
La estructura en espiral de este diente, que puede alcanzar varios metros de longitud, ha sido objeto de numerosos estudios para comprender cómo logra mantenerse funcional pese a sus dimensiones.
El narval es uno de los animales más reconocibles del Ártico gracias al largo colmillo que sobresale de su cabeza. Durante siglos, esta característica alimentó la leyenda del unicornio, pero para la ciencia se trata de una estructura dental con propiedades bastante particulares.
En los machos, uno de los dientes superiores suele desarrollarse hasta convertirse en un colmillo que puede acercarse a los 3 metros de longitud. En raras ocasiones, un ejemplar puede desarrollar dos.
Una espiral que nace en el propio diente
El colmillo del narval no es completamente liso. Su superficie presenta un patrón helicoidal que ha llamado la atención de los investigadores durante décadas.
Un estudio publicado en Data in Brief analizó matemáticamente la geometría de esta estructura y calculó el ángulo de inclinación de los elementos que forman la espiral. Los investigadores determinaron una inclinación aproximada de 66.9 grados, aportando datos que pueden servir para estudiar cómo está organizado este diente.
El colmillo está formado principalmente por dentina y posee una estructura interna particular. A diferencia de la idea popular de un “cuerno”, en realidad se trata de un diente modificado que crece desde la mandíbula superior.
¿Para qué utiliza el narval su colmillo?
La función exacta del colmillo todavía no está completamente resuelta. Durante mucho tiempo se pensó que podía utilizarse principalmente durante enfrentamientos entre machos, y se han observado ejemplares cruzando sus colmillos.
También existen investigaciones que apuntan a una posible función sensorial. La superficie del diente está conectada con estructuras nerviosas y podría permitir al animal percibir determinadas características de su entorno. Sin embargo, los científicos continúan estudiando cuál es la importancia de cada una de estas funciones.
De mito medieval a objeto de estudio
Mucho antes de que los investigadores pudieran analizar su estructura, los colmillos de narval llegaron a Europa y fueron considerados por algunas personas como auténticos cuernos de unicornio. Incluso se les atribuyeron propiedades extraordinarias.
Hoy se sabe que aquellas piezas provenían de un mamífero marino adaptado a las condiciones del Ártico. Su peculiar forma sigue siendo motivo de investigación, tanto por su biología como por las propiedades mecánicas de la dentina y las fibras que forman el diente.
El narval demuestra así que una característica que durante siglos alimentó historias fantásticas también puede convertirse en una fuente de información para estudiar la evolución y la adaptación de los animales a ambientes extremos.