
¡Nochebuena… umbral de Navidad!.- Vivencias de sol y lluvia, sembradas en el recuerdo de una generación que se extingue….- El viento norte arrancaba tonadas a las bocas de carrizos y rendijas de chinames en el Cajeme de los años 50.- Tiempo para que los adultos vuelvan a ser niños, desandando senderos, olvidando odios y divisiones extremas, tatuando en el alma de los pequeños la humildad, el respeto a la vida de todos los seres… valores que jamás deben extinguirse…
Bernardo Elenes Habas
No existen palabras nuevas para contar las cosas del ayer, éstas sobreviven tejidas en los mismos recuerdos de la niñez…
Son, ciertamente, los mismos verbos, idénticos adjetivos, añoradas vivencias que se tatuaron con sol, frío y lluvia, en la piel del alma.

Por eso, a pesar de crisis y pandemia, de aceleramientos políticos, de fantasmas crueles que cabalgan desparramando violencia, la presencia de la Nochebuena, del nacimiento de Jesús El Cristo, motivan y me hacen desempolvar mis herramientas de juglar, de cronista de sueños y esperanzas…
Comparto esta copa de nostalgia. Paisajes sembrados en la tierra, donde brotaban silvestres como mezquites y girasoles en la soledad de los caminos, o a la orilla de las calles de mi infancia, las raíces de una comunidad que se fortalecía día con día, logrando su desarrollo asombroso.
A pesar de que el frío aullaba, afuera, colando sus cuchilladas por las rendijas de carrizo y lodo de los chinames del barrio, los niños de las décadas de los cuarenta, cincuenta, eran felices.
A veces la lluvia caía pertinaz, dándole tonalidad plomiza a la tarde, obligando a las aves a buscar refugio temprano, porque el viento corría sin freno, entre la soledad de los llanos…
Los días eran diferentes a los actuales. Las familias de ayer sabían mirarse a los ojos. Contarse tristezas y esperanzas. Compartir en fechas señeras, la luz del sentimiento limpio, el pan tibio horneado en casa, barbacoa, tamales, menudo; brindando los adultos por la vida y sus anhelos con ron, tequila, mezcal: Habanero Palma, Viuda de Martínez, Club 45, Ollitas de Oaxaca, que adquirían en las cantinas de ese tiempo: El Oviáchic, de Nacho Acedo, ubicada en las calles 6 de Abril, entre Durango y Zacatecas; La Burrita, Los Gatitos, La Cananea, La Sierra Mojada, El Oso Blanco, enclavadas, casi todas, en las áreas de la Galeana, No Reelección, entre Tamaulipas y Colima.

Esta noche es Nochebuena. Tendremos oportunidad de recordar nuestras raíces. De revivir en familia la risa jubilosa de la niñez que se quedó dormitando en un recodo del tiempo… Pero también, de abrir nuestro corazón, nuestra capacidad de asombro, para darle esencia compartida al pan, la paz, la bienaventuranza…
En el Cajeme que se nos fue, el invierno traía en su pentagrama de agua y brisa, rumores de nostalgia, de incertidumbre…
Hoy quizás escucharemos el murmullo del viento por la noche, cuando corra como sombra, reviviendo la cicatriz de la tristeza por quienes se adelantaron en el camino; pero motivando, también, con los acordes jubilosos de la ternura, esparcidos con su guitarra azul…
Tal vez el frío duela de nuevo, al bajar aullando por las laderas del Bakatete. Cuando sus cuchillos helados traspasen, en el recuerdo, las endebles paredes de carrizo y barro de los chinames. Arranque notas silvestres a la fronda de los mezquites, a las bocas de los cercos de carrizo, y se arrastre sollozante sobre la inmensa pradera para desvanecerse entre la arena blanca de la isla Huivulai, donde el mar alarga eternamente sus voces líquidas convertidas en neblina, lavando las costras de la tierra…
Sabremos que ya no cruzan las aguilillas el cielo de Ciudad Obregón. Que los barriqueros, quienes llevaban agua a los hogares, abasteciéndose en los tinacos de la Seis de Abril y Coahuila, y de la Jesús García y Colima, con sus barricas de madera sobre carretas movidas por caballos, no recorrerán las calles del ayer llenas de polvo y olvido…
Ellos, con sus barricas, sus monederos de cuero a la cintura y su mirada infinita, fueron borrados de la memoria del pueblo por los nuevos tiempos… Por la modernidad que obligó a que lámparas y cachimbas, fueran guardadas en los arcones del ayer, para que alumbraran solamente la huella prodigiosa de Dios…
Esta noche es Nochebuena. Con su llegada, luego de un crepúsculo rojizo, con aves bebiéndose el último rayo de sol al ir en pos de sus nidos, rebasando la distancia y el adiós, harán que broten imágenes perdidas, cayendo como una lluvia llena de nostalgia…
Esta noche es Nochebuena… Los adultos volveremos a ser niños, desandando senderos. Olvidando las pasiones y golpes de la vida, para soñar con el nacimiento de Jesús, El Cristo, en la humildad de un pesebre. Reviviendo su lección de paz y de amor. Sentimientos que, a pesar del paso del tiempo, no han sido aprendidos ni valorados por quienes tienen enquistada la ambición ciega del poder y el odio en sus corazones…
Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad…
Le saludo, lector










































