
Investigadores del Imperial College London desarrollaron sistemas de inteligencia artificial capaces de obtener información adicional de un electrocardiograma (ECG), un estudio que registra la actividad eléctrica del corazón y que se utiliza habitualmente para evaluar el ritmo cardíaco.
La tecnología busca identificar señales que pueden pasar inadvertidas durante una revisión convencional del ECG. Entre las aplicaciones estudiadas se encuentra la detección de enfermedades estructurales del corazón, incluida la insuficiencia cardíaca y algunas alteraciones de las válvulas cardíacas.
Una nueva forma de aprovechar el ECG
El ECG es una prueba rápida y ampliamente disponible, pero tradicionalmente se utiliza principalmente para detectar alteraciones del ritmo y otras señales eléctricas del corazón. Para conocer con mayor detalle la estructura y el funcionamiento cardíaco suele ser necesario realizar estudios adicionales, como un ecocardiograma.
Los investigadores del National Heart and Lung Institute del Imperial College London entrenaron modelos de inteligencia artificial para reconocer patrones muy sutiles presentes en las señales eléctricas. De esta manera, el sistema puede señalar posibles problemas que posteriormente deben confirmarse mediante estudios médicos convencionales.
El profesor Fu Siong Ng, quien dirige parte de esta investigación, explicó que uno de los objetivos es que un ECG realizado por cualquier motivo médico pueda aportar información adicional sobre enfermedades que todavía no fueron diagnosticadas.
De la investigación a los hospitales
Uno de los proyectos relacionados con esta tecnología es AIRE, un sistema de análisis basado en inteligencia artificial que ha sido estudiado para estimar distintos riesgos relacionados con la salud a partir de un ECG. Investigaciones previas del equipo mostraron que el modelo podía identificar patrones asociados con el riesgo de desarrollar enfermedades y con la mortalidad futura.
La investigación también se ha extendido a las enfermedades de las válvulas cardíacas. Estudios publicados en el ámbito de la Sociedad Europea de Cardiología han evaluado modelos de IA capaces de utilizar un ECG para identificar pacientes que podrían presentar alteraciones valvulares y que, por lo tanto, podrían beneficiarse de una evaluación mediante ecocardiografía.
¿Qué podría cambiar?
Si estas herramientas demuestran su eficacia y seguridad en la práctica clínica, podrían ayudar a los médicos a decidir qué pacientes necesitan estudios cardíacos adicionales con mayor prioridad. Esto podría facilitar la detección temprana de algunas enfermedades y contribuir a organizar mejor los recursos disponibles.
Sin embargo, la inteligencia artificial no sustituye al cardiólogo ni confirma por sí sola una enfermedad. Un resultado generado por estos sistemas debe interpretarse junto con la historia clínica, la evaluación médica y, cuando corresponda, pruebas como el ecocardiograma.
El equipo de Imperial College London trabaja actualmente en trasladar esta tecnología desde la investigación hacia aplicaciones clínicas y dispositivos portátiles de ECG. El objetivo final es conseguir herramientas que puedan utilizarse de manera práctica para mejorar la detección temprana de enfermedades cardiovasculares.