¿Partidos en decadencia?.-

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Bernardo Elenes Habas

¿Partidos en decadencia?.- Se percibe que prevalecerá en elecciones, el candidato como ser humano.- No basta con la crítica a las estructuras de gobierno para que avancen los aspirantes, es necesario el proyecto de trabajo capaz de llegar a la conciencia, a la inteligencia de la gente.- Así, el perfil de quienes buscan cargos de elección no se percibirá indolente, hueco, o autosuficiente.

Bernardo Elenes Habas

¿La partidocracia camina por el filo de la decadencia?

Todo lo hace indicar así.

Porque el paso más o menos seguro que la figura y el accionar de los institutos políticos mantenían hasta antes de 2018, se desquebrajó estrepitosamente, especialmente para el PRI, PAN, PRD.

A partir de ese momento, apuntalado por el liderazgo de AMLO, comenzó a escribirse una nueva historia –que no se consolida aún- en el devenir político del país, con un sacudimiento que hundió a los otrora orgullosos partidos que se repartían el poder, sexenio tras sexenio.

Pero también, el coletazo transformador alcanzó al partido oficial –Morena-, al que le faltó liderazgo y libertad, encerrándolo, sus propietarios, en la jaula de las imposiciones para colocar, sin contratiempos, la primera piedra de la 4T.

Todo parecía ir bien, pero se bifurcaron los grupos, los intereses de poder y las supuestas ideologías al interior de Morena, demostrándose que no era el pensamiento progresista el que prevalecía en sus entrañas, sino un hibridismo complicado, ambicioso y egoísta, producto de la mezcla de sus integrantes, lo mismo de izquierda dura, que las aportaciones surgidas con el arribo de priístas, panistas y empresarios otrora integrantes de la “mafia del poder”, resultando esa aleación en la conformación de dos y hasta más frentes que propician la lucha a muerte de Morena contra Morena.

Debido a esas circunstancias, se vuelve muy difícil el proceso para elegir candidaturas a los cargos de elección popular (alcaldías, diputaciones locales y federales) que debe resolver Morena; causa de la que se alejó la práctica democrática, y en la que asoma ahora, rabiosamente, la rebelión e inconformidad, que, ciertamente, convulsiona el tejido del partido oficial, porque no son embates de la oposición, no provienen del núcleo de conservadores o neoliberales, sino de militantes de carne y hueso que sirvieron y trabajaron para el arribo de dicho instituto y sus abanderados al poder, quienes ahora exigen ser tomados en cuenta, para que el otorgamiento de candidaturas no se convierta en subastas públicas, favoreciendo solamente a los allegados a liderazgos partidarios y a intereses de grupos.

Es decir, mentira que exista un antes y un después a partir del 2018 en México, encauzado a beneficiar la democracia, porque el fondo y la forma como actúa y ejecuta el partido oficial, sigue siendo igual a como se desempeñó el PRI durante más de 70 años, privilegiando la “dictadura perfecta”, que un día definiera con agudeza el escritor Mario Vargas Llosa.

Imposible no registrar estos imponderables que se vuelven evidentes en el desempeño de los tiempos que corren, sobre la forma de hacer política.

Y, en base a ese escenario considerado evidente por la ciudadanía, se puede deducir que en las elecciones de junio próximo, no serán las siglas, los colores, las ideologías, las que convenzan para la captación de votos, sino el candidato, la candidata, mostrando con claridad y transparencia su cauce humano, social, político, no sus padrinazgos:

Tendrán que ser los compromisos de raigambre de quienes buscan verdaderamente servir a sus comunidades; y, fundamentalmente, a las familias, para hacer valer la fortaleza de sus principios y valores, su sentido de pertenencia al núcleo de sus secciones, sus municipios, sus entidades, exponiendo primero el proyecto encaminado a transformar y hacer que evolucionen pueblos y ciudades, luego mostrar la capacidad del candidato que se compromete a no fallar.

Le saludo, lector.

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