Ícono del sitio Noticias Vanguardia Sonora

Identifican una proteína que podría influir en la preferencia por alimentos grasos

Una investigación realizada en Japón encontró que la proteína OPA1 podría estar relacionada con la forma en que el cerebro regula el consumo de grasas y el aumento de peso.

Un equipo de científicos de la Universidad Metropolitana de Osaka, en Japón, encontró una posible relación entre una proteína presente en las mitocondrias de ciertas neuronas y la tendencia a consumir alimentos con alto contenido de grasa.

El estudio se enfocó en la proteína OPA1 y en un grupo de neuronas del hipotálamo que producen el receptor de melanocortina 4, conocido como MC4R. Estas células participan en procesos relacionados con el hambre, la sensación de saciedad y el control del peso corporal.

Para investigar la función de OPA1, los especialistas realizaron experimentos con ratones modificados genéticamente. En estos animales se eliminó la proteína específicamente de las neuronas MC4R. Posteriormente, los roedores recibieron una alimentación habitual y tuvieron la posibilidad de consumir aceite de soja durante varias semanas.

Los investigadores observaron que los animales sin OPA1 en dichas neuronas tendían a consumir una mayor cantidad de aceite de soja. Con el paso del tiempo, también registraron un incremento de la grasa corporal. En algunos casos, estos cambios comenzaron a aparecer antes de que se detectara un aumento evidente del peso.

El efecto fue diferente entre machos y hembras. Las hembras que carecían de OPA1 mostraron una respuesta más temprana y, además, presentaron mayores niveles de glucosa, triglicéridos y ácidos grasos en la sangre después de consumir el aceite.

Los científicos consideran que las hormonas sexuales podrían contribuir a explicar estas diferencias. En particular, señalan que los estrógenos podrían influir en la manera en que las neuronas relacionadas con el apetito responden a determinados tipos de grasa.

Otro hallazgo fue que el consumo de aceite de soja produjo modificaciones en algunos genes vinculados con el control del apetito. Esto sugiere que la regulación del comportamiento alimentario podría depender de la interacción entre las señales del cerebro, las hormonas y el funcionamiento de las mitocondrias.

Sin embargo, los resultados no significan que la proteína OPA1 determine por sí sola que una persona desarrolle obesidad. El experimento se realizó en ratones y se concentró específicamente en el consumo de aceite de soja, por lo que todavía se necesitan investigaciones para saber si este mecanismo funciona de la misma manera en los seres humanos.

Los investigadores esperan que futuros estudios permitan comprender mejor cómo las células cerebrales detectan y responden a distintos tipos de grasas. Estos conocimientos podrían contribuir a explicar algunos de los mecanismos biológicos relacionados con el apetito y el control del peso.

Salir de la versión móvil