
El licopeno, uno de los principales compuestos responsables del color rojo del tomate, ha sido relacionado con distintos efectos favorables para el organismo. Nuevos estudios también analizan su posible relación con la salud del hígado.
El tomate, un alimento habitual en la cocina mexicana, contiene vitaminas, minerales y compuestos vegetales que han despertado el interés de investigadores. Entre ellos destaca el licopeno, un pigmento de la familia de los carotenoides que posee propiedades antioxidantes.
Los antioxidantes ayudan a proteger a las células frente al estrés oxidativo, un proceso relacionado con el daño celular. Por esta razón, el licopeno ha sido estudiado por su posible participación en la protección cardiovascular y en otros procesos relacionados con la salud.
¿Qué se sabe sobre el corazón?
Diversas investigaciones han analizado la relación entre el consumo de tomate, los niveles de licopeno y la salud cardiovascular. Algunos resultados sugieren que las personas con concentraciones más elevadas de este compuesto podrían presentar un menor riesgo de ciertos problemas cardiovasculares.
Sin embargo, estos resultados no significan que comer tomate por sí solo pueda evitar un accidente cerebrovascular o una enfermedad del corazón. La salud cardiovascular depende de múltiples factores, entre ellos la alimentación general, la actividad física, la presión arterial, el colesterol y otros aspectos del estilo de vida.
Por ello, el tomate puede formar parte de una alimentación saludable, pero no debe considerarse un tratamiento médico.
También investigan sus efectos sobre el hígado
La relación entre el tomate y la salud hepática cuenta con resultados recientes. Un ensayo clínico publicado en 2026 estudió a 79 adultos con enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD.
Los participantes fueron divididos en dos grupos. Durante seis semanas, uno consumió diariamente 200 gramos de tomate crudo y 50 gramos de salsa de tomate, mientras que el grupo de control siguió una alimentación sin tomate.
Al finalizar el periodo de estudio, ambos grupos mostraron una reducción de la grasa acumulada en el hígado, pero la disminución fue mayor entre quienes consumieron los productos de tomate.
El licopeno es uno de los componentes bajo investigación
El interés científico se debe, en parte, a que el tomate es una fuente importante de licopeno. Este compuesto ha sido estudiado por sus propiedades antioxidantes y por su posible participación en procesos relacionados con la inflamación y el metabolismo.
Además, investigaciones recientes han evaluado productos de tomate ricos en carotenoides como una posible herramienta nutricional para personas con MASLD. En uno de estos ensayos, realizado durante 12 semanas, se observó una reducción mayor de la grasa hepática en los participantes que consumieron una salsa de tomate rica en carotenoides frente al grupo de control.
Aun así, los investigadores señalan que hacen falta más estudios para determinar qué componentes del tomate son responsables de estos efectos y qué tan importantes pueden ser a largo plazo.
Un alimento que puede formar parte de una dieta equilibrada
Los resultados disponibles hacen del tomate un alimento interesante desde el punto de vista nutricional. Su contenido de licopeno y otros nutrientes puede contribuir a una alimentación variada, especialmente cuando se consume como parte de un patrón alimentario saludable.
La evidencia científica, sin embargo, no permite afirmar que el tomate sea una cura para enfermedades cardiovasculares o hepáticas. Sus posibles beneficios deben entenderse dentro del conjunto de hábitos que ayudan a mantener una buena salud.
Los investigadores continúan estudiando cómo los compuestos presentes en frutas y verduras pueden influir en enfermedades metabólicas y cardiovasculares. Por ahora, el tomate destaca como un alimento nutritivo cuyo papel en la prevención y el cuidado de la salud continúa siendo objeto de investigación.