No escuchan la voz del agua.-

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No escuchan la voz del agua.- Le abre cauce la 4T al Acueducto Independencia, convirtiendo lo ilegal en legal.- Entre los problemas que impiden su cierre, argumentó AMLO, “es que existe una inversión”.- ¿Olvidó, acaso, cómo se canceló y derrumbó el Aeropuerto de Texcoco, a pesar de la impresionante inversión aplicada y por aplicar, que ahora paga el pueblo de México?

Bernardo Elenes Habas

Se vuelve evidente que entre la clase política –la de ayer y la de ahora-, no existe voluntad para escuchar la voz del agua, sus líquidos reclamos por justicia.

No han sido suficientes los argumentos que la Nación Yaqui y agricultores del sur de Sonora, han puesto sobre la mesa, para que se analicen, se discutan con seriedad y altura de miras, pero que ahí han quedado, cubiertos por el polvo de la indiferencia, privilegiándose exposiciones discursivas oficiales, como sucedió durante los gobiernos de Felipe Calderón Hinojosa, Enrique Peña Nieto, y ahora con el de Andrés Manuel López Obrador.

Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, dejó entre los nervios del viento del Bakatete, un mensaje singular y transparente, para que lo escucharan y analizaran el presidente López Obrador y los integrantes de su gabinete y del Instituto Nacional de los Pueblo Indígenas.

Pero al día siguiente se generó una respuesta superficial y esterilizada desde “las mañaneras”. Dejando claro que el tema no se discutió a fondo porque ya existe desde hace tiempo, quizás sometida al hilo de compromisos contraídos por Calderón y Peña Nieto, la decisión de no cancelar el Acueducto Independencia, construido bajo la administración gubernamental de Guillermo Padrés, y puesto en marcha en 2013.

Este frío sesgo a un problema profundo, desalienta la buena fe de la ciudadanía que mantenía abierta su voluntad para creer en los gobiernos progresistas, después de haber sufrido desengaños durante la larga tradición autoritaria de la “dictadura perfecta”, como denominara al predomino priísta en México, el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa.

Cárdenas Solórzano habló alto y claro durante la ceremonia de Vícam Pueblo, el pasado 28 de septiembre, donde se firmó la creación del Distrito de Riego No. 018 para los yaquis, y la petición de perdón por los agravios que han herido su alma indígena en el transcurrir de la historia. La del hijo de Tata Lázaro se constituyó en la única voz concreta dentro de un escenario mágico, solicitando se cancelara uno de los sangrantes agravios actuales contra la Nación Yaqui: el secuestro del agua del Jiak Batwe. También pidió, con firmeza, castigo contra quienes transgredieron la ley, para cometer ese delito.

La respuesta oficial, en boca de AMLO, el miércoles 29 de septiembre en su conferencia matutina, fue titubeante y sin razones de peso, pero negando reiteradamente la cancelación del Acueducto.

Para los yaquis –lo sé bien-, se demuestra con estos comportamientos políticos, que no hay voluntad para resolver un problema grave, porque desde el seno del Gobierno de la República se está aceptando una obra material y moralmente fuera de la ley, abriendo con ello cauce para que fluya la ilegalidad.

Además, deja en claro la forma de actuar de la 4T, montando la cresta del oportunismo y las conveniencias, al señalar AMLO, que entre los problemas que impiden cerrar el Acueducto, “está la existencia de una inversión”.

¿Pero, es tan poderosa esa inversión que no permite la aplicación estricta y clara de la ley para cancelar la extracción del agua, cuando si se tuvo disposición para derrumbar el proceso del Aeropuerto de Texcoco que acusaba un alto porcentaje de avance y una inversión impresionantemente millonaria, la que tuvo que indemnizase con cargo al pueblo de México?

No dañaría a las familias de Hermosillo cerrar el Acueducto de la Corrupción, donde está la huella de Guillermo Padrés y los intereses de grandes desarrolladores urbanos, porque previamente podría abrirse la construcción de desalinizadoras, como lo había previsto Armando López Nogales durante su administración (1997-2003), con un magno proyecto de esa categoría, pero que fue rechazado por el PAN, teniendo como su alcalde en la ciudad capital a Francisco Búrquez Valenzuela.

Y, a largo plazo, permanece en sueños la portentosa creación del Río de la Vida, el PLHINO, para que el agua excedente de los ríos de Nayarit y Sinaloa (donde hay gobiernos morenistas), hiciera florecer pueblos y ciudades a su paso, para convertirse en el gran aliado de la Naturaleza contra la sequía…

Lamentablemente, nadie del Gobierno y del Congreso de la Unión, escucha la voz del agua. Esto indica que el problema de la extracción ilegal del líquido que pertenece a la región del bajo Río Yaqui, sigue vivo, y se convertirá en lucha consistente, como la obsesiva percusión del tambor yoreme, reclamando a los cuatro vientos lo que le han arrebatado los yoris…

Le saludo, lector.