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ADN encontrado en una cueva de España revela cómo vivían las poblaciones humanas durante la última glaciación

El análisis de sedimentos de la cueva de El Mirón permitió recuperar información genética de hace aproximadamente 22 mil años, aportando nuevas pistas sobre los antepasados de los europeos y sus desplazamientos durante la prehistoria.

Un descubrimiento científico en el norte de España está ampliando el conocimiento sobre las primeras poblaciones humanas de Europa. Investigadores lograron recuperar ADN humano antiguo directamente del suelo de la cueva de El Mirón, sin necesidad de encontrar huesos o esqueletos, una técnica que podría transformar la manera en que se estudian las sociedades prehistóricas.

El material genético, cuya antigüedad se estima en unos 22 mil años, quedó conservado en los sedimentos de la cueva y habría llegado hasta allí mediante restos microscópicos de piel, cabello y otros materiales biológicos desprendidos por personas que utilizaron el refugio durante uno de los periodos más fríos de la última glaciación.

El procedimiento representó un importante desafío para los científicos. La muestra analizada era extremadamente pequeña, por lo que fue necesario someterla a múltiples procesos de secuenciación y examinar más de mil millones de fragmentos genéticos. Además, el equipo tuvo que distinguir el ADN prehistórico de posibles contaminantes procedentes de personas y organismos modernos.

Los resultados permitieron identificar información sobre los grupos humanos que habitaron el suroeste europeo durante el Pleistoceno Superior, una etapa en la que los restos óseos humanos son particularmente escasos.

De acuerdo con el análisis genético, los individuos identificados en El Mirón presentan características de ascendencia vinculadas con antiguas poblaciones occidentales de Europa. Los investigadores también encontraron indicios de que el material genético procedía de varias personas, con una representación masculina superior a la femenina.

La información genética ofrece nuevas pistas sobre la composición de estas comunidades, aunque no permite establecer con certeza las características físicas de todos sus integrantes.

Uno de los aspectos más relevantes del estudio fue la comparación con otros restos humanos prehistóricos encontrados en distintas zonas del continente. Entre ellos se incluyeron muestras de una mujer que vivió en Francia hace aproximadamente 31 mil años y un diente humano del norte de España con una antigüedad cercana a los 25 mil años.

Estos materiales presentaban componentes de ascendencia oriental que no fueron identificados en la muestra de El Mirón. La diferencia plantea nuevas preguntas sobre los contactos y desplazamientos de las comunidades humanas antes y durante el periodo de máximo enfriamiento de la última glaciación.

Los investigadores consideran que pudo existir intercambio genético entre poblaciones de distintas regiones europeas antes de que las condiciones climáticas alcanzaran sus niveles más extremos. Sin embargo, los resultados de El Mirón apuntan a una mayor continuidad de la ascendencia occidental en el suroeste del continente durante el periodo estudiado.

Este hallazgo contribuye a comprender cómo sobrevivieron y se reorganizaron los grupos de cazadores-recolectores frente a los cambios ambientales que caracterizaron aquella época.

La investigación también destaca el potencial del ADN ambiental o sedimentario, conocido como sedaDNA, una herramienta que permite recuperar información genética de organismos que estuvieron presentes en un lugar, incluso cuando no se conservan sus restos físicos.

Esta metodología ya ha proporcionado resultados importantes en otros sitios arqueológicos. En 2021, científicos identificaron material genético humano antiguo en los sedimentos de una cueva de Georgia, mientras que investigaciones posteriores han explorado la recuperación de ADN conservado en paredes de cuevas con arte rupestre en Argentina.

Una diferencia importante entre los tipos de material genético analizados es que el ADN mitocondrial permite rastrear principalmente la línea materna, mientras que el ADN nuclear contiene información heredada de ambos progenitores. Por ello, este último ofrece mayores posibilidades para reconstruir relaciones de parentesco y estudiar la composición ancestral de las poblaciones.

El Mirón ya había sido escenario de investigaciones genéticas anteriores. En 2025, científicos reportaron la identificación de ADN humano y animal en sedimentos correspondientes a diferentes momentos, con fechas que abarcan aproximadamente entre 46 mil y 21 mil años atrás. Los resultados sugirieron que la presencia de personas y animales en la cueva no siempre coincidió en el tiempo.

Los nuevos resultados, publicados en la revista científica Science Advances, refuerzan la importancia de estudiar los sedimentos como archivos biológicos capaces de conservar información durante miles de años.

Los especialistas consideran que esta técnica podría ampliar considerablemente las investigaciones arqueológicas, al facilitar el estudio de antiguas migraciones, hábitos alimenticios, relaciones entre comunidades, procesos de domesticación y aparición de enfermedades.

El descubrimiento en El Mirón demuestra que los secretos de las sociedades prehistóricas no se encuentran únicamente en los esqueletos y herramientas que dejaron atrás. En ocasiones, pequeñas partículas de material genético conservadas en el suelo pueden proporcionar información fundamental para reconstruir miles de años de historia humana.

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