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Como si fuera otro mundo. Se asumía que los microbios habitaban cada rincón de nuestro planeta, pero el nuevo hallazgo podría romper esa concepción

En dos montañas ubicadas en el interior de la Antártida, un grupo de científicos ha descubierto suelos sin rastros de vida, algo que nunca antes se había registrado en la Tierra.

La vida es muy común en nuestro planeta, tanto así que se han encontrado microorganismos hasta en los lugares más extremos, como respiraderos hidrotermales de más 93 grados centígrados, enterrados a cientos de metros bajo el hielo e incluso a más de 36 kilómetros de altura en la estratósfera.

“Siempre se ha asumido que los microbios son duros y pueden vivir en cualquier lugar”, indicó a Nat Geo el ecólogo microbiano Noah Fierer, de la Universidad de Colorado, Boulder (EE. UU.), y coautor del estudio publicado en JGR Biogeosciences.

Un lugar de otro mundo

Fierer y su equipo fueron parte de una expedición que viajó en enero de 2018 a una sección remota de las montañas Transantárticas, que atraviesan el interior del continente blanco.

En las montañas más bajas (más cálidas y húmedas), hallaron suelos habitados por gusanos microscópicos, tardígrados, rotíferos e insectos sin alas llamados colémbolos. Pero a medida que visitaban montañas más altas, los signos de vida eran cada vez más raros.

Cuando llegaron a las montañas llamadas Schroeder Hill y Roberts Massif, que se elevan a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar, los investigadores se encontraron con un ambiente muy hostil: a pesar de que era verano, la temperatura bordeaba los 17 grados bajo cero. Vientos bruscos, que evaporan lentamente la nieve y el hielo, mantenían desnudas las montañas.

Al levantar las rocas para tomar muestras del suelo, hallaron sales blancas, nitratos, cristales tóxicos de percloratos y cloratos. Estos dos últimos se utilizan en combustibles para cohetes y blanqueadores industriales, y son abundantes en la superficie de Marte.

“Se sintió como tomar una muestra en Marte”, dijo Byron Adams, biólogo de la Universidad Brigham Young y director del proyecto.

Ningún rastro de vida

El equipo usó una técnica para detectar ADN microbiano en las muestras. Las de las montañas más bajas produjeron abundante material genético, pero en la mayoría de las muestras tomadas en Schroeder Hill y Roberts Massif, no detectaron absolutamente nada, ningún rastro de vida.

“Cuando empezó a mostrarme algunos de los resultados, pensé: ‘Algo anda mal’“, dice Fierer. El científico asumió que debía haber un problema con las muestras o con el equipo de laboratorio.

En busca de signos de vida en estos suelos, los investigadores aplicaron glucosa para ver si algo que habitaba allí la convertía en dióxido de carbono. Buscaron ATP, una sustancia utilizada por toda forma de vida terrestre para almacenar energía. Incluso incubaron porciones de esa tierra en una variedad de cócteles de nutrientes para que los microbios presentes se conviertan en colonias.

Ningún intento tuvo éxito. Simplemente no había vida detectable. “Eso fue realmente sorprendente”, recuerda Fierer.

Los límites de la vida

Aún así, los autores del estudio tratan de ser cautelosos con sus conclusiones, ya que existe la remota posibilidad de que haya tan pocos microbios en las muestras que ningún método los haya logrado detectar.

“No podemos confirmar que este subconjunto de suelos sea completamente estéril y carente de vida microbiana”, escribieron en su artículo.

Sin embargo, el hecho de que no hayan detectado actividad biológica en estos suelos nos permite conocer los límites de la vida en la Tierra.

“Nuestros resultados sugieren que la vida microbiana está severamente restringida en los suelos antárticos más fríos, secos y salados. La exposición constante a estas condiciones durante miles de años ha limitado las comunidades microbianas”, agregaron.

Asimismo, las características que comparten estos suelos con la superficie marciana podrían ayudar a refinar la búsqueda de vida en el planeta rojo.

Fuente: larepublica.pe

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