Descubren una arquea con el genoma más pequeño registrado y reabren el debate sobre el origen de la vida

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Un equipo internacional de científicos identificó un microorganismo del dominio Archaea cuyo genoma mide apenas 238 mil pares de bases, una cifra que lo convierte en el más pequeño registrado hasta ahora entre las arqueas. El hallazgo, denominado Candidatus Sukunaarchaeum mirabile, representa un avance importante para comprender los límites de la vida celular.

El descubrimiento surgió durante el análisis genético de microorganismos asociados al plancton marino Citharistes regius, recolectado en aguas superficiales cercanas a Shimoda, Japón. Mientras estudiaban el material genético de los microbios presentes en la muestra, los investigadores encontraron una secuencia circular de ADN que no correspondía a los organismos que esperaban identificar.

De acuerdo con la investigación publicada en la revista científica Current Biology en octubre de 2026, el microorganismo pertenece a una línea evolutiva de arqueas que no encaja claramente en ninguno de los grupos conocidos de este dominio.

Un genoma extremadamente reducido

Las arqueas son organismos unicelulares sin núcleo celular, una característica que comparten con las bacterias. Sin embargo, presentan diferencias genéticas y evolutivas que permiten clasificarlas en un dominio independiente.

Lo que distingue a Sukunaarchaeum mirabile es la notable reducción de su información genética. Su genoma conserva componentes fundamentales para copiar el ADN, producir ARN y fabricar proteínas, pero carece de prácticamente todas las rutas metabólicas reconocibles que permitirían a una célula obtener energía y elaborar nutrientes por sí misma.

Esta particularidad indica que el microorganismo depende estrechamente de su entorno o de otro organismo para realizar funciones esenciales. Aun así, mantiene buena parte de la maquinaria necesaria para conservar y expresar su información genética.

Su reducido tamaño también resulta llamativo al compararlo con el de ciertos virus, cuyos genomas pueden superar ampliamente los 238 mil pares de bases. Sin embargo, los virus y las arqueas son entidades biológicas distintas: los virus necesitan células hospedadoras para reproducirse, mientras que las arqueas son organismos celulares.

¿Dónde termina la vida y comienza la dependencia?

El hallazgo plantea nuevas preguntas sobre la cantidad mínima de información genética que necesita una célula para mantenerse y reproducirse.

Los investigadores consideran que Sukunaarchaeum mirabile podría representar un caso extremo de especialización biológica. A diferencia de otros microorganismos que han perdido funciones genéticas porque sus hospedadores las realizan en su lugar, esta arquea conserva gran parte de los componentes relacionados con la replicación y la producción de proteínas.

Otra característica que llamó la atención del equipo científico es que aproximadamente una cuarta parte de su genoma está dedicada a proteínas de membrana de gran tamaño, cuya función todavía no se conoce por completo. Su presencia guarda semejanzas con proteínas identificadas en algunas arqueas parasitarias, por lo que los autores plantean que el microorganismo podría tener una relación parasitaria con su hospedador. No obstante, esta posibilidad todavía requiere confirmación.

Una pista para comprender la evolución celular

La dependencia entre microorganismos también es relevante para estudiar el origen de las células complejas. Una de las principales explicaciones científicas sobre la evolución de las células eucariotas sostiene que ciertas bacterias fueron incorporadas por células ancestrales y, con el tiempo, se transformaron en orgánulos especializados.

Un ejemplo son las mitocondrias, estructuras encargadas de producir gran parte de la energía que utilizan nuestras células y que conservan su propio ADN, una señal de su antiguo origen bacteriano.

Aunque todavía no hay pruebas de que Sukunaarchaeum mirabile esté siguiendo un proceso evolutivo similar, su extraordinaria dependencia de otros organismos ofrece una oportunidad para investigar cómo las relaciones entre distintas formas de vida pueden cambiar a lo largo de millones de años.

Por ahora, el microorganismo no ha sido observado directamente mediante microscopía; su identificación se basa en el análisis de su secuencia genética. Los científicos deberán realizar nuevas investigaciones para conocer mejor su funcionamiento, determinar cómo interactúa con su hospedador y establecer si puede reproducirse en condiciones controladas.

El descubrimiento demuestra que los océanos todavía albergan una diversidad microbiana poco conocida y que estudiar estos organismos puede ayudar a responder una de las preguntas más antiguas de la ciencia: cuáles son los requisitos indispensables para que exista vida celular.