
La agencia espacial estadounidense abrió una convocatoria dirigida a empresas privadas para estudiar cómo elevar la órbita del histórico observatorio, mejorar sus capacidades o garantizar su retiro seguro.
El telescopio espacial Hubble, uno de los instrumentos más importantes para la exploración del universo, podría acercarse al final de su vida orbital durante la próxima década. Ante este escenario, la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) comenzó a buscar soluciones tecnológicas que permitan mantenerlo en funcionamiento durante más tiempo.
El problema está relacionado con la pérdida gradual de altura que experimenta el observatorio mientras orbita alrededor de la Tierra. Aunque se encuentra en el espacio, la resistencia de las pequeñas cantidades de gases presentes en las capas superiores de la atmósfera provoca que su trayectoria descienda lentamente.
A diferencia de otros satélites, Hubble no cuenta con un sistema de propulsión propio que le permita corregir su órbita de manera independiente. Según las estimaciones de la NASA, si no se realiza alguna intervención, el telescopio podría ingresar nuevamente a la atmósfera terrestre entre 2033 y 2034.
Para encontrar alternativas, la agencia publicó el 29 de octubre de 2026 una solicitud de información dirigida a compañías del sector aeroespacial. El objetivo es conocer qué tecnologías y recursos comerciales podrían utilizarse para prolongar la operación del observatorio o preparar su retiro cuando concluya su misión.
Entre las posibilidades contempladas se encuentra enviar una nave capaz de encontrarse con Hubble y elevarlo a una órbita más alta, reduciendo así los efectos de la resistencia atmosférica y ampliando el tiempo disponible para sus investigaciones.
Otra opción consiste en desarrollar una misión de mantenimiento que permita mejorar sus capacidades y extender su funcionamiento. La tercera alternativa contempla organizar un reingreso controlado a la atmósfera o alguna modalidad de disposición orbital segura cuando llegue el final de sus operaciones.
La convocatoria permanecerá abierta hasta el 30 de noviembre de 2026, a las 15:00 horas del este de Estados Unidos. La NASA busca conocer las capacidades, los costos y los plazos que podrían ofrecer las empresas interesadas. Por ahora, esta iniciativa no representa la contratación de una misión ni garantiza que el rescate orbital vaya a realizarse.
El administrador de la agencia, Jared Isaacman, destacó la importancia de aprovechar las oportunidades disponibles para mantener activo un instrumento que todavía tiene aportaciones científicas por realizar. La intención es evaluar soluciones que resulten viables y económicamente razonables.
Desde su lanzamiento en abril de 1990, el telescopio Hubble ha contribuido a transformar el conocimiento astronómico. Sus observaciones han permitido estudiar galaxias distantes, investigar agujeros negros, analizar planetas fuera del sistema solar y obtener información fundamental sobre la expansión del universo.
Durante más de tres décadas, sus instrumentos han proporcionado imágenes y mediciones que se convirtieron en referencias para la comunidad científica internacional. Por ello, prolongar su funcionamiento representaría una oportunidad para continuar desarrollando investigaciones que todavía no han concluido.
La búsqueda de soluciones también refleja los cambios que experimenta la industria espacial. En los últimos años, las compañías privadas han desarrollado nuevas tecnologías para transportar equipos, realizar operaciones orbitales y atender satélites que ya se encuentran en el espacio.
La NASA pretende aprovechar estos avances para determinar si existen empresas capaces de realizar una intervención sin comprometer la integridad del telescopio.
De acuerdo con los plazos planteados por la agencia, cualquier operación destinada a elevar su órbita tendría que concretarse antes de 2032 para evitar que el descenso orbital continúe hasta el punto de reingreso previsto.
Mientras tanto, Hubble continúa realizando observaciones y aportando información científica. Su posible retiro representa un desafío para la astronomía, pero también abre una oportunidad para demostrar cómo las nuevas tecnologías espaciales podrían prolongar la utilidad de instrumentos que llevan décadas trabajando fuera de nuestro planeta