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En el país -por supuesto con énfasis en Sonora-, la sociedad civil, las familias de los trabajadores principalmente, transitan de la impotencia al asombro, como consecuencia del comportamiento de la clase política, integrada en las estructuras de los diferentes partidos.

Sienten los mexicanos, que a pesar de las promociones de mercadotecnia para convencer masivamente que México es, ahora, una nación que avanza hacia el éxito futuro (sustentada en las reformas que, ciertamente nacieron desde pequeños grupos dominantes, y que fueron avaladas por diputados y senadores desde el núcleo del Pacto por México PRI, PAN, PRD-, llevando, supuestamente, la voz y el rostro de sus representados a quienes ¡jamás! consultaron), el país marca un retroceso que daña a las grandes mayorías; porque el triunfo solamente lo saborean los pocos, los ínclitos capitanes del dinero, los privilegiados miembros de la clase política, los que se reparten el poder cada tres y seis años.

¿Acaso no es notorio y causa preocupación que ya se estén dando las formas de lo que será el fondo del comportamiento de grupos, partidos y aspirantes a nuevos cargos de representación popular, quienes en su momento podrían pasar (como se ha hecho en otros tiempos) por encima del Código Electoral de Sonora, a pesar de los llamados al orden que haga en su momento la consejera presidenta del ISEE, Guadalupe Taddei, quien estará sometida a una prueba de fuego con esos posibles comportamientos, donde se demostrará si todo será igual que siempre, o ahora sí se actuará contra quienes violenten la ley electoral cancelándoles posibilidades de candidaturas y hasta candidaturas.

Buscan, de nuevo, los legisladores federales como Abel Murrieta, Héctor Cristópulos, Susana Corella, Sylvana Beltrones, Próspero Ibarra, Javier Neblina, Teresa Lizárraga, Agustín Rodríguez, Anabel Acosta, Ernesto Gándara, Héctor Larios, todos ellos con credencial del PRI o del PAN, el rostro, los ojos y el apoyo de quienes ofendieron con reformas elitistas; de quienes nunca obtuvieron respuesta a sus demandas de vida digna, de cumplimiento a los compromisos de luchar desde las Cámaras Baja y Alta, en contra de los gasolinazos, de las tarifas crueles por electricidad, de impuestos denigrantes equiparados con los de la época feudal, de no haber movido un solo dedo para dignificar los salarios mínimos.

Pronto vendrán, pues, a presidir reuniones y desayunos, quienes desde el Congreso de la Unión, o como integrantes de una estructura de Gobierno Federal agresiva contra los desvalidos, a pedirle a los agraviados, a quienes están condenando a nuevas décadas de sufrimiento, que los aplaudan y los tengan en cuenta para el 2018, porque ellos son la luz y la esperanza…

Le saludo, lector.

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