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AMLO, será guardián electoral.- Faltando un año para los comicios del 2021, ya tiene un plan para que se respete el voto de los mexicanos.- Sin embargo, para enfrentar el monstruo del coronavirus que devora a México, no tuvo una estrategia oportuna, resistiéndose hasta el último día a actuar.

Bernardo Elenes Habas

Cada día, se vuelve más evidente que la verdadera preocupación del presidente Andrés Manuel López Obrador, se concentra no en fortalecer a México, sus instituciones, su gente, sino en afianzar su poder político.

Lo define con sus actos. Sus declaraciones. La forma en que minimiza y hasta desprecia, el problema monstruoso de la pandemia del coronavirus que devora al país, sin que en momento alguno haya demostrado su grandeza de mexicano, colocándose ante el timón de la Patria, para hacerla navegar hacia puerto seguro.

En contraste, cuando aún faltan tres meses para que el INE –septiembre-, instale el proceso electoral 2020-2021, AMLO ya está adelantando su obsesiva ambición de poder político, expresando que se convertirá en guardián de las elecciones: 

“Vamos a estar pendientes para que no haya fraude electoral. Me voy a convertir en guardián para que se respete la libertad de los ciudadanos para elegir a sus autoridades. Ya sé que existe el INE, no me voy a involucrar en eso, estoy obligado a denunciar si hay intentos de fraude, como cualquier ciudadano”, aseveró, con firmeza inusual, durante su conferencia matutina.

Con esas actitudes que no deben pasar desapercibidas para la ciudadanía, AMLO está expresando que desconfía del desenlace que pudieran tener los comicios del 6 de junio del año próximo.

Pero también, muestra su hechura ante la realidad de la nación, dejando en claro que es un ídolo con pies de barro. Porque ante la gran tormenta sanitaria y económica que se abate, ha preferido esconderse moralmente para que no le llegue el agua y lo derrumbe, negándose desde el principio a atender con responsabilidad de jefe de estado las estrategias preventivas de abastecimiento de insumos y acondicionamiento de hospitales, que hubieran salvado miles de vidas.

Ante esas urgencias, AMLO mostró su obstinación. Ya con la pandemia encima, se atrevía a decir al pueblo bueno que no pasaba nada, que hicieran vida normal, que se dieran besos y abrazos. Todo ello está testimoniado en los medios informativos.

Esa fue su primera procaz maniobra para enfrentar el Covid-19, enfocada a no destinar recursos para fortalecer las líneas de batalla contra la contingencia y evitar suspender la movilidad que se volvía urgente. Negando, asimismo, el apoyo a micros, pequeñas y medianas empresas, con el propósito infame de no restarle recursos a sus proyectos insignias, Tren Maya, refinería Dos Bocas.

De esta manera pública demostró su magnanimidad de supuesto líder forjado en la ideología de izquierda. Prefiriendo atender lo superfluo, lo que podía aplazarse, poniéndolo por encima de la vida del pueblo de México, cuyas consecuencias estamos ahora lamentando con -hasta el momento-, 185 mil casos de Covid, y 22 mil muertos, ante lo que el sensible, espiritual, humanista guía con raigambre del pueblo, ni se inmuta, porque no ve, no oye, no siente el clamor de la gente que votó por él.

En cambio, hierve en su sangre las ansias de poder. Y, desde ahora, faltando un año para el día de las elecciones del 2021, ya tiene prevista la estrategia encaminada a evitar fraudes, los que se han convertido en fantasmas que relampaguean en su cerebro obsesionado.

¿Este es el redentor, por el que votaron 30 millones de mexicanos para convertirlo en presidente?

Le saludo, lector.

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