
Yo soy el que te busca. El que solo, en las noches, en la mitad del sueño, descubre tu grandeza. El que abre sentimientos y siembra sus temores; el que lucha y no quiere que el alma se oscurezca. Yo soy el que te llama con voces milenarias, el que te envía cartas, señales de tambores, notas dulces de flauta, acordes de guitarra; yo soy el que te invoca, con versos y canciones. Yo soy piedra sencilla, guijarro sin destino, silencio acumulado en el pecho dormido; yo soy ave silvestre sedienta de cariño. Tú eres mi horizonte, corazón palpitante; agua, sol y semilla: parcela en que madura mi sangre que es tu sangre, con tu aliento de Padre…
Bernardo Elenes Habas
Alfarero de fe, Hacedor de milagros,
moldea con tus manos, con tu aliento divino,
al Hombre que vendrá, el nuevo, el visionario,
el que siembre humildad con su canción de niño.
Dispón el vientre noble de las madres del mundo,
para que sus arrullos alumbren los senderos;
que el parto de la vida quite cercas y muros,
y la bondad renazca en la tierra, en el cielo…
Señor del Universo, Padre infinito y bueno,
hace falta que llegue tu barro vuelto Hombre,
el que traiga en su voz tu Verdad, tu Misterio…
Hace falta que llegue el sol del nuevo día,
renombrando las cosas, bautizando los seres
con las lluvias de agosto, transparentes, sencillas…
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