La inteligencia artificial permite diseñar nuevos bacteriófagos en un avance científico

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La inteligencia artificial continúa ampliando sus aplicaciones en la investigación científica. Un estudio realizado por investigadores de Stanford y el Arc Institute mostró que un modelo especializado puede generar secuencias genéticas nuevas que, posteriormente, pueden dar lugar a bacteriófagos funcionales.

La investigación, publicada en agosto de 2026, utilizó Evo 2, un modelo de inteligencia artificial diseñado para trabajar con información genética. El sistema fue entrenado con una enorme cantidad de datos de ADN y puede analizar secuencias biológicas de gran extensión.

Los investigadores pusieron a prueba el modelo utilizando como referencia bacteriófagos que infectan bacterias como Escherichia coli. A partir de esa información, la inteligencia artificial propuso nuevas secuencias genéticas con características similares a las de los virus utilizados como referencia.

El proceso requirió posteriormente la intervención de los científicos. Se generaron numerosas propuestas y algunas fueron seleccionadas para su síntesis y evaluación experimental. De las secuencias que pudieron producirse en el laboratorio, un grupo mostró capacidad para formar bacteriófagos capaces de infectar bacterias.

El resultado es relevante porque demuestra que los modelos de IA pueden pasar de analizar información biológica existente a proponer nuevas secuencias genéticas que después pueden ser evaluadas en condiciones experimentales. Esto abre posibilidades para desarrollar herramientas destinadas a estudiar microorganismos y sus interacciones con las bacterias.

Una de las aplicaciones que se investiga en este campo es el uso de bacteriófagos como una posible alternativa o complemento frente a las infecciones provocadas por bacterias resistentes a los antibióticos. No obstante, estos posibles usos todavía requieren investigación adicional y controles rigurosos antes de convertirse en tratamientos médicos.

El avance también plantea desafíos relacionados con la bioseguridad. Los investigadores señalaron la importancia de establecer medidas que eviten que herramientas capaces de generar secuencias biológicas puedan utilizarse para propósitos perjudiciales. Por esta razón, el desarrollo de este tipo de modelos debe acompañarse de mecanismos de supervisión, evaluación de riesgos y normas científicas.

Además, es importante aclarar que la inteligencia artificial no creó por sí sola un organismo completo. El modelo generó propuestas de secuencias genéticas y los investigadores realizaron posteriormente la síntesis y las pruebas necesarias para determinar cuáles podían funcionar.

El estudio representa así un paso importante en la combinación de inteligencia artificial y biología. Al mismo tiempo, demuestra que los avances tecnológicos deben desarrollarse junto con medidas de seguridad que permitan aprovechar sus beneficios científicos sin ignorar los posibles riesgos.