
Tus salmos presagian las tormentas. De pie ante el mundo convocas cataclismos. Cargan tus manos siglos y leyendas. Agitas tus espigas contra distantes geologías, donde tatuaron sus raíces las palabras. El rumor del mar lame la caligrafía de sal de tu silueta. Te diluyes silente en el incendio sin fin del horizonte. Navegas olfateando la ruta de tus sueños, te bebes la distancia lanzando tus redes a los astros; la noche juega con tus manos, aves acribilladas de lluvias y de sombras…
Bernardo Elenes Habas
Se incendian mis espejos
en el asalto
del sueño y sus abismos.
Mis manos acarician
el agua de tu voz,
se llenan de tu ser
en el eterno vaivén
del mar y sus borrascas.
Hablo bajo la lluvia,
avizoro distancias,
presiento el horizonte
donde aguarda la vida…
Recibo la tormenta,
me envuelvo en su pelo
líquido, acaricio
sus muslos,
navego el remolino
de su vientre,
hurgo entre sus galaxias
como náufrago ebrio
bebiendo sus temblores,
la flor de sus orgasmos…
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