Telescopio James Webb descubre la galaxia de una de las señales de radio más lejanas del universo

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El hallazgo de una ráfaga de radio procedente de una galaxia enana, situada a más de 10 mil millones de años luz, ofrece nuevas pistas sobre el origen de estos misteriosos fenómenos cósmicos.

Un equipo internacional de astrónomos logró identificar la galaxia de origen de una ráfaga rápida de radio que viajó durante más de 10 mil millones de años antes de que su señal pudiera ser detectada desde la Tierra. El descubrimiento, realizado con ayuda del telescopio espacial James Webb, representa un avance importante para estudiar estos fenómenos y comprender las condiciones del universo primitivo.

La señal, identificada como FRB 20240304B, fue registrada el 4 de marzo de 2024 mediante el radiotelescopio MeerKAT, ubicado en Sudáfrica. Estas emisiones, conocidas como ráfagas rápidas de radio (FRB, por sus siglas en inglés), son pulsos que duran apenas milisegundos y cuya causa exacta continúa siendo objeto de investigación científica.

De acuerdo con la NASA, el hallazgo permitió localizar la fuente en una época en la que el universo tenía aproximadamente tres mil millones de años, mucho antes de que se formaran numerosas estructuras cósmicas que observamos actualmente. Los resultados del estudio fueron publicados en la revista científica Science el 8 de octubre de 2026.

Una galaxia más pequeña de lo esperado

Después de detectar la señal, los investigadores utilizaron observatorios terrestres para intentar identificar la galaxia responsable. Sin embargo, sus instrumentos no lograron distinguirla con suficiente claridad, por lo que recurrieron al telescopio James Webb, especializado en observaciones infrarrojas de gran sensibilidad.

Las imágenes y mediciones obtenidas revelaron una galaxia enana con formación activa de estrellas. Su masa estelar resultó ser aproximadamente mil veces menor de lo que los científicos esperaban encontrar, una característica que sorprendió al equipo de investigación.

Los análisis espectroscópicos permitieron calcular su desplazamiento al rojo en 2.148, una medida que ayuda a determinar la distancia de los objetos astronómicos y cuánto se ha expandido el universo desde que emitieron su luz.

La identificación de esta galaxia amplía el conocimiento sobre los entornos en los que pueden producirse las ráfagas rápidas de radio y abre nuevas preguntas sobre la evolución de estos fenómenos a lo largo de la historia cósmica.

¿Qué podría generar estas señales?

Aunque todavía no existe una explicación definitiva para todas las ráfagas rápidas de radio, una de las principales hipótesis señala a los magnetares como posibles responsables. Estos objetos son estrellas de neutrones que poseen campos magnéticos extraordinariamente intensos y pueden liberar grandes cantidades de energía.

La juventud de la galaxia anfitriona refuerza el interés en esta posibilidad, ya que los magnetares pueden formarse relativamente pronto después de la muerte de estrellas masivas. En cambio, otros escenarios propuestos, como la fusión de ciertos sistemas de estrellas de neutrones, pueden requerir periodos de evolución mucho más prolongados.

Manisha Caleb, astrónoma de la Universidad de Sídney y autora principal de la investigación, ha señalado que aún no existen pruebas concluyentes que permitan establecer un único mecanismo responsable de estas emisiones. Por ello, el descubrimiento aporta evidencia útil, pero no resuelve por completo el misterio de su origen.

Una herramienta para estudiar la materia invisible

Además de ayudar a localizar la galaxia de origen, la señal permitió investigar el material que atravesó durante su recorrido. Cuando las ondas de radio viajan por el espacio, interactúan con el gas ionizado presente entre las galaxias, lo que modifica la forma en que llegan hasta los telescopios.

Al analizar esas variaciones, los astrónomos pueden obtener información sobre la distribución de materia que no siempre resulta visible mediante observaciones convencionales. En este caso, la señal también aportó datos sobre estructuras galácticas situadas entre la fuente y la Tierra, incluido un grupo de galaxias en primer plano.

Este método convierte a las ráfagas rápidas de radio en herramientas valiosas para estudiar la composición del universo y rastrear materia dispersa a grandes distancias.

Un nuevo camino para explorar el universo temprano

La detección de FRB 20240304B amplía considerablemente la distancia hasta la que los científicos han podido identificar con precisión la galaxia anfitriona de una de estas señales. Según los investigadores, el resultado demuestra que estos fenómenos ya ocurrían cuando el universo atravesaba una etapa de intensa formación estelar.

Los próximos estudios buscarán localizar otras ráfagas de épocas igualmente antiguas para determinar si comparten características similares y qué tipos de galaxias favorecen su aparición.

Aunque todavía quedan preguntas por resolver, la combinación de radiotelescopios terrestres y observatorios espaciales como el James Webb está permitiendo examinar acontecimientos que sucedieron hace miles de millones de años y obtener nuevas pistas sobre la evolución del cosmos.