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Habrá un antes y un después de la XXII Asamblea.- No todos los priístas están convencidos de la bondad de los cambios ejecutados.- Ahora tendrán alternativa doble los grupos de poder, imponiendo candidatos con credencial, o atrayéndolos de la ciudadanía libre

Bernardo Elenes Habas

Es evidente que habrá un antes y un después, luego de la consumación de la XXII Asamblea Nacional, para la militancia priísta.

Existe preocupación y hasta desaliento, entre muchos de los integrantes de dicho padrón. Incluso, hay quienes afirman que recibió otra bala más Luis Donaldo Colosio, en su ideario político-social, a 23 años de su muerte.

El sonorense que fuera candidato presidencial, dejó claro en su memorable discurso del 6 de marzo de 1994, el significado y la congruencia de ser militante, expresado como un acto de convicción y lealtad: “No queremos candidatos que, al ser postulados, los primeros sorprendidos en conocer su militancia, seamos los propios priístas”.

Y lo dijo porque conocía las acechanzas que siempre se han tejido desde fuera contra su partido y más allá de las fronteras, para controlar, impulsar y darle un destino interesado al rumbo de la patria.

Pero su pensamiento y definición histórica ante los tiempos de conveniencias y entreguismo que asomaban como negros nubarrones, fue borrado por la decisión de Enrique Peña Nieto, con la aprobación de la mayoría de delegados al cónclave tricolor, ante la propuesta de eliminar un candado clave para aspirar a cargos de elección popular, especialmente el de presidente de la República.

Así, se vuelve innecesario tener trayectoria partidista probada. Ignorar, y por supuesto no comulgar con la declaración de principios del PRI. No haber realizado esfuerzo alguno para trazar una trayectoria de servicio social y político, desde las tareas más humildes pero significativas en las estructuras de los seccionales. No haber construido un sueño legítimo, paso a paso, para cristalizarlo algún día.

Hoy, muchos de esos militantes, que se constituyeron desde siempre en motivo y fuerza de su partido, sufren la incertidumbre de los cambios. Saben que la XXII Asamblea, en lugar de desbrozar caminos de alternativas dignas para ellos, les cancela horizontes.

Y en contraparte, sopesan que su instituto abre las puertas de su catedral ideológica (con un voluntarismo asombroso y bajo el pretexto de modernizarse como lo marcan los tiempos), a extraños, para que ocupen los mejores cargos, las responsabilidades más importantes, improvisando líderes y despreciando militantes forjados en el crisol de su ideología, bajo el techo común de sus luchas, sus triunfos y derrotas.

Me comentan priístas indoblegables y de recia hechura, que con los cambios aprobados no se marcó la eliminación de la figura nefasta de los hombres únicos y providenciales, quienes manejan grupos de poder.

Por el contrario, aquellos que controlan cofradías, tienen, ahora, una disyuntiva más en su ambición: Proponer e imponer candidatos enclavados en sus mesones, con militancia priísta; o bien, utilizando figuras externas, porque después de todo están relacionados con ellas, porque son parte o controlan la vida económica de sus comunidades, y en base a esas favorables opciones, seguir siendo quienes manejan el poder político y económico de sus espacios cívicos.

Perdió la oportunidad ÔÇôme dicen desde el extremo de su madurez, amigos cajemenses- el PRI, de pasar a la historia, con cambios que reclaman desde hace tiempo la militancia y la sociedad civil, como la eliminación definitiva de grupos de poder, dándole la fuerza de elección interna a sus bases y simpatizantes. Acabar de forma y fondo con la corrupción impune. Definir el reparto equitativo de la riqueza del país que es heredad común de los mexicanos. Promover reformas constitucionales para que las figuras del referéndum y la revocación de mandato, se conviertan en infierno o gloria de quienes ostenten cargos de elección popular.

-Pero, tal parece ÔÇôrecalcan-, que prepara el PRI en su próxima asamblea, o antes, la derogación del mandato constitucional No Reelección, para que el país vuelva a sus orígenes”

Le saludo, lector.

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