
Una pandemia que no cesa.- Desde el principio, México enfrentó la tormenta dividido.- Hasta el momento el plan de reactivación de la economía ante el coronavirus, presentado por el Gobierno Federal, carece del principal de sus elementos: Unidad.
Bernardo Elenes Habas
En abril del año anterior, cuando la pandemia asomaba su ferocidad, era notorio que México, su gente, no enfrentaba unido tan devastadora enfermedad.
El sentimiento de solidaridad entre los seres humanos, se constituye en uno de los máximos valores colectivos de los pueblos, sobre todo para su sobrevivencia.
En la historia de la humanidad abundan los ejemplos brindados por naciones y comunidades que conjugaron sus esfuerzos, sin importar ideologías, creencias religiosas, tradiciones, costumbres, para enfrentar con determinación definitiva, graves y arrasadoras adversidades.
México, sus habitantes, saben de esos pasajes conmovedores que recorren la memoria como un rayo y fortalecen el sentido de pertenencia nacionalista, en su dimensión humana y social.
Los hechos más recientes de ese devenir común, los constituyen los sismos de 1985 y 2017, donde la solidaridad humana rebasó a las estructuras de gobierno, y en acciones heroicas, profundas, definitivas, la sociedad misma se organizó sin antagonismos, sin perversidades políticas, sin reclamos ante nadie y se constituyó en un frente emotivo, decidido, anónimo, que fue realmente el salvador de la Patria; porque estaban vivas las condiciones de unidad dadas entre el pueblo, sus sectores, sus corrientes de pensamiento, sus ideologías, su fe, y es que, pese a los antagonismos políticos, no se había sembrado con crueldad en el tejido de la Nación, el germen del odio, de la división profunda entre las clases sociales. No se había abierto en el alma de México, la herida que separa a buenos y malos. A liberales y conservadores.
A partir del 2020, un nuevo sismo sacudió a México, como a todos los países del mundo. Este temblor destructivo golpeó –y golpea- directamente al ser humano en sus capacidades orgánicas.
Un virus que aún sigue actuando y que se introduce a los pulmones y los llena de fibra, dañando sus procesos de oxigenación. Pero también, junto con el abatimiento físico y la muerte, trajo consigo esa pandemia la devastación económica, porque sometió a los seres humanos a la cuarentena, la inmovilidad, el abandono de labores, reventando problemas entre los integrantes más débiles de la cadena productiva, trabajadores de salario mínimo, subempleados, informales, comerciantes ambulantes, cuyas familias, pese a los esfuerzos de gobiernos estatales y locales, resintieron los efectos destructivos de la peste…
Lo grave, lo terriblemente grave que se apreció y se continúa observando en los tiempos del coronavirus, es que las condiciones objetivas y subjetivas de la nación, no fueron de unidad, como era lo deseable.
La ausencia de tan importante valor que mueve conciencias y voluntades, se percibía principalmente en las redes sociales, en el comportamiento de muchísima gente que desafiaba –y desafía ahora- la adversidad. Algunos por placer e ignorancia, o bien, aceptando los consejos temerarios brindados desde Palacio Nacional. Otros, obligados por la necesidad de obtener satisfactores para el sostenimiento de sus familias.
Esas crecientes señales se observaban con preocupación, entre el gobierno federal y las cúpulas de los capitanes del dinero. Donde fue notoria la falta de acuerdos, surgiendo argumentos de ambas partes pretendiendo justificar sus formas de proceder, sin que se percibiera puntos de inflexión de beneficio general.
Tales comportamientos, con los que se obligó a acatar disposiciones gubernamentales de pagar impuestos, servicios, salarios, sin que se aceptaran negociaciones de ninguna especie, demuestran que las estrategias tomadas para enfrentar la turbulencia de salud y economía, no estuvieron forjadas bajo el principio de unidad, y por lo tanto carecían de valor colectivo, de esperanza conjugada para salir adelante.
Y cuando un plan no es apoyado con emoción y compromiso por todos los sectores sociales, económicos, humanos, y principalmente por su gobierno para hacerlo triunfar, podría funcionar a medias, o ser empujado a sucumbir dolorosamente, cobrando alta cuota de enfermos, vidas, empresas cerradas, gente sin empleo, miseria, como sucedió en muchos de los casos.
Aunque no se cruza aún la tormenta de la pandemia que cayó como anillo al dedo al gobierno de la 4T, tal como lo proclamó AMLO en el umbral de la tragedia que llenó de luto a México y de indignación a la gente pensante por frase tan impúdica, se tiene la alternativa cierta de la vacunación, pero también la realidad de una nueva oleada del virus, ahora con otras cepas que repuntan contagios y cobran vidas…
Le saludo, lector.









































