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El caudillismo, más vivo que nunca.- Las prácticas perversas que pretendió combatir Plutarco Elías Calles, se siguen dando, bajo la figura de grupos de interés, esto se vuelve palpable en el país, estados y municipios.- La sucesión presidencial está en marcha.

Bernardo Elenes Habas

Los grupos políticos, sus protagonistas, no duermen. Rebasan reglas, calendarios, disposiciones, asambleas. Trabajan, siempre, con tiempos adelantados.

No es verdad que el Instituto Nacional Electoral ÔÇôINE-, sea quien marque y de la voz de arranque en los procesos, obedeciendo normas y tiempos.

Esas acciones las deciden, con impudicia, los grupos de intención que medran dentro de las siglas que supuestamente los cobija, pero que realmente les pertenecen como si se tratase de franquicias.

Esos núcleos de poder viven, funcionan, trascienden, manteniendo un control poderoso de niveles municipales, estatales, nacionales.

Los grupos, pues, son los que deciden.

Situación que deja claro que los partidos, incluidos dirigentes y militantes, han sido, hasta ahora, meros instrumentos obligados a la obediencia ciega, al sometimiento definitivo.

Bajo estas premisas -que niegan los fundamentos de la democracia-, se dan las principales luchas por el poder público entre congregaciones que operan al interior de los partidos, sustentando una nueva forma de caudillismo, principalmente en el PRI. Y, por supuesto, se vuelve evidente que a 88 años de distancia, cuando el sonorense Plutarco Elías Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario “para pasar de la etapa de los hombres únicos y providenciales, a la de las instituciones”, su filosofía no alcanzó el nivel democrático con el que soñó, porque la epidemia de los caudillos persistió y persiste, a veces disfrazadamente; otras, definitivamente abierta y retadora, a través de círculos de poder político y económico.

Hoy mismo, es notorio que existe ya una lucha de grupos por colocar en la conciencia de la ciudadanía a los viables aspirantes a relevar a Enrique Peña Nieto a partir del 2018, y se identifica la forma en que, dentro del PRI, por ejemplo, impulsan a José Antonio Meade, Miguel Ángel Osorio Chong, Aurelio Nuño, José Narro.

Lo mismo sucede en el PAN, con Margarita Zavala, Ricardo Anaya, Rafael Moreno Valle; o en el PRD, promoviendo a Miguel Ángel Mancera, Juan Zepeda, aunque persiste la intención de fabricar un frente amplio entre ambos partidos.

Y, desde luego, el caso singular de MORENA, instituto que nació con candidato en la figura de Andrés Manuel López Obrador. Asimismo, está a punto de sumarse al listado Movimiento Ciudadano, con abanderado propio, de acuerdo al anuncio reciente de Dante Delgado.

No obstante el aceleramiento de la clase política, es notorio que los tiempos son otros y que cada uno de los aspirantes estará sujeto a referentes. Al escrutinio popular de la manera como se han conducido o se están conduciendo siendo representantes populares o servidores públicos en los Gobiernos surgidos de sus partidos. A la aceptación que les dispensa la sociedad civil y sus sectores.

Sin dejar de lado, por supuesto, las decisiones de bancadas de legisladores en temas que la sociedad rechazó siempre, pero que la obediencia (por no decir sumisión) profesada a las cúpulas de sus partidos, los obligó a acatar línea y votar en consecuencia, como fue el caso de la Reforma Laboral, Reforma Educativa, los cambios en la Ley Fiscal y sobre los bienes estratégicos de la nación, subastados al mejor postor.

La lucha por la sucesión, está en marcha. Por ello es evidente la intencionalidad de los grupos que manejan siglas y colores, en impactar a la sociedad para demostrar que los personajes que promueven son los mejores. Y, por supuesto, Sonora y Cajeme no son la excepción.

No obstante, parece ser que no están tomando en cuenta que la sociedad civil, a 88 años de caudillismo abierto o disfrazado, tiene más claro que nunca, que es ella la principal fuerza que puede marcar el rumbo, construir la democracia efectiva y comprometida del país, sus entidades, sus municipios; y rebasar con transparencia, sin compromisos con monederos electrónicos y dádivas efímeras, con la sencillez cívica, honesta y transparente de sus votos.

Le saludo, lector.

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