Friajes fuera de temporada ponen en riesgo la biodiversidad y las comunidades de la Amazonía peruana

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La llegada irregular de masas de aire polar altera los ciclos naturales de la selva y genera preocupación por sus efectos sobre insectos, polinizadores y poblaciones indígenas.

Los cambios en el comportamiento de los friajes en la Amazonía peruana están despertando inquietud entre científicos y habitantes de la región. Estos fenómenos, originados por masas de aire frío que avanzan desde el sur del continente, provocan descensos bruscos de temperatura y afectan tanto a los ecosistemas como a las actividades cotidianas de las comunidades.

Aunque los friajes forman parte del clima amazónico, su aparición fuera de los periodos habituales dificulta la preparación de las especies y de las poblaciones que dependen de las señales naturales para anticiparlos. En 2025, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi) contabilizó 30 episodios, de los cuales 13 ocurrieron fuera del calendario esperado. Durante marzo se registraron cinco, pese a que es una época caracterizada por temperaturas elevadas en la selva.

El frío extremo afecta a los insectos

Los investigadores advierten que las variaciones repentinas de temperatura pueden alterar funciones esenciales de los insectos, organismos que participan en la polinización, la descomposición de materia orgánica y el mantenimiento de la fertilidad del suelo.

Elena Chaboteaux, científica de la Estación Biológica Manu, estudia la resistencia de los escarabajos peloteros frente a las bajas temperaturas. Sus experimentos permiten identificar los límites térmicos que pueden tolerar estos animales y comprender cómo un cambio ambiental aparentemente breve puede repercutir en el funcionamiento del bosque.

Uno de los episodios analizados ocurrió en junio de 2023 en la estación biológica Los Amigos, en Madre de Dios. Durante aquel evento, el termómetro descendió de 23.9 a 10.5 grados Celsius en cuestión de horas. Aunque buena parte de los insectos volvió a mostrar actividad cuando se recuperó el calor, las mediciones revelaron que algunas especies estuvieron muy cerca de alcanzar su límite de tolerancia.

Alejandro Lopera-Toro, director científico de la Estación Biológica Manu, señala que todavía existen importantes interrogantes sobre la capacidad de adaptación de la fauna amazónica ante cambios bruscos de temperatura, un aspecto que requiere mayor investigación frente al calentamiento global.

Mariposas, abejas y escarabajos enfrentan los cambios bruscos de temperatura

Las mariposas y polillas también resultan especialmente vulnerables, debido a que muchas especies tienen ciclos de vida cortos y disponen de pocos días para alimentarse o reproducirse. Geoffrey Gallice, investigador de Finca Las Piedras, en Madre de Dios, ha observado una reducción considerable de estos insectos en las trampas de monitoreo durante los episodios de frío.

Las abejas nativas sin aguijón cuentan con mecanismos para conservar el calor dentro de sus colonias. Sin embargo, las bajas temperaturas pueden impedirles salir a buscar alimento y disminuir su actividad polinizadora. Criadores de la región han advertido, además, la presencia de ejemplares muertos fuera de las colmenas, especialmente entre las especies de menor tamaño.

Estas alteraciones podrían repercutir en la reproducción de numerosas plantas y en la disponibilidad de recursos para otros organismos. Un ejemplo es la castaña amazónica, cuya polinización depende de determinadas especies de abejas nativas.

Las señales tradicionales del clima están cambiando

Los conocimientos de los pueblos indígenas también permiten identificar transformaciones en los patrones ambientales. Durante generaciones, comunidades harakbut, asháninkas y nomatsigengas han interpretado la floración de ciertas plantas, el comportamiento de los animales y otras señales naturales para anticipar la llegada del frío.

Luis Tayori, conocedor de la tradición harakbut, explica que antiguamente la floración del cético anunciaba el periodo esperado de los friajes. Richar Demetrio, guardaparque y científico indígena de la Reserva Comunal Asháninka, también ha observado que las señales que antes permitían prever estos episodios ya no coinciden con la misma precisión.

La pérdida de regularidad dificulta la planificación de actividades agrícolas y de subsistencia, además de aumentar la incertidumbre para comunidades que dependen directamente del bosque.

Más episodios no significan necesariamente más olas de frío

El investigador José Marengo, especialista en clima, advierte que es necesario distinguir entre la frecuencia de los friajes y las olas de frío prolongadas. Un friaje puede provocar un descenso repentino de temperatura, mientras que una ola de frío requiere que las condiciones se mantengan durante varios días.

Aunque la tendencia global apunta al calentamiento, todavía pueden producirse irrupciones intensas de aire frío. El problema, según los especialistas citados, es que estos eventos pueden ocurrir en momentos inesperados y afectar a especies que no están preparadas para afrontarlos.

Un riesgo para la biodiversidad y la población

El Senamhi ha identificado cientos de distritos amazónicos expuestos a estos fenómenos, con comunidades que enfrentan riesgos para su salud, sus viviendas y sus medios de vida. Los pueblos indígenas figuran entre los grupos que pueden sufrir mayores consecuencias debido a su dependencia de los recursos naturales y a las dificultades de acceso a determinados servicios.

Los científicos advierten que la desaparición o disminución de algunas especies de insectos podría alterar las redes ecológicas de las que depende la selva. No obstante, todavía se necesita más investigación para establecer qué efectos serán temporales y cuáles podrían convertirse en cambios duraderos.

El seguimiento de los friajes, la protección de los hábitats y el reconocimiento de los conocimientos indígenas serán importantes para comprender mejor estos procesos. En la Amazonía peruana, el desafío no consiste únicamente en afrontar temperaturas cada vez más variables, sino también en determinar cómo proteger un ecosistema cuyo equilibrio depende de organismos pequeños, pero esenciales.