Carlos Moncada, orgullo de su pueblo.-

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Bernardo Elenes Habas

Carlos Moncada, orgullo de su pueblo.- Crónicas para la historia (No. 169).- El ganador del Premio Sonora a la Cultura y las Artes 2020, imparte, desde hoy, cada miércoles de enero la charla “El amor y los libros”.- El 4 de diciembre de 1983 lo entrevisté para Diario del Yaqui; texto publicado hace 38 años, mismo que hoy reproduzco. 

Bernardo Elenes Habas

El cajemense Carlos Moncada Ochoa, mantiene una actividad intelectual excepcional.

Más de 60 años dedicados al periodismo, la cultura, la academia y la historia con la calidad y profesionalismo que él lo hace, son, desde cualquier arista de la vida, admirados por propios y extraños.

Se inició en el periodismo en el Diario del Yaqui de Ciudad Obregón, en 1953, cuando contaba con 19 años de edad; luego fue director de ese importante órgano periodístico fundado por Jesús Corral Ruiz, espació de tinta y papel al que Carlos le dio dimensión en su sección cultural, generando una siembra y cosecha importante de poetas y narradores, porque la literatura ha sido, desde siempre, su pasión.

En la ramada periodística de Corral Ruiz, crecieron las alas de Carlos, quien se forjó, también, como comentarista de radio en la XEOX y XEIQ de Cajeme. Luego de su constante labor periodística buscó y encontró nuevos horizontes. Se tituló como abogado por la Universidad de Sonora, donde su tesis se constituyó en su primer libro: “La juventud ¿5to. Poder?”, editado en 1959.

Le seguirían “El México de acá, visto desde el más allá”, “Años de violencia en Sonora”, y así, hasta rebasar más de 30 obras que conforman uno de los legados del escritor a los sonorenses, quien pronto dará a la luz pública “La saga de la cultura en Sonora 1831-2020”, la que reúne en 12 libros agrupados en cuatro tomos, una histórica crítica de las diversas manifestaciones culturales de la entidad.

El pasado 4 de diciembre Moncada Ochoa fue reconocido por el Gobierno del Estado con el “Premio Sonora a la Cultura y las Artes 2020”, preciado galardón instituido en 2018, en el que se resalta el legado, continuidad y vigencia a la actividad cultural y valiosas aportaciones de Carlos.

Y, hoy miércoles 13 de enero, inicia un ciclo de charlas denominado “El amor y los libros”, que con su estilo coloquial matizado de suave ironía, se le augura singular éxito.

Dicha exposición que se desarrollará en línea, bajo el auspicio del Instituto Sonorense de Cultura que dirige Mario Welfo Álvarez, tendrá efecto los miércoles de enero, de tal manera que la segunda conferencia llevará la temática de “Leer libros no es un pasatiempo, es una profesión”, y la tercera “El futuro inmediato de nuestra cultura”.

En febrero 21 de 2019, expuse en este columnario y en diferentes portales donde colaboro, una entrevista que sostuve con Carlos, y que publiqué en Diario del Yaqui el 4 de diciembre de 1983, hace 38 años.

Hoy la reproduzco y se las ofrendo:

“A quienes aprendí los secretos del oficio, fue a los trabajadores de talleres, cuando en las madrugadas, al salir del DIARIO, me iba junto con ellos al Mercado Municipal de Cajeme, a tomar café o a comer asado. Los obreros me enseñaron de medidas. De cuadratines. De todas esas cosas que son esenciales en el periodismo”.

Carlos Moncada me lo comenta, con su voz precisa, moviendo apenas los labios, mientras detrás de los cristales graduados de sus lentes, su mirada parece perderse en el bullicio que reina en el restaurante “El Merendero de José Luis”, donde se desarrolla la charla.

Luego, hace recuerdos de su principio en el periodismo, año de 1953, como corrector de pruebas en el periódico fundado por Jesús Corral Ruiz un 9 de abril de 1942. Pero antes de que ello sucediera, afirma que la antigua revista “Confidencias”, le había hecho el pago efectivo de 15 pesos, por un relato inventado que le publicaron.

Fueron, tales aproximaciones, realmente los inicios en el oficio del periodismo y las letras del cajemense Carlos Moncada Ochoa, quien recientemente –el pasado 3 de noviembre (la entrevista se realizó en diciembre de 1983)-, cumplió 30 años activo entre máquinas de escribir, entrevistas, reportajes, columnas. Y, si consideramos su participación constante en las filas de la tinta, los teletipos, las rotativas y la responsabilidad de investigar y mantener comunicación persistente con el público lector, se deduce que son 30 años también de iniciación en la difícil disciplina y práctica intelectual de escritor.

“Yo hacía cuentos. Prácticamente comencé a desenvolverme en la literatura. Cuando Bartolomé Delgado de León fue mi maestro en la Escuela Secundaria José Rafael Campoy, convocó a un concurso de cuento entre los estudiantes. Lo gané. Como premio me entregó un libro. Después realizó otro certamen, mismo que gané nuevamente junto con otro libro. Además, el mismo Bartolomé creó un periódico estudiantil editado en mimeógrafo, en el que yo colaboraba”, comenta Carlos. A su lado, Jesús Antonio Salgado Figueroa, Víctor Manuel Zárate Urbina, Horacio Soto Valencia, Gilberto Márquez Trujillo y yo, escuchándole con atención. Sobre la mesa, descansa una botella de vino tinto casi vacía. Cabrerilla asada, quesadillas en tortillas de harina y los insustituibles vasos de cristal que se escancian con avidez. En mesa contigua, se escucha la voz del poeta chiapaneco Juan Bañuelos –cuyos libros Espiga amotinada, Puertas del mundo, Escribo en las paredes, Espejo Humeante, No consta en actas, y Tocar la guitarra azul, tienen resonancia a nivel Latinoamérica-, quien es atendido por el director de la Biblioteca Pública, Ramón Iñiguez Franco, y ha venido a Cajeme en su carácter de presidente del jurado de los Juegos Trigales del Valle del Yaqui, para participar en la premiación del poeta capitalino Ricardo Pérez Gallardo.

-¿El Carlos Moncada de hoy, quien en cierta forma se ha alejado de las salas de redacción, talleres y del esfuerzo de reportear cotidianamente, aunque no de los periódicos, sería capaz de “cerrar” una primera plana?- pregunto. A lo que Moncada, sin perder su habitual tranquilidad, tras la cual, en ocasiones se esconde una fina ironía, responde:

“Sí, porque el oficio no se olvida, y ahora, con las nuevas técnicas incorporadas al periodismo, se simplifica un tanto”.

Indudablemente que Moncada tiene razón. Porque quienes conocimos y manejamos la técnica antigua de la impresión directa. De los lingotes de plomo, los linotipos y la verdadera esencia artesanal del taller, comprendemos que se ha avanzado para bien, en limpieza y facilidad en el manejo de tales menesteres. Lógicamente, abriendo alternativas para que quien diagrama o planifica, encuentre otras perspectivas donde pueda aplicar su capacidad creativa, circunscrita al oficio.

Enseguida, el autor de seis libros de diversos temas (La juventud ¿5to. poder?, El México de acá visto desde el más allá, Años de violencia en Sonora, Este es mi mundo –cuentos-, ¡Cayeron!, y El Quijote de la Revolución –vida y obra de Adolfo de la Huerta), comenta sobre un nuevo texto próximo a ver luz pública: “Treinta años en esto”, donde, según puntualiza, lleva el rasgo anecdótico acerca de hechos y situaciones que involucran a quienes fueron, junto con el autor, copartícipes en los avatares del oficio durante tres décadas, pero sin perder el valor histórico que la investigación y la búsqueda le confiere para los lectores que no tuvieron oportunidad de vivir esos tiempos; o que, si acaso los vivieron, solamente cuentan con el testimonio de los hechos a través de periódicos.

En las casi 200 páginas que conformarán el volumen –comenta- están inmersos casos como “El contrerismo” y la participación de los medios informativos en él. La muerte del “Machi” López, suceso del que Carlos guarda especial recuerdo, porque, “siendo reportero se me fue un muerto”; narra, igualmente, una entrevista memorable con Fidel Velázquez, en el verano de 1962. “Cuando le pregunté, durante una comida que le ofrecían en Ciudad Obregón, si pensaba reelegirse para otro periodo: de ninguna manera –respondió-, mi retiro es definitivo. Y aún continúa como dirigente nacional de la CTM”.

Moncada se viene a Sonora, deja el DF. Este mismo mes de diciembre establece su residencia en Hermosillo, lo que constituye para los intelectuales de provincia y para los escritores en ciernes o con cierto camino recorrido, algo benéfico. 

Estará con nosotros. En su Estado. Y deberá pugnar, como irrenunciablemente le corresponde porque su posición lo responsabiliza, por el incremento y florecimiento del oficio de escribir, considerando que cuenta con la experiencia suficiente y el buen dominio de dichos quehaceres, para que las nuevas generaciones vean en él a un seguro portavoz de sus inquietudes. Alguien capaz de lograr definir los mecanismos adecuados que fortalezcan a quienes luchan porque Sonora encuentre su posición definitiva en la literatura nacional.

Por lo que corresponde al periodismo, la batalla es diferente, debido a que alcanzará con la presencia de Carlos, logros y beneficios plurales.

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