Las tortugas están perdiendo la playa

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Durante 2025, un total de 157 campamentos tortugueros fueron autorizados por la Secretaría de Recursos Naturales y Medio Ambiente (Semarnat) que lograron la protección y liberación de más de nueve millones de tortugas en playas de México.

Mediante una solicitud de transparencia, la dependencia informó que legalmente la actividad se llama aprovechamiento no extractivo en campamentos tortugueros, espacios estrictamente regulados por la NOM-162-SEMARNAT-2012 que exigen un Plan de Manejo integral.

Este plan va mucho más allá de la fotografía del turista soltando una tortuga en la arena, ya que los campamentos deben cumplir con patrullajes nocturnos, colecta y reubicación de nidadas, limpieza de nidos, conteos científicos, reportes y programas de educación ambiental.

Liberar tortugas en la playa es sólo la parte visible: detrás existe una red de vigilancia, monitoreo y protección que opera día y noche.

La supervisión de estos espacios recae coordinadamente en la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), la Secretaría de Marina (SEMAR), la Guardia Nacional y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP).

El informe también reporta que 12 centros tortugueros que solicitaron este permiso no obtuvieron la autorización por no cumplir con los requisitos requeridos.

Oaxaca, santuario clave para las tortugas marinas

“Llamarle punto de liberación es un error común, la liberación es solo el último eslabón de una cadena de conservación diaria muy compleja en la Zona Federal Marítimo Terrestre”, explicó Alison Raymundo, bióloga y directora del campamento tortuguero Palmarito, ubicado en Puerto Escondido, Oaxaca.

Palmarito lleva más de 20 años dedicándose a la liberación de tortugas y cada año debe renovar la autorización de aprovechamiento no extractivo, emitida por la Dirección General de Vida Silvestre (DGVS), que sirve específicamente para realizar las actividades de protección y monitoreo de estas especies en playas de anidación.

“Es decir, para el manejo de huevos y de crías que nacen en la playa se requiere de esa autorización. La más reciente de nosotros fue emitida el 18 de agosto de 2025 y tiene vigencia de un año. Entonces cada año tenemos que estar renovando, entregando informes y solicitando nuevamente los permisos”, detalló.

Destacó que Palmarito se ubica en la franja costera de 21 kilómetros, que inicia frente al aeropuerto de Puerto Escondido, una de las seis playas de anidación más importantes del estado por su abundancia, donde se registran de manera permanente más de dos mil anidaciones anuales de tortugas golfinas, prietas y laúd.

Mientras que la costa de Oaxaca es un epicentro mundial para las tortugas: alberga al Santuario Playa Escobilla, la playa de arribada masiva más relevante para la tortuga golfina, además de Barra de la Cruz, sitio clave para la tortuga laúd en el Pacífico, así como el Santuario Chacahua y Morro Ayunta.

La biología detalló que la operación de estos centros es de forma diferenciada según el litoral. Mientras que en el Pacífico de Oaxaca la tortuga golfina anida todo el año, la prieta lo hace de septiembre a mayo y la laúd de octubre a abril, obligando a mantener vigilancias las 24 horas del día.

Resaltó que para alcanzar este éxito ecológico, los campamentos aplican estrictos criterios científicos. Existen métodos como la conservación in situ, donde los nidos se quedan y marcan en la playa, común en el Caribe o en Escobilla, donde reubicar cientos de miles de huevos, como arribadas de 350 mil tortugas logísticamente son imposibles, por ello se dejan y se cuidan en el lugar.

Mientras que existe otro método de viveros o corrales de incubación, implementado en el Campamento Palmarito, donde los huevos deben reubicarse en espacios cercados con malla ciclónica dentro de las primeras dos horas posteriores al desove para asegurar su viabilidad, antes de que el embrión se fije a la yema, ya que un traslado tardío o brusco rompe dicha fijación.

Advirtió que actualmente los campamentos están enfrentando la destrucción del hábitat de estos reptiles, especialmente en Palmarito, que al no ser área natural protegida, se está llenando de casas, edificios, luces, albercas, lo que pone en peligro su zona de anidación.

“La playa se está convirtiendo en una zona urbana, eso obviamente está transformando condiciones ambientales muy importantes para las tortugas, como es la oscuridad nocturna, que ahora tenemos un montón de luces artificiales y eso afecta a las tortugas porque las desorienta, especialmente a las crías”, subrayó.

“Por ejemplo, para nosotros aquí en Palmarito, esa se ha convertido en la principal razón por las cuales tenemos que llevarlas a los viveros de incubación y no podemos dejarlas in situ. No se logra entender que la playa es como el vientre de las tortugas, ahí se incuban los huevos”, señaló.

Recordó que a pesar del trabajo y esfuerzo que realizan los campamentos, la estadística científica estima que solo una de cada mil tortuguitas llega a la edad adulta.

De acuerdo con la solicitud de la Semarnat, explicó que la NOM-162 establece estrictamente que está prohibido que los visitantes manipulen a las crías nacidas en viveros o nidos naturales. Los turistas deben mantener una distancia mínima de dos metros por detrás del grupo de tortugas para no obstruir su camino ni pisarlas.

Un panorama crítico

Las costas mexicanas albergan seis de las siete especies de tortugas marinas que hay en el mundo. Pero su supervivencia en las playas de anidación enfrenta desafíos alarmantes. A través del monitoreo independiente realizado por universidades nacionales y organizaciones no gubernamentales, se mapea una realidad compleja marcada por la pérdida de hábitat costero, el impacto del desarrollo y la urgencia de reestructurar las estrategias de conservación locales.

Un foco rojo crítico se localiza en la Península de Yucatán. Investigaciones coordinadas por el doctor Alberto Abreu-Grobois, especialista del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM y miembro del Grupo Especialista en Tortugas Marinas de la UICN, demuestran que la tortuga carey padece declives severos.

Datos validados por redes académicas y la organización internacional WWF evidencian un colapso en el Golfo y Caribe mexicano: las cifras se desplomaron de 6 mil 400 nidos anuales registrados en su punto óptimo a menos de 2 mil 400, lo que representa una alarmante reducción del 63 por ciento en la densidad de anidación regional en los bloques de muestreo a largo plazo.

“La complejidad espacial y temporal del ciclo de vida de la tortuga carey complica su monitoreo en tierra, revelando que los esfuerzos tradicionales en playas deben extenderse obligatoriamente hacia sus hábitats marinos críticos”, ha dicho Abreu-Grobois en sus diagnósticos biológicos.

El impacto antrópico directo sobre las playas es el eje central de las evaluaciones del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA). Esta organización civil independiente recalca que el crecimiento urbano desmedido y la edificación de infraestructura turística hotelera destruyen de forma irreversible la zona federal marítimo-terrestre.

La construcción sobre dunas costeras no solo fragmenta físicamente el espacio donde las hembras desovan, sino que introduce un factor letal silencioso: la contaminación lumínica.

Las luces artificiales desorientan por completo a las crías recién eclosionadas; en lugar de guiar su camino hacia el horizonte marino reflejado por la luz natural, caminan en dirección opuesta hacia el interior de las playas, muriendo por deshidratación o depredación.

El CEMDA sostiene que la falta de ordenamiento territorial sustentable amenaza directamente los santuarios naturales remanentes.

En el litoral del Pacífico, la labor del Grupo Tortuguero de las Californias A.C. aporta datos sobre la tortuga verde. A través de muestreos científicos en zonas de alimentación y descanso, registraron la captura y marcaje de 2 mil 175 tortugas tras más de 7 mil horas de esfuerzo de red.Los análisis independientes revelaron que si bien el 90 por ciento de los ejemplares presentaba un buen estado de salud general (con un índice de condición corporal superior a 1.20), la población está fuertemente dominada por individuos inmaduros.

Esto confirma que las playas y aguas adyacentes actúan como hábitats de crianza críticos, donde alteraciones por turismo desregulado o tránsito de embarcaciones pueden diezmar a las futuras generaciones antes de alcanzar la madurez reproductiva.

La información del sector civil y las universidades deja en claro que la conservación requiere trascender el resguardo de nidos; sin frenar el desarrollo inmobiliario destructivo en las costas, el futuro de estas especies seguirá en un peligro histórico latente.

Fuente: oem.com.mx