
El sarampión mantiene en alerta a las autoridades sanitarias estadounidenses luego de provocar cinco fallecimientos en Pensilvania y más de mil contagios en distintas regiones del estado durante 2026. El brote tiene su principal foco en el condado de Lancaster, donde integrantes de la comunidad amish se encuentran entre los grupos más afectados.
De acuerdo con información del Departamento de Salud de Pensilvania, los cinco fallecimientos registrados hasta finales de septiembre correspondieron a personas que no estaban vacunadas. Entre las víctimas se encuentran dos bebés y tres adultos, algunos de ellos con condiciones médicas que aumentaban su vulnerabilidad ante la enfermedad.
La situación representa uno de los episodios más graves de sarampión registrados en el estado durante las últimas décadas. Al 26 de octubre, Pensilvania acumulaba 1,398 casos confirmados distribuidos en 44 condados, mientras que las autoridades continuaban ampliando las medidas de prevención.
A escala nacional, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) contabilizaron 4,852 contagios confirmados en Estados Unidos hasta el 29 de octubre de 2026, lo que evidencia la dimensión del problema sanitario.
La comunidad amish, entre las más afectadas
El condado de Lancaster se ha convertido en el principal punto de atención debido a la presencia de numerosas comunidades amish y menonitas conservadoras, entre las cuales históricamente se han registrado menores niveles de inmunización.
Especialistas y académicos que estudian estas comunidades explican que la desconfianza hacia las vacunas no necesariamente responde a creencias religiosas. En muchos casos, está relacionada con costumbres familiares, falta de contacto frecuente con los servicios médicos convencionales y una tradición de mantener cierta distancia de las instituciones gubernamentales.
Steven Nolt, investigador del Colegio Elizabethtown y especialista en historia anabaptista, ha explicado que las enseñanzas religiosas amish no establecen una prohibición general contra las vacunas.
Sin embargo, la desinformación y el escepticismo sanitario han influido en algunas decisiones familiares. Esta situación se hizo más evidente después de la pandemia de COVID-19, cuando aumentaron las dudas sobre las autoridades médicas y los programas de inmunización.
El panorama también comienza a cambiar. Algunos integrantes de estas comunidades han mostrado mayor disposición a recibir vacunas después de experimentar directamente las consecuencias del brote entre familiares y conocidos.
Gobierno intensifica las campañas de vacunación
Ante el crecimiento de los contagios, el gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro, impulsó una estrategia de respuesta que incluye jornadas de vacunación, unidades médicas temporales y actividades informativas en las localidades afectadas.
El Departamento de Salud estatal desplegó aproximadamente 300 trabajadores para atender a las comunidades y facilitar el acceso a la vacuna triple viral, que protege contra el sarampión, las paperas y la rubéola.
Según el último balance estatal, las clínicas temporales habían aplicado cerca de 6,747 dosis desde el inicio de la emergencia. Además, durante septiembre se registró un incremento considerable en la demanda de vacunas.
Las autoridades sanitarias recuerdan que la inmunización es una de las principales herramientas para evitar complicaciones y reducir la transmisión del virus, especialmente entre bebés y personas que no pueden recibir determinadas vacunas por razones médicas.
El brote también genera enfrentamientos políticos
La emergencia ha provocado diferencias entre funcionarios estatales y representantes federales, particularmente por las declaraciones del secretario de Salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., quien ha mantenido una postura crítica frente a determinadas políticas de vacunación.
Kennedy cuestionó la manera en que el gobierno de Shapiro ha manejado la situación y consideró que la respuesta estatal estuvo influenciada por intereses políticos.
El gobernador rechazó esos señalamientos y responsabilizó a los discursos que alimentan la desconfianza hacia las vacunas de contribuir al debilitamiento de las medidas de prevención.
Las diferencias también llegaron al terreno electoral, donde candidatos de Pensilvania han utilizado la emergencia sanitaria para defender distintas posiciones sobre la responsabilidad gubernamental, la transparencia científica y las campañas de inmunización.
Otros estados también enfrentan contagios
Pensilvania no es el único territorio afectado. En Nueva York, las autoridades sanitarias han enfrentado dificultades para garantizar el cumplimiento de los requisitos de vacunación en algunas instituciones educativas vinculadas con comunidades religiosas conservadoras.
Los especialistas advierten que la movilidad entre comunidades y el contacto cotidiano con personas de diferentes regiones pueden facilitar la propagación de la enfermedad.
El sarampión es altamente contagioso y puede ocasionar complicaciones importantes, especialmente en niños pequeños y personas con sistemas inmunológicos debilitados. Por ello, las autoridades insisten en que mantener una cobertura elevada de vacunación resulta fundamental para evitar nuevos brotes.
La emergencia en Pensilvania también ha puesto de manifiesto las dificultades para conocer con exactitud los niveles de inmunización de determinadas comunidades, debido a la falta de registros completos y a que algunas personas no recurren regularmente a los servicios médicos.
Mientras continúan las campañas de prevención, las autoridades buscan recuperar la confianza de la población y ampliar la cobertura de vacunación. El objetivo es contener la transmisión del virus y evitar que los contagios continúen extendiéndose a otras regiones del país.



















































