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El Niño podría alcanzar niveles históricos y elevar el riesgo de fenómenos climáticos extremos

El fenómeno climático El Niño continúa fortaleciéndose en el océano Pacífico y podría convertirse en uno de los episodios más intensos registrados desde mediados del siglo XX. Las proyecciones científicas apuntan a que alcanzaría su punto máximo alrededor de diciembre de 2026, lo que incrementaría la posibilidad de alteraciones meteorológicas en diferentes partes del mundo.

En un informe publicado el 8 de octubre, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió que las temperaturas superficiales del Pacífico tropical central y oriental podrían llegar a valores sin precedentes durante los últimos meses del año. Los pronósticos estiman una anomalía cercana a los 3.7 grados Celsius en la región Niño 3.4, una de las principales zonas utilizadas para medir la intensidad del fenómeno.

Esta cifra corresponde a una proyección de la temperatura del mar por encima del promedio histórico, no a una temperatura absoluta del agua. De cumplirse, superaría el máximo registrado durante el episodio de 2015-2016, cuando la anomalía alcanzó aproximadamente 2.6 grados Celsius.

El calentamiento del océano, una señal de alerta

El Niño es un fenómeno natural que se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se calientan por encima de sus valores habituales y provocan cambios en la circulación atmosférica. Aunque forma parte de la variabilidad natural del clima, sus efectos ocurren actualmente en un planeta que ya registra un calentamiento sostenido debido a las emisiones de gases de efecto invernadero.

La combinación de ambos procesos puede contribuir a que las temperaturas globales alcancen niveles especialmente elevados. Sin embargo, los especialistas distinguen entre el calentamiento provocado por la actividad humana y los cambios temporales asociados con El Niño.

El Centro de Predicción Climática de Estados Unidos también informó en septiembre que existía una probabilidad superior al 90 por ciento de que el fenómeno alcanzara una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno del hemisferio norte.

Sequías e inundaciones entre los posibles efectos

Las consecuencias de El Niño no son iguales en todos los países. En algunas regiones puede disminuir las precipitaciones y aumentar el riesgo de sequías, mientras que en otras favorece lluvias intensas e inundaciones.

Experiencias anteriores muestran la magnitud que pueden alcanzar estas alteraciones. Durante los episodios de 1997-1998 y 2015-2016, varias zonas del sudeste asiático sufrieron sequías e incendios forestales, mientras que distintas áreas de África oriental registraron inundaciones y otros problemas asociados con las lluvias extremas.

Estos antecedentes sirven para evaluar los riesgos del episodio actual, aunque no significan que los mismos acontecimientos vayan a repetirse. La intensidad del fenómeno oceánico, por sí sola, no permite determinar con exactitud qué ocurrirá en una localidad específica.

En el ámbito de los ciclones tropicales, El Niño también modifica las condiciones atmosféricas que favorecen la formación y el desarrollo de tormentas. En términos generales, suele reducir la actividad de huracanes en el Atlántico y favorecerla en algunas zonas del Pacífico, aunque el comportamiento de cada temporada depende de otros factores.

El cambio climático añade presión

El calentamiento global constituye otro elemento importante para comprender el escenario previsto para los próximos meses. Los océanos han absorbido gran parte del exceso de calor acumulado en el sistema climático, mientras que El Niño puede transferir parte de esa energía hacia la atmósfera y modificar temporalmente las temperaturas mundiales.

Por esta razón, los científicos consideran que 2026 podría ubicarse entre los años más cálidos registrados. La influencia del fenómeno también podría prolongarse hasta 2027, aunque las condiciones concretas dependerán de la evolución del océano y de otros factores climáticos.

La OMM señala que las previsiones estacionales permiten anticipar tendencias generales, pero no sustituyen los pronósticos regionales ni garantizan que se produzca un desastre determinado. Por ello, los servicios meteorológicos recomiendan prestar atención a las alertas oficiales y a las actualizaciones sobre lluvias, temperaturas y disponibilidad de agua.

El fortalecimiento de El Niño vuelve a poner de manifiesto la relación entre los océanos y el clima mundial. En los próximos meses, el seguimiento científico será fundamental para precisar la intensidad que alcanzará el episodio y evaluar sus posibles consecuencias para las comunidades, los ecosistemas y las actividades económicas.

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