Ícono del sitio Noticias Vanguardia Sonora

ELEGÍA [a un preceptor]

Plutarco Riesgo Vásquez

 

“…Un manotazo duro, un golpe helado,

un hachazo invisible y homicida,

un empujón brutal te ha derribado…

A las aladas almas de las rosas

del almendro de nata te requiero,

que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero.”

Miguel Hernández

 

Tenía apenas tres años de haber terminado la residencia, cuando lo leí por vez primera en la biblioteca del hospital donde trabajaba (1988). La afinidad por sus posturas fue inmediata. Desde entonces hasta la fecha, nunca más dejé de seguir su trayectoria de pensamiento. Cinco años después, en cuanto pude, busqué un espacio durante mi entrenamiento en epidemiología clínica (marzo de 1993), toqué la puerta de su oficina y me identifiqué. Me recibió con su amplia sonrisa: Pasa Plutarco, así se llama el muñeco preferido de mi hija… Esos encuentros se repitieron dos veces al mes durante el resto de ese año. Eran charlas en las que se comentaban las lecturas que me sugería;hablábamos de sueños, y escudriñábamos alternativas de los problemas cotidianos. La risa nunca faltó, salpicada algunas veces con frustraciones y encabronamientos. Concluida mi formación, regresé a Sonora y nunca más nos volvimos a ver, pero la vía epistolar, nunca dejó de operar, tres veces al año en promedio. Durante mi maestría en educación los correos fueron más frecuentes. La última vez que contactamos, fue en mayo de este año, a propósito del fallecimiento de Edgar Morín. 

 

El jueves 8 del mes en curso, me desconecté del mundo exterior por un viaje familiar y ayer(16/X/26), ya de regreso, en el aeropuerto, mi compañera de fórmula me muestra el escrito de Luis Muñoz Fernández publicado en el Heraldo de Aguascalientes, que los reumatólogos habían subido a su chat (*). Un baldazo de agua helada. Leonardo, el preceptor, el colega, el amigo, había levantado el vuelo en su viaje de regreso al Padre. La medicina mexicana ha perdido a una de sus mentes más lúcidas, un adalid de la educación, de los que como los garbanzos de una libra, no se dan todos los días.  Iconoclasta, pero al mismo tiempo autor de propuestas vanguardistas que por atrevidas, a no pocos les generaba estupor.  

 

No deja de llamarme la atención lo que la muerte puede hacer respecto a las trayectorias de las personas. ¿Por qué tiene uno que pasar a la categoría de difunto para que se hagan patentes los logros y aportaciones que hubiere hecho, en vez de hacerlo durante la existencia terrena?  Quedan para siempre los escritos de Leonardo Viniegra Velázquez. En mis interacciones con él, varias veces puse sobre la mesa la Utopia de Serrat y él en sus respuestas me hacía tangible la sentencia de Scott Fitzgerald: “hay que tener certeza de que las cosas no tienen remedio, pero a pesar de todo, empecinarse en cambiarlas”. 

 

Gracias Leonardo por todo lo que nos dejas. Descansa y goza sin prisas al escuchar donde estés, La pastoral de Beethoven. 

 

(*)  https://www.heraldo.mx/leonardo-viniegra-mentor-y-complice/

Salir de la versión móvil