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Hace 23 años, Luis Donaldo Colosio, pronunció, durante la ceremonia del 65 aniversario del PRI, un vigoroso discurso que recogía, no la preocupación de la clase política y empresarial del país, sino el sentimiento de la nación.

Esa mañana gris, en la explanada del Monumento a la Revolución, se alzó clara y firme la voz del candidato a la Presidencia de la República, sembrando la primera semilla de lo que pretendía fuera espiga plural de sus ideales. La que no encontró tierra fértil ni en el tejido de su partido, ni en los poderosos grupos de conveniencia que lo conforman desde siempre.

Pese a la vehemencia con la que expresó su visión sobre la realidad de una Patria agobiada por la clase política, la partidocracia y los capitanes del dinero, la simiente que arrojó a las conciencias no ha florecido aún. No es espiga.

Su denuncia sobre “un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían servirla. De mujeres y hombres afligidos por el abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”, tiene vigencia. Ahí está. Como brasa.

Y su exposición relativa a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad. De jóvenes que se topan día con día ante las barreras de falta de empleo. De mujeres que no cuentan con las oportunidades que les corresponden, vibra en los caminos de la nación, pero no en la voluntad y en la conciencia de los políticos.

En 1994, la voz de Colosio, su pensamiento universal que brotaba desde Sonora, se elevaba con la oportunidad de convertirse en presidente de la República. Ya tenía en las manos el triunfo de su primera gran batalla. La más encarnizada. Librada al interior de su partido, en la difícil maraña de intereses y de pasiones extremas que son parte de las cofradías que lo conforman. Había derrotado al poderoso grupo Atlacomulco, que se le oponía.

Hoy, priístas como Miguel Ángel Osorio Chong, José Narro Robles, José Antonio Meade, Aurelio Nuño, Luis Videgaray, se mueven en el campo de las posibilidades para representar a su partido. Y entre ellos, otro sonorense quien se propone estar en el proceso electoral del 2018, Manlio Fabio Beltrones (a quien ya intenta descarrilar el fuego amigo). La lucha partidaria de Manlio no es de ahora, sino que se fundamentó desde el 2011 cuando proponía que fuese primero el proyecto de nación, luego las reglas y al final el candidato, tiempo en el que enfrentó los intereses más profundos del tricolor y su nomenklatura, quienes, ciertamente, ya tenían abanderado: Enrique Peña Nieto.

Se cumplen, pues, 23 años del memorable discurso de Luis Donaldo. Legajo de ideas y sentimientos bautizados en palabra viva, por quien llegó al final de su camino la tarde gris de un 23 de marzo -a los 17 días de haberlo pronunciado-, en la colonia Lomas Taurinas, de Tijuana, para convertirse en leyenda sin final, porque sus ideales siguen siendo semilla que no ha encontrado tierra fértil capaz de florecerlos en realidad…

Le saludo, lector.

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