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Alejandro de Anda

“Soy la aventura que llegó para ayudarte a continuar en tu camino, soy ese beso que se da sin que se pueda comentar, soy ese nombre que jamás fuera de aquí pronunciarás” Víctor Iturbe ‘El Pirulí’

LO CLARO. Sin posturas de aparador, hay a quienes nos apasiona la historia. La que nos rodea, la que da origen a nuestra existencia y sentido de identidad. Hablar del pasado en estos días, se ha convertido también en asunto olvidado.

Los hechos de la revolución mexicana, alcanzaron a llegar a nuestros oídos incluso de actores veteranos de la misma.

Difícilmente existan aún personajes de aquella época. Sin embargo nos queda el gusto perenne a quienes disfrutamos de escuchar anécdotas de edificios, de héroes, de los Robin Hood mexicanos. La historia es asunto de ayer y de siempre.

Por eso recibimos con agrado la noticia que comparte la Universidad Autónoma de Tamaulipas; que recopila y alienta a los estudiantes a través de la licenciatura de historia y gestión del patrimonio cultural, y recaban ese acervo que nos permite mantener viva la memoria de aquellos que lucharon en eventos como la batalla de Tampico de 1829 que puso fin a la guerra contra la corona española.

Y que en colaboración con el INAH en recorridos por sitios de interés históricos, nos hablan de la riqueza en edificios (haciendas, espacios públicos) que sigue haciendo presente la grandeza de México a través de los años.

LO OSCURO. Una referencia gramatical, que nos permitirá ahondar en el tema de hoy. Palabras de uso cotidiano: ‘la gotita traicionera’, ‘aquellita’, ‘al que le gusta el arroz con popote’, el tilín.

Son parte de un léxico tabú que sin estar inscrito formalmente en libros de idiomas, nos acompañan como usos y costumbres, pero son prohibidas.

Se aceptan, se entienden y se usan más que los adjetivos castellanos admitidos.

Incluso en el estudio que de manera constante realiza la Asociación de Academias de la Lengua Española, encuentran espacio para su estudio y segura adaptación por ser conceptos prolíficos del español.

En el devenir de la historia gubernativa de nuestro país, los cambios sexenales entre gobiernos priistas se llevaban a efecto con la tersura de saberse gobierno saliente y entrante. En el que llegaba ya había sido parte del que se iba y por ahí la cosa.

El sustancial cambio del año 2000, se supondría cambió las formas y los fondos. La llegada del presidente que nombró en primer lugar a su esposa e hijos antes que a los demás poderes de la Unión, daban la señal que no existía del todo un entendimiento de gabinetes y de protocolos.

Estamos de nuevo en un brinco democrático donde –también se supone- las corrientes políticas de los gabinetes en transición son distintas.

Sin embargo, todo apunta –desde el 2 de julio de este año- que la tersura de traslape gubernamental, va acompañada de un léxico o lenguaje entendido a cabalidad por quienes lo interpretan.

Un TLCAN que no se aceptaría y que finalmente se aprueba sin una coma distinta. Un pacto racional en torno al tema de gasolinas, donde el IEPS que desaparecería, se mantiene ídem ‘para no crear desestabilización y generar confianza’ (Romo). Construcción del aeropuerto, contratos de PEMEX, etc.

Ese terso transitar desde el dos de julio, que gobierna (el electo) sin recato ni pudor en el ejercicio supremo de convivencia con gobernadores en funciones; al igual que los secretarios-ministros, como el de agricultura que informa y consulta con el que será y no con el que es, da señales –como Romo dijo- de confianza y gobernabilidad.

Da ‘lenguaje oculto’ que no habrá mucho qué perseguir del que se fue el 1 de julio y de que el idioma sánscrito que utilizan desde aquella visita a palacio nacional, es efectivo.

COLOFÓN: Observe con atención: si en casa le dicen que ‘tilín’ ya es aceptado como palabra oficial, preocúpese de esas pequeñeces.

 

alejandrodeanda@hotmail.com

@deandaalejandro

 

 

 

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