
El fósil de Infernogallus, encontrado en América del Norte, revela una mandíbula con características poco comunes que habría permitido al animal consumir frutos y separar sus semillas de la pulpa.
Un descubrimiento paleontológico está aportando nuevas pistas sobre la diversidad alimenticia de los dinosaurios que habitaron la Tierra durante el periodo Cretácico. Se trata de Infernogallus, una especie de dinosaurio emplumado cuya anatomía revela una adaptación poco habitual: una mandíbula especializada para consumir frutas.
El ejemplar, que pesa aproximadamente 11 kilogramos, representa un hallazgo excepcional debido a la conservación de gran parte de su cráneo en una posición anatómica. Los restos fueron estudiados por especialistas de la Universidad de Stony Brook, el Museo Real de Ontario y el Servicio Geológico de Dakota del Norte. Actualmente, el fósil se encuentra exhibido en el Museo Real de Ontario, en Toronto, Canadá.
Este dinosaurio pertenecía al grupo de los caenagnátidos, animales emplumados que evolucionaron a partir de antepasados carnívoros. A diferencia de otros dinosaurios conocidos, estos ejemplares carecían de dientes y desarrollaron estructuras especializadas para procesar sus alimentos.
El análisis de los restos permitió identificar una característica particularmente llamativa en la mandíbula inferior, cuyo movimiento habría sido diferente al de otros dinosaurios. En lugar de limitarse a abrir y cerrar la boca, podía desplazarse hacia adelante y hacia atrás, facilitando la manipulación y trituración de alimentos.
Para comprender cómo funcionaba esta estructura, los científicos utilizaron tomografías computarizadas que permitieron estudiar el interior del cráneo y elaborar reconstrucciones de la musculatura mandibular.
A partir de estos análisis, los investigadores plantearon que Infernogallus estaba adaptado al consumo de frutos carnosos. Su sistema de alimentación habría permitido separar las partes fibrosas de las semillas, de manera semejante a lo que realizan algunas aves actuales, como los loros que consumen frutas.
La dieta habría estado relacionada principalmente con los frutos producidos por las angiospermas, nombre científico que reciben las plantas con flores. Este detalle resulta importante porque permite explorar la relación entre la evolución de los dinosaurios y la expansión de este tipo de vegetación durante el Cretácico.
Los especialistas consideran que la diversificación de las plantas con flores pudo favorecer la aparición de nuevas estrategias alimenticias entre determinados grupos de dinosaurios. En ese contexto, los caenagnátidos habrían desarrollado adaptaciones que les permitieron aprovechar una fuente de alimento cada vez más variada.
Además, el estudio plantea la posibilidad de que estos animales contribuyeran a la dispersión de semillas mediante su alimentación. De confirmarse esta hipótesis, los dinosaurios no solo habrían formado parte de las cadenas alimenticias prehistóricas, sino que también pudieron desempeñar un papel en la reproducción y expansión de algunas plantas. Sin embargo, todavía se necesitan más evidencias para determinar qué tan importante fue esta interacción.
Thomas Dudgeon, investigador del Museo Real de Ontario y participante del estudio, destacó que la especialización en el consumo de frutas es relativamente poco común entre los animales y suele estar acompañada de modificaciones anatómicas particulares.
Por su parte, David Evans, curador principal de historia natural de la misma institución y autor principal de la investigación, resaltó la importancia del fósil debido a que los cráneos bien conservados de dinosaurios pequeños son poco frecuentes en los registros paleontológicos.
Los resultados fueron publicados en la revista científica Nature Communications y representan una nueva aportación al conocimiento sobre los hábitos alimenticios y la evolución de los dinosaurios durante el Cretácico.
El hallazgo de Infernogallus demuestra que la diversidad de estos animales iba mucho más allá de los grandes depredadores y herbívoros tradicionales. Mientras algunas especies cazaban o consumían vegetación, otras desarrollaron mecanismos especializados para aprovechar los frutos disponibles en los ecosistemas prehistóricos.
De esta manera, el fósil abre una nueva ventana para comprender cómo interactuaban los dinosaurios con las plantas de su época y qué papel pudieron desempeñar en la transformación de los ecosistemas millones de años antes de la aparición de los seres humanos.
















































