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Bernardo Elenes Habas

Poema de domingo.- Le entrego un fragmento de mi Canto Crepuscular a Guaymas, que escribí hace varios años y con el que obtuve mención honorífica en un certamen convocado desde el bello puerto, por Darío Galaviz Quezada, poeta, académico y promotor cultural que murió en 1993.

Por supuesto, después del ceremonial de la entrega de premios, hubo noche bohemia con mis amigos del Grupo Sendas, doctor Enrique Rodríguez Mota Velasco, Chencho Higuera, arquitecto Villagra, el tenor y compositor de Empalme Hilario Sánchez Rubio y desde Cajeme el doctor Eustolio del Río y la profesora Cira Sánchez Montoya.

Largo, sin duda, ha sido el camino literario, pero lleno de satisfacciones, porque he tenido el privilegio de cantarle a los míos, como evoco en este romance a mi padre Juan, oriundo del puerto, nacido en el barrio de raíces yaquis La Cantera.

Bernardo Elenes Habas

CANTO CREPUSCULAR A GUAYMAS (Fragmento).

Por eso yo amo tus calles,

tu rumor de campanillas,

tu aroma de antigüedades; 

y me digo en mi nostalgia:

¿Cómo no cantarte Guaymas

con el amor que en mi vibra,

si aquí nació Juan, mi padre,

marinero de la vida?

Las semillas del recuerdo

tienen humedad marina,

son versos de sol y arena,

barca que viene perdida…

Así llega la tristeza

navegando entre la brisa,

penetrando hasta mi pecho

donde el corazón palpita.

Eternidad de mi sangre,

vaivén de plata y ortiga,

vengo a entregarte mi canto

con la fe que me reanima.

Vengo a meterme en tus venas

sin tregua, sin cortapisas,

para renacer contigo

como ánima sorprendida.

Yo tengo una flor salobre

para dársela a tus niñas

cuando en las tardes recojan

espuma y luz opalina,

tengo mi canción de octubre,

oración, tallo, semilla,

para sembrarla en el agua

junto al faro que ilumina.

Aquí, de pie ante tus muelles,

mi solidaria voz grita

que en tus playas y en tus aguas

germinando está mi espiga,

y mi sangre se dispersa

con la brisa cristalina

para quedarse por siempre

sobre tu pecho dormida.

Por eso yo amo tus calles,

tu rumor de campanillas,

tu aroma de antigüedades;

y me digo en mi nostalgia:

¿Cómo no cantarte Guaymas

con el amor que en mi vibra,

si aquí nació Juan, mi padre,

marinero de la vida?

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