
Un pueblo con raíces no puede reinventarse, porque tendrían que arrancar sus sueños de la tierra, remover el cauce de sus ríos, la infinita pureza de su sierra, el calcinante abecedario del desierto, sus bahías olorosas a salmuera, el corazón originario de su gente. Un pueblo con historia no está a merced de verbos y conquistas, de turnos caprichosos por los géneros, de ideologías repartidas en hostias o consignas, de lealtades obtenidas en la subasta financiera del dolor y la injusticia.
Bernardo Elenes Habas
Un pueblo con raíces
no puede reinventarse,
porque tendrían
que arrancar sus sueños
de la tierra,
remover el cauce
de sus ríos,
la infinita pureza
de su sierra,
del desierto,
sus bahías olorosas
a salmuera,
el corazón originario
de su gente.
Un pueblo con historia,
no está a merced
de verbos y conquistas,
de turnos caprichosos
por los géneros,
de ideologías
repartidas en hostias
o consignas,
de lealtades obtenidas
en la subasta
financiera del dolor
y la injusticia.
Un pueblo con historia,
camina solitario
los rumbos cardinales
de la Patria,
canta su nombre
con voces de tambores,
lleva en sus manos
el sol de su esperanza,
porque ahora y siempre
ha sabido
lo que quiere:
seguir llamándose Sonora.
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