales complejas, algunas positivas y otras que todavía se están estudiando.

Por un lado, permite reducir la presión sobre ríos, embalses y acuíferos, algo crucial en regiones donde el estrés hídrico ya es severo. Cada metro cúbico de agua regenerada utilizado en el campo es un metro cúbico menos extraído de ecosistemas naturales.

Además, estas aguas suelen contener nutrientes residuales como nitrógeno y fósforo, lo que puede disminuir parcialmente la necesidad de fertilizantes sintéticos.

Pero también existe el reverso: la introducción constante de microcontaminantes emergentes —fármacos, productos de cuidado personal o metabolitos— en suelos agrícolas podría alterar lentamente los microorganismos del suelo o los ciclos biogeoquímicos.

Aún se sabe poco sobre estos efectos acumulativos. De ahí la importancia de seguir investigando.

Fuente: ecoinventos.com