
La normativa comenzará a aplicarse el 1 de enero de 2027 y obligará a las plataformas digitales a verificar la edad de sus usuarios. El Gobierno busca proteger la salud mental de niños y adolescentes, mientras surgen interrogantes sobre la privacidad y la libertad en internet.
Grecia dio un paso importante en la regulación del entorno digital al aprobar una ley que impedirá a los menores de 15 años acceder a las redes sociales contempladas en la normativa. La decisión, adoptada por el Parlamento el 23 de octubre de 2026, forma parte de una estrategia gubernamental para reducir los riesgos asociados al uso de estas plataformas durante la infancia y la adolescencia.
La medida entrará en vigor el 1 de enero de 2027 y trasladará a las empresas tecnológicas la responsabilidad de establecer mecanismos eficaces para comprobar la edad de quienes utilizan sus servicios.
El Gobierno del primer ministro Kyriakos Mitsotakis sostiene que el uso intensivo de las redes sociales puede afectar el descanso, la concentración y el bienestar emocional de los jóvenes. También busca responder a preocupaciones relacionadas con el acoso digital y la exposición a contenidos perjudiciales.
Verificación de edad sin comprometer los datos personales
Uno de los principales desafíos será impedir que los menores eludan la restricción sin obligar a todos los usuarios a entregar información personal innecesaria.
Entre las alternativas que se han planteado figura el uso de herramientas digitales del Estado griego, como Gov.gr Wallet y Kids Wallet, que podrían ayudar a comprobar si una persona cumple con la edad mínima sin revelar su nombre completo ni su fecha exacta de nacimiento a las plataformas.
No obstante, las empresas podrán desarrollar sus propios mecanismos de verificación. El objetivo será encontrar un equilibrio entre el cumplimiento de la ley, la protección de los datos personales y la facilidad de acceso para los usuarios adultos.
Salud mental y seguridad infantil en el centro del debate
La iniciativa responde a una preocupación cada vez más extendida entre familias, educadores y autoridades sanitarias: los posibles efectos de un uso excesivo de las redes sociales durante las etapas de desarrollo.
La exposición constante a notificaciones, recomendaciones automatizadas y desplazamiento interminable de publicaciones puede interferir con los hábitos de sueño y favorecer experiencias negativas en línea. El ciberacoso y el contacto con desconocidos también forman parte de los riesgos que preocupan a las autoridades.
Sin embargo, la eficacia de una prohibición general dependerá de cómo se aplique y de si consigue reducir esos riesgos sin desplazar a los menores hacia espacios digitales menos supervisados.
Una decisión que divide opiniones
La nueva legislación también ha generado interrogantes sobre los derechos digitales de los jóvenes. Quienes respaldan las restricciones consideran que las empresas deben asumir una mayor responsabilidad en la protección de sus usuarios menores de edad.
Por otro lado, sus críticos advierten que los límites basados exclusivamente en la edad podrían restringir formas legítimas de comunicación, participación social y acceso a información. También cuestionan la eficacia de estos mecanismos si la verificación de edad resulta fácil de eludir o exige recopilar demasiados datos personales.
El debate no se limita a Grecia. Otros países estudian medidas similares, mientras gobiernos y organismos europeos discuten cómo establecer reglas comunes para proteger a los menores en internet.
Un precedente para la regulación digital europea
Con la entrada en vigor prevista para enero de 2027, Grecia se suma a la tendencia internacional de establecer límites más estrictos al acceso de niños y adolescentes a las redes sociales.
La aplicación de la ley permitirá evaluar si estas restricciones contribuyen a mejorar la seguridad digital y el bienestar de los menores, así como sus posibles consecuencias para la privacidad y la participación en línea.
El desafío será convertir la nueva normativa en una herramienta de protección efectiva, sin perder de vista la importancia de la educación digital, la supervisión familiar y el diseño de plataformas más seguras para todas las edades.